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24 de mayo de 1964, Estadio Nacional de Lima.


Video: Arkivperu

Sucedió el 24 de mayo de 1964 mientras los seleccionados de Perú y Argentina pugnaban por un lugar a las Olimpiadas de Tokio. Murieron más de 300 personas asfixiadas y pisoteadas.

En aquel año 1964 el presidente de la Federación Peruana de Fútbol Dr. Teófilo Salinas Fuller, nombró al brasilero Marinho de Olivera como director técnico de la selección juvenil y del equipo que lucharía la clasificación a los juegos olímpicos de Tokio. El equipo que se conforma para el preolímpico era fundamentalmente amateur provenientes de equipos de Lima y provincias (se entiende como “amateur” como jugadores que no contaban con un contrato profesional). Cuatro jugadores de esa nómina eran rentados en sus equipos: “Kilo” Lobatón, Luis Zavala y Oscar Ríos que provenían de Universitario y Enrique Casaretto del Atlético Grau de Piura. Héctor Chumpitaz jugaba en ese entonces en la segunda división defendiendo las sedas de la Unidad Vecinal Nro 3. Ramón Mifflin jugaba en la reserva del Centro Iqueño.

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El torneo preolímpico se jugaba en Lima con la participación de las selecciones de Sudamérica. Perú venció a Colombia, Bolivia, Uruguay y empató con Ecuador, restándole jugar con Argentina y Brasil. De acuerdo a los resultados logrados por el elenco peruano la clasificación no era una utopía y por ello el partido con los argentinos resultaba fundamental pues se sabía la tarea casi imposible de vencer a los cariocas.

El 24 de mayo de 1964, día del partido contra Argentina, se corría también la competencia automovilística “Las Seis Horas Peruanas” en el Campo de Marte ubicado a menos de un kilómetro del Estadio Nacional. La carrera finalizó a las 3 de la tarde por lo que muchos aficionados que asistieron a la carrera se animaron a darse un salto al coloso de José Díaz.

La asistencia oficial del partido arrojó la cifra de 47,197 aficionados y una taquilla de un millón 22, 273 soles. Habría que aclarar las fuentes que hablan de más de 60 mil espectadores.

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Perú formó con Barrantes, Angel Guerrero, Javier Castillo, Héctor Chumpitaz, Armando Lara, Sánchez, Enrique Rodriguez, Luis Zavala, Enrique Casaretto, Inocencio La Rosa y Victor “Kilo” Lobatón.

La selección peruana saltó al campo para jugar contra Argentina a las 3:30 p.m. Nadie podría predecir que el sueño peruano de la clasificación a las Olimpiadas de Tokio 64 mutaría en una pesadilla y los vítores del público serían alaridos ahogados. La desgracia, la mayor en la historia del fútbol, acechaba dentro y fuera del recinto.

Argentina consiguió la primera conquista, a través de Néstor Manfredi. Aún así, Perú insistió en buscar el arco gaucho. Es que Perú siguió pujando con el nerviosismo que se expandía en las tribunas ante la derrota y el incesante reloj, que marcaba diez minutos para el final.

Dentro de esa tensión llega el momento esperado por todos en el estadio cuando Lobatón empató para Perú. Pero la celebración no duró mucho y el árbitro uruguayo Ángel Eduardo Pazos anuló el tanto. La alegría dió paso a la ira y se inició entonces lo que será una danza macabra.

 

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Arriba: La revista argentina “El Gráfico” con el número correspondiente a la tragedia.

La hinchada se desbordó cuando Germán Cuenca Arroyo, un aficionado que logró ingresar a la cancha, fue golpeado por la Policía Nacional, encargada de la seguridad durante el encuentro.

Mientras los jugadores eran llevados a los camerinos, la gente se lanzó hacia el gramado, y algunos iniciaron fogatas. La policía respondió con bombas lacrimógenas. El pánico se apoderó de una hinchada que buscó las puertas del Estadio, puertas que encontraron cerradas. La estampida y el posterior enfrentamiento entre policías y la población dejó más de 300 muertos, entre ellos niños.

La mayoría de las víctimas falleció por asfixia, otros por traumatismo según los informes oficiales. Robos, saqueos y quema de vehículos fueron el escenario aquella noche. Varias horas después, la policía retomó el control de la convulsionada ciudad, que despertó para identificar a sus muertos. Versiones periodísticas sostienen que muchas más personas murieron en las calles, pero los cuerpos fueron desaparecidos.

Ante la magnitud de la tragedia, se decidió reducir la capacidad de espectadores de 53.000 a 42,000. No obstante, para la Copa América 2004, se aumentó la capacidad del Nacional a 47,000 espectadores.

 

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Retirado del libro “Los Prodigiosos Años 60” de Guillermo Thorndike

Domingo 24 de mayo de 1964: la peor tragedia deportiva de la historia…

El árbitro tardó en anular el gol de Kilo Lobatón. Los delanteros de la selección juvenil del Perú habían vuelto a la media cancha y treinta mil personas festejaban la victoria. Entonces desafinó el silbato. No era gol. La gente enfureció. ¿Querían regalarle el partido a la selección argentina? Lo que había sido fiesta en una soleada tarde de domingo, empezó a transformarse en pesadilla. Cuando el “Negro Bomba” bajó a la tribuna Sur para trepar la malla y saltar a la cancha, la gente aplaudió su atrevimiento. Nadie imaginaba que en cuestión de minutos, en el Estadio Nacional, habría muerto uno en cada cien espectadores.

Al comandante Azambuja no lo asustaba la bronca. A los dieciséis años vestía uniforme de cadete. Había nacido policía, autoridad. Cumplía la suprema función de despejar calles, sofocar motines, registrar guaridas de mal vivir, meter presos a los indeseables. Conocía a todos los ladrones y asesinos de la ciudad cuyo sueño venía protegiendo desde hacía veintidós años. A su vez, el hampa sabía quien era Azambuja, servidor público. Pertenecía a los duros de la Guardia Civil. No era el único uniformado en la familia. Su hermano ya era coronel de la Policía de Investigaciones. Otros Azambujas trepaban desde los rangos inferiores. Con rápido ojo de experto reconoció al “Negro Bomba”. En verdad se llamaba Germán Cuenca Arroyo. Vecino de La Victoria, nacido en los Barrios Altos. Un poco albañil, guardián. Un poco cobrador de cuentas. Pleitista, indisciplinado, el alias de “Negro Bomba” le encajaba perfectamente. Podía adivinar su olor a chivo, su aliento a guarapo, sus ojos turbios. Bastó una mirada de Azambuja para que toda una hilera de guardias saliese en estampida a capturarlo.

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Hasta entonces el árbitro había gobernado el Estadio Nacional. Ahora mandaba Azambuja. Mientras las tribunas aplaudían, el “Negro Bomba” persiguió al hombrecito que había anulado el gol. La Guardia Civil se desparramó por la cancha, blandiendo sus largos garrotes de caucho. El “Negro Bomba” alcanzó a pronunciar una rápida mentada de madre y dio unos manotazos al árbitro en fuga. Tres, cinco, ocho guardias le cayeron encima. Como todavía forcejeara, le empezaron a pegar con los garrotes. En el suelo, el “Negro Bomba” soportó la pateadura hasta desmayarse. 

Todo sucedía como siguiendo un destino imparable. Uno de cada cien, los que estaban por morir y los demás, quienes quedarían locos o clamarían al cielo por tantísimo horror, los que se salvarían sin saber por qué, las que jamás podrían olvidar esa soleada tarde de mayo, todos gritaban enfurecidos, sacudían la gruesa malla de alambre, aflojándola, como si la fuerza de todos pudiese desclavar los postes de acero. Azambuja se preocupó. En el Perú no se perdonaba patear al caído. Observó a los guardias que medio cargaban, medio arrastraban el cuerpo desmadejado del “Negro Bomba”, mientras furiosos espectadores trepaban por la malla y, atrás, arriba, en derredor suyo, más y más gente bajaba para gritar a los policías que eran unos cobardes, suelten a Bomba, casi habían matado al pobre negro, carajo. Azambuja que afirmaba nunca haber tenido miedo en su vida, se asustó.

En realidad, la malla de alambre era una frontera más simbólica que efectiva. Si el populacho desbordaba una de las tribunas, sería imposible contenerlo. Con la diestra, Azambuja pidió que se acercaran refuerzos. Tenía menos de cien guardias a sus órdenes esa tarde. Cuarenta habían llegado del temido Batallón de asalto, con sus morrales repletos de granadas con gases lacrimógenos y perros bravos.

Visto desde las tribunas, el estadio se empinaba como un desfiladero sobre una cancha oscurecida. Al acabar los partidos, centenares de palomillas solían meterse a la cancha y una mano invisible activaba entonces los surtidores que regaban el maltrecho césped inglés. Por lo común el diluvio era suficiente para que todos, zampones, jugadores, policías y periodistas escaparan en estampida. Esta vez se acercaban policías a la malla de alambre, amenazando dejar sueltos a sus perros carniceros, que la gente odiaba. Ya nadie se acordaba del gol, ni del árbitro que escapaba por el más quieto sector de la tribuna de occidente. De pronto parecía que nadie separaba a los uniformados de la Popular. Se hubiese dicho que policías y público se incitaban a seguir, a no detenerse. Tres, cuatro espectadores cayeron dentro de la cancha. La policía cargaba. Llovieron proyectiles desde lo alto de la tribuna Norte. La de Oriente también se venía abajo.

Azambuja no podía saber que, esa tarde, la administración del Estadio Nacional había decidido no abrir las puertas cuando hubiese empezado el segundo tiempo, para evitar que la “segundilla” invadiese las tribunas. En realidad, ese 24 de mayo de 1964 quienes manejaban el espectáculo habían hecho una ganancia extraordinaria, vendiendo entradas sin registrar. De acuerdo a la contabilidad de la taquilla, el ingreso superaba los treinta mil espectadores; sin embargo, el estadio estaba al tope de su capacidad. Otras diez o doce mil personas habían sido admitidas y muchos tuvieron que acomodarse en las escaleras o ver el partido de pie. “Segundilla” se llamaba a los tres o cuatro mil muchachos de los barrios cercanos que no podían pagarse un boleto y esperaban que las puertas se abrieran para colarse a presenciar los últimos minutos del partido de fondo. Ni Azambuja, ni el público, ni las autoridades, ni nadie podía imaginar que habían quedado todos encerrados en ese coliseo de cemento.

Mas tarde sólo se podrían recoger testimonios aislados. Nadie consiguió presenciar la totalidad de la tragedia. A partir del primer estallido y la primera nube de gases, cada quien vivió su propia historia. Los hijos quedaron separados de sus padres, hermanos y amigos no volvieron a verse. Se consumaron milagros y también la tragedia deportiva más grande de la historia.

arkivperu“Meteles gas, pues, cojudo”, dicen que abrevió la catástrofe el comandante Azambuja, y que el sargento de la Guardia de Asalto asintió. “Van a ver lo que es autoridad, autoridad es la que manda”, y lanzó una lata siseante justo por encima de la malla, de modo que deflagró allí donde empezaba la empinada gradería de la popular, abriéndose en tres porciones, cada una de las cuales despedía una espesa humareda. Soplaba un viento sur que formaba como un remolino en el estadio para ascender después hacia tribunas atestadas de espectadores de todas las edades. Lima conocía bien la insufrible acritud de blancas y ponzoñosas nubes que se espesaban casi a ras del suelo antes de ralear y propagarse. Habían enseñado a la policía a gasear a la población cada vez que alguien protestaba por cualquier cosa. El centro de la ciudad olía cotidianamente a esas emanaciones vómicas. Los gases quemaban mucosas, miradas, rajaban bocas, agrietaban pulmones. En acumulación provocaban rápidamente la asfixia. Se escuchó un aullido cuando la Guardia Civil inició su bombardeo. No era un espacio abierto ni existían calles por las cuales huir. Imposible encontrar agua para mojar ojos ciegos. La muchedumbre sólo quería escapar. Saltaba por encima de los asientos, forcejeaba consigo misma en la tribuna de Oriente, embestía por estrechos túneles de la popular.

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De cinco a diez minutos demoraba el estadio en vaciarse de público. Ahora mientras se condensaba un banco de gases en las tribunas, todos quisieron salir al mismo tiempo. Pero las rutas de escape se iban estrechando conforme bajaban hacia los túneles de salida y sucesivos embudos comprimían a la multitud enloquecida. Nadie alcanzó la calle. Los primeros que llegaron se estrellaron contra las puertas de acero clausuradas. Sólo podían abrirse con llave y desde adentro. Un terror animal se apoderó de la muchedumbre que se encerraba a si misma. Más desesperados seguían empujando sin saber que el otro extremo estaba sellado y que la presión de infinitos cuerpos amorataba respiraciones y trituraba a los más débiles en esa prisión final, como un largo y maloliente nicho en el que ya nada podía verse, ni siquiera la luz de las seis en una tarde súbitamente gris.

Los altavoces del estadio permanecían mudos. Nadie tuvo la iniciativa de anunciar el peligro de los túneles. Nadie recordaba que las puertas estaban cerradas. A nadie se le ocurrió pedir que no siguiese tirando gases a tribunas ya cubiertas por una neblina irrespirable. La visión de un hombre de pobre vestimenta que cargaba a un niño muerto en sus brazos, enfrió de golpe el furor de los policías. El hombre salía de la tribuna Popular y a sus pupilas ciegas nada les importaba como no fuese despertar a la criatura. Cuando dejó atrás a la neblina de los gases, depositó el cuerpo sobre el césped y levantó el rostro buscando a Dios. Sólo entonces el viento diluyó el vaho retenido en la tribuna y pudo verse a otros, tendidos en posición de cadáver, sobre las gradas de cemento de la popular. La mitad del estadio estaba cubierta por zapatos sin dueño. Amigos y parientes hablaban a los muertos, los sacudían o acariciaban, querían ponerlos de pie, forzarlos a seguir viviendo. El hombre de rostro ciego cargó nuevamente a su hijo. Buscaba un camino. Nadie tenía adonde ir.

Sólo entonces informaron al comandante Azambuja que las puertas del estadio estaban cerradas.

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Desde afuera, espantados palomillas y vendedores ambulantes veían inflarse las puertas de acero que daban a la tribuna de oriente. Ya nadie las golpeaba dando de gritos. Crujían y se abombaban latosamente, tomando la forma de los muertos que empujaban. En el principal de los túneles, donde la muchedumbre más numerosa seguía atrapada, tres infelices reventaron como odres aplastados contra una pared lateral, imprimiendo en ella la sangrienta forma de los cuerpos que habían sido. No quedaba sitio para inflar los pulmones y en su desesperación la gente se malhería con los codos, retrepándose una sobre otra mientras crecía la presión insoportable y se agotaban las últimas partículas de aire pantanoso.

¿Dónde había quedado la mano del hijo, en qué parte el niño de sandalias y camisa azul?

Con un atroz chasquido la primera de las puertas de Oriente se abrió en pedazos. Primero pareció rajarse la gruesa cortina de metal. Con un aullido la muchedumbre embistió después, abriéndola hacia fuera, doblando sus filos, retorciéndola hasta sacarla de su camino. Diez, veinte muertos cayeron simplemente sobre la vereda. Algunos habían perdido los ojos y a varios más les habían estallado sangrientamente oídos y narices mientras otros, en fin, extraviaron sus facciones, aplanado el pómulo, hundido el cráneo, borrada toda expresión de sus rostros, muertos absolutos, inhumanos, rectangulares, chatos. Por sobre ellos siguió la estampida jadeante de quienes no habían podido morir. Salían golpeados, con ojos locos, alejándose del estadio entre convulsiones, o querían volver al infierno en busca del hijo perdido, del padre ausente, de los amigos a quienes no volverían a encontrar. También ahí podía verse un rastro de zapatos sin dueño.

Otra puerta acabó por romperse y otra más. Estallaban hacia afuera y otra porción de multitud emergía destaponada, sólo para encontrar a otros sobrevivientes y volver al comienzo de la tragedia, un gol anulado, una bronca en las tribunas.
¿Dónde está la policía?

En la Tribuna Norte, un guardia civil de franco había asistido al partido. Vestía uniforme pero estaba desarmado. Cuando los guardias de asalto gasearon la Popular, el policía sin nombre ayudó a quienes pudo. Los hizo subir, alejarse de la niebla que asfixiaba. Ahí quedó, en la hilera más alta de asientos del estadio, hundido en la contemplación de los cadáveres desparramados por las tribunas, hasta que enfurecidos sobrevivientes descubrieron el color de sus ropas. No lo dejaron escapar. Después de golpearlo, lo arrojaron por encima del parapeto final del coliseo. Cayó a plomo treinta metros antes de reventar en la explanada de cemento.

Las ediciones de los diarios de Lima estaban casi cerradas antes de las cinco de la tarde de sol, con pocas noticias y ganas de acabar temprano, de ir a casa o al barrio, de enamorarse, simplemente de no estar ahí, entre máquinas de escribir y teletipos que seguían picotando fajas de papel, como si algo memorable aún pudiese ocurrir en el mundo. Domingo global, único, forzoso. Sólo deportes, anticipaciones, de vez en cuando un gran difunto. Una accidentada competencia de autos deportivos en el Campo de Marte había ayudado a completar las primeras planas. Un diario tenía la foto exacta de la mano izquierda separándose del piloto que había estrellado su Austin Healey contra un poste de luz. Todos habían fotografiado su expresión de estupor al observar su brazo rebanado mientras lo subían a una ambulancia. Nadie podía imaginar entonces que el joven deportista se volaría la tapa de los sesos antes de tres años. Hasta las cinco, las cinco y media de la tarde, su rostro personificaba la noticia del día.

Sólo faltaba la crónica del fútbol. Pasadas las cinco y media empezaron a impacientarse los editores. Estaciones de radio y periódicos ocupaban una hilera de casetas en lo alto de la tribuna de Occidente, con las que existía comunicación telefónica directa. Pero en el estadio nadie contestaba. Nadie tampoco había llamado a las salas de redacción para avanzar un resumen del partido. En las radios que transmitían el fútbol, excitados locutores se referían a una bronca y luego a desórdenes. Un gol anulado y un partido suspendido. Un espectador había entrado a la cancha para pegarle al árbitro. A ratos no se podía descifrar los relatos radiales. Los mismos locutores intercambiaban información. Ninguno adivinaba la dimensión de la tragedia.

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“Parece que hay dos muertos y más de veinte heridos” llegaron los primeros datos a las salas de redacción.

¿Dos muertos? ¿En el estadio? ¿No era uno de los sitios más seguros de la ciudad, una enorme construcción capaz de soportar terremotos, bien custodiado por la policía, situada además, en pleno corazón de Lima?

“Los muertos ya pasan de diez”

“Posiblemente hay cincuenta muertos”

¿Qué ocurrió? Nadie contestaba en el estadio.

El periodista viajaba hacia Lima en un colectivo por la avenida Arequipa. Más allá de la embajada de Estados Unidos vio un gentío que se reunía y dispersaba. Escuchó detonaciones. Bajó en la primera esquina. A cien metros de distancia percibió intacta la pestilencia de los gases. Apuró el paso. Allí donde el estadio se acercaba a una pequeña iglesia, formándose una suerte de desfiladero urbano, pudo ver a un teniente y un guardia acosados por una muchedumbre asesina. Apenas si acertó a moverse cuando los policías tiraron del gatillo. El periodista supo que mataban y que iban a morir. Las balas no duran eternamente. Cuando sólo quedaron casquillos, la gente se les echó encima. El periodista pudo ver como estrangulaban al teniente con su propia corbata. En ese momento comprendió que era un recién llegado a una tragedia a la que tendría que subirse sin haberla vivido totalmente. Ni siquiera se le ocurrió preguntar que había sucedido. Siguió al gentío hasta la explanada sur del estadio, donde ardían varias “Land Rover” policiales con perros en su interior. Se encontró con otros periodistas. Sus rostros demacrados seguían atestiguando espanto. Ahí vieron llegar al pelotón de la policía montada y a los guardias de asalto, con las armas listas para hacer fuego. Peor que la guerra. Todos querían matar. Se evaporaba la luz cuando el periodista corrió hacia un parque vecino. Otros escapaban delante o cerca suyo. Más tarde se sorprendería del silencio en el que se movían sus recuerdos.

No escuchaba detonaciones, sólo el paso siseante de las balas. Apenas un soplido que se le arrimaba. Se sintió volar, agazapado, como si aún de espaldas pudiese adivinar el curso de los proyectiles. Como si no necesitara tocar el suelo para seguir corriendo. Delante suyo, un hombre dio una voltereta y quedó desparramado. Muerto. Luego, otro. Y otro más. Corrían, les pegaban, giraban sobre sus cabezas, caían grotescamente quietos. Salió del parque de barriga, a tiempo de verificar que saqueaban la “Good Year” y que otra multitud furiosa seguía por el Paseo de la República, seguramente a destruir y quemar el nuevo barrio comercial de San Isidro, donde se levantaba Sears & Roebuck.

Otro periodista que llegaba del sur informó que tropas de la Fuerza Aérea habían cortado el Paseo de la República. Esperaban con una hilera de ametralladoras con trípode. Por un rato aguardaron la crepitación de otra matanza. Hasta las voces del gentío se apagaron en la distancia. Daba más miedo el silencio. El pequeño grupo de reporteros emprendió el regreso, dando un rodeo para evitar más balazos. En cada esquina se detenían, escudriñando peligros. Intercambiaban datos como si hubiesen presenciado tragedias distintas. Al llegar a la avenida Arequipa comprobaron que la Guardia Civil acababa de desaparecer en toda la ciudad. Patrullas militares la reemplazaban. En el estadio, camiones militares recogían a las víctimas para llevarlas al cercano Hospital Obrero. La terrible cólera pública se había disuelto ante la enormidad de la tragedia. Una voz lúgubre repetía a rachas un comunicado oficial. Estaban suspendidas las garantías constitucionales y establecido el estado de emergencia. Se hablaba de doscientos muertos, automóviles volcados y quemados, saqueo de tiendas. Otra multitud salía a las calles en busca de parientes que no habían vuelto a casa después de una tarde en el estadio.

La ciudad parecía más oscura que de costumbre en esa tarde de mayo. Puertas y ventanas se habían cerrado, unos cuantos vehículos circulaban por las calles, la población desconfiaba.

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Trescientos muertos.

Sólo en la avenida Grau se obstinaba una llorosa muchedumbre. Eran los buscadores, hombres y mujeres que adivinaban la tragedia, que recogían zapatos, que esperaban en la Asistencia Pública Central o en el vecino Hospital Obrero. Entraban por grupos, al principio deslumbrados por los faros de los vehículos militares, para llegar después a una zona de penumbra en la que empezaban a adivinarse hileras de cuerpos derribados, puestos en exhibición hasta que alguien los identificase. Ahí estaba el niño con sandalias y no se sabe por qué, su padre a su costado. Pero los muertos no tenían hijos, padres, edad o estatura. Lo mismo les daba que se recordase o se olvidase los nombres y apellidos que les habían atribuido hasta esa tarde de fútbol. Habían llegado en confusión hasta las salas de emergencia, donde médicos desencajados separaban a los vivos de los muertos.

Luego los colocaron en el gran patio de cemento, alumbrándolos con los faros de los camiones del Ejército. Aquí, allá estallaba el dolor de una familia. Lo agudo del llanto parecía contagiarse mientras se pronunciaban nombres, llamándolos de vuelta, hasta que la tropa verificaba la identificación y escribía las señas en un esparadrapo ancho que se pegaba en la frente del desdichado. Los muertos que recuperaban el nombre eran puestos en hileras, como pescados grandes, en los camiones militares que toda esa noche repartieron cadáveres a domicilio.

 

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Hemos venido recordando, en pasadas ediciones, distintos sucesos acontecidos en nuestro país y el mundo, muchos de ellos de carácter simpático, entrañables y nostálgicos, pero otros también de carácter complejo o difícil. Los sucesos del 24 de mayo de 1964 forman parte de los últimos de los nombrados, circunstancias que, como tantos, quisiéramos nunca más vuelvan a ocurrir.

UNO

Era un 24 de mayo de 1964, un día domingo. Había fútbol internacional en el Coloso de José Díaz (por aquél tiempo, nuestro primer coliseo deportivo tenía capacidad para 64 mil espectadores), eran las selecciones olímpicas del Perú y la Argentina, disputando una plaza para las competencias de balompié de Tokio 1964. La Selección argentina se hacía de la victoria por un marcador de uno contra cero, y lo que hubiera sido el gol del empate para los peruanos, faltando dos minutos para el final, fue anulado por el referí uruguayo Ángel Eduardo Pazos…

DOS

La programación sabatina de la televisión parametrada de los años militares nos presentó, varias mañanas de invierno de 1974, secuencias de “Exclusivas Deportivas” denominadas “Los Mejores Momentos del Fútbol”, con documentales de la alemana “Transtel” básicamente dedicados a repasar la historia de los mundiales, de 1930 a 1966. El sábado en que debió transmitirse el capítulo del mundial de 1970 (que no había), “Exclusivas…” presentó un documental de la “Transtel” sobre momentos estelares del fútbol, que culminaba en Lima, Perú, con un desgraciado suceso que, los productores de la cinta, hacían votos porque nunca más se produjese, y que había acontecido diez años antes, o sea, en mayo de 1964.

transtelMientras se veían imágenes de nuestro Estadio Nacional, se observaban aficionados lanzándose de las tribunas al gramado en locas protestas, destruyendo uno de los arcos de fútbol (varios hinchas colgados del larguero se traían abajo la estructura blanca), e imágenes de humos blancos en las graderías del Nacional, parcialmente vacías por gente que huía de los efectos de químicos rompemanifestaciones arrojados por lo que en ese tiempo se conocía como la “Guardia de Asalto”.

Conforme el relato en castellano de “Transtel”, el balance final (mientras se veían imágenes de muertos y heridos en la “Asistencia Pública” de la Avenida Grau, junto al Hospital Obrero), fue de más de trescientos muertos y miles de heridos.
Más tarde, a la hora del almuerzo de ese sábado de 1974, cada uno de mis hermanos, ya en sus lugares en la mesa, preguntamos a mi papá que había pasado aquél día. Entonces el viejo nos contó…

TRES

Había nacido el que esto escribe un 23 de mayo de 1964, sábado en la noche para ser más exactos. La situación del alumbramiento (en horas de no visita en el Hospital del Empleado) permitió a mi padre ausentarse de su trabajo como controlador de impuestos en el Estadio Nacional ese domingo 24 de mayo, “a fin de poder conocer a mi hijo”.En la tarde de invierno limeña, mientras recibían mis padres la visita de parientes y amigos por el alumbramiento en el cuarto asignado a mi señora madre en el nosocomio (quienes venían a conocerme), ésta fue interrumpida por ruidos de vehículos de distintos tipos en locas carreras hacia la Emergencia del Hospital, suceso que se reiteraría en todos los otros nosocomios de nuestra ciudad. En la radio se hacían llamados para que la ciudadanía done sangre, en otros boletines se pedía la presencia de médicos y enfermeras en los tópicos. Otros viandantes, que llegaban a pie a la zona del Hospital del Empleado, decían que habían disturbios en las afueras del Nacional, donde había ocurrido una tragedia. La Emergencia del señalado nosocomio había perdido, con los minutos, su condición de tal, para transformarse en un gran depósito de cadáveres de gente aplastada y asfixiada, hombres los más, entre adultos y criaturas.

CUATRO

Conforme el referí uruguayo, el gol del nacional Víctor “Kilo” Lobatón había sido nulo, decisión no aceptada por la afición. Un barrista, Germán Cuenca Arroyo, mejor conocido por su apelativo de “Negro Bomba”, se lanzó al gramado del estadio en protesta por la invalidación, siendo reprimido con dureza por la fuerza pública. Su detención catalizó las protestas de los asistentes, al punto que ya no fue posible seguir con el partido (que se encontraba muy próximo a su finalización). El arbitro Ángel Eduardo Payos dio entonces por culminado el encuentro, que lo exasperó aún más los ánimos de los concurrentes. Entonces las bombas lacrimógenas intentaron calmar la ira de los más de sesentaicuatro mil que protestaban de tal “descarado robo” (que daba la clasificación a los argentinos), gases arrojados por apenas cien policías que se encargaron de la seguridad del encuentro.

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CINCO

Los más ágiles -destinados a ser los primeros en morir aquella luctuosa jornada- llegaron de los primeros a las puertas del Estadio, escapando de los efectos de los gases antimotínes, a unas puertas que se encontraban cerradas con gruesos candados (para evitar el ingreso de la famosa “segundilla”). Tras ellos la gente se comenzó a arremolinar y a aplastarse irremediablemente, ante una puerta, dos, veinte, de acero recio, que aún no se encontraban abiertas “para evitar la segundía, pé’ “ .Entonces lo que debió ser, en el peor de los casos, una lamentable derrota más de una selección peruana más, terminó inscribiéndose en la historia como un suceso maldito, desgraciado, donde 328 nunca más regresaron a sus casas.Quizá los lectores de ARKIV deseen comentar o compartir sus vivencias sobre este aciago día, que esperemos, nunca más vuleva a reiterarse, aquí o donde sea.

Fotos: “Los Prodigiosos Años 60” de Guillermo Thorndike (Editorial Libre, Lima, 1992), La Prensa, Caretas.. 

 

 

 

 

149 Comments

  1. K.·.

    Hace unos años lei un libro que novelizaba dicha tragedia, afirmando que hubo una despropocionada represión por parte de la policía, “desapareciendo” muchas personas que murieron por causa de las balas policiales, considerando muchos que las guerrillas del 60 se vieron motivadas (en parte) por esta tragedia.
    Espero poder recordar el titulo y autor del libro para compartirlocon ustedes.
    K.·.

    • jorge

      Yo, estaba fuera del estadio tenia 15 años que los había cumplido el 15 de mayo, naci en el año 1949, he visto las puertas abiertas porque gritaban para ingresar por la segundilla, después las cerrarón , nos retiramos con mi primo Luis al Callao, es la verdad.

  2. K.·.

    Lo recordé, la novela se llama “La ópera de los fantasmas”, de Jorge Salazar.
    Muy recomendable.
    Saludos
    K.·.

  3. Ricardo Canturin

    Yo estuve presente ese dia trágico. Tenia 9 años y fui solo al Estadio ya que vivia muy cerca. Entré a la tribuna Norte con una persona que no conocía, como si fuera su hijo, así no pagaba entrada. Me senté cerca de una de las bocas de salida y al costado de una persona con vestimenta de policia pero que no estaba en servicio. Luego del gol de Kilo y la entrada de la turba a la cancha, solo atiné a preguntarle al policia si el partido iba a continuar, a lo que él me respondió no y que me fuera inmediatamente. Gracias a Dios le hice caso, y bajé corriendo por las escaleras. Todavía la puerta estaba abierta y recuerdo que escuchaba los gritos de bomba (refiriendose a los gases lacrimogenos), pasé el vano de la puerta y al frente mio habia un alambrado que separaba la pista de la línea por donde pasaba el tranvía. En ese momento ya habian cerrado la puerta y mucha gente corria. Solo atiné a saltar el alambrado y seguir corriendo hasta cruzar lo que ahora es la vía expresa (“zanjón”) y llegar a La Victoria por José Galvez y Unanue, doblar a la derecha por Canta hasta la calle Sucre que era donde yo vivía. En todo este recorrido escuchaba las balas y el miedo era tremendo (imagínense tenía 9 años).
    Vivia en la cuadra 1 de Sucre, al llegar no habia nadie en mi casa, ya que como era domingo mis padres y hermanos habian salido, y tuve que esconderme, porque la gente ya se habia desbandado y la policia los enfrentaba a tiros. Fue la vecina que me vió y me dio proteccion en su casa hasta que llegaron mis padres que en el camino se habian enterado de lo que sucedía y totalmente deseperados. Al verme me abrazaron muy fuerte.

    Recuerdo que los disturbios continuaron hasta el lunes, en que la policia tomó el control.

    Saludos

    • Efraín Rúa

      Una pregunta Ricardo. Tu viste que cerraron las puertas a tu salida. Es un dato muy importante.
      Gracias por la respuesta y disculpa la demora en la pregunta, pues recién veo esta interesante página

      Efraín Rúa

    • jorge

      Soy Jorge Alejandro Saavedra García, el ir al estadio era un regalo de mi primo Luis por mi cumpleaños el 15 de mayo de 1964, jamás me inclino por la mentira, no ingresamos por segundilla porque mi primo es correcto y de buena conducta, las personas decían, uno, dos, tres adentro e ingresaban al estadio nacional. Yo he visto las puertas abiertas los diarios dijeron que estaban cerradas en conclusión las cerraron, y ese oficial de Azambuja dicen que dio la orden entonces debierón meterlo preso. Después caminamos y tomamos el tranvía en la plaza San Martin que nos llevo a mi querido Chin pum Callao. es la verdad

  4. Daniel García Silva

    Apreciados arkiveros, estoy en mi casa, en medio de un ameno y rociado almuerzo familiar, por lo que he tenido que escabullirme, por un momento, de los platos criollos y los obligados brindis, para dar una primera y rápida ojeada, a la interesante crónica, de nuestro común amigo Gregorio, sobre la tragedia del 24 de mayo, en el Estadio Nacional.

    Dos primeras observaciones, el nombre del árbitro uruguayo, en aquel partido fue Ángel Eduardo Pazos y no Payos (me imagino, que fue un error en la digitación).

    Así mismo, me parece que, por ese entonces, el aforo del Estadio, era de 55,000 espectadores y no de 64,000.

    Llego a esta conclusión, porque a raíz de este suceso, se elimino la zona denominada “la perrera”, zona que era un anillo de asientos, conformados por tablones, a manera de cazuela de circo, ubicados en la parte baja de las tribunas, detrás del alambrado, incluyendo las populares. En la parte central de la primera foto, se puede observarla.

    Ahora, si sumamos la capacidad actual del Estadio, que es de 45,000 espectadores, con los 10,000, como máximo, que cabrían en la perrera, tenemos, como resultado, la capacidad anterior.

    Bueno, tengo que seguir atendiendo a la familia, que reclama mi presencia.

    Mañana, continuaremos con los comentarios.

    Salud, con ustedes.

    • baltazar guerrero flores

      nunca lo olvidare mi oadre murio en esta trajedia que pudo evitarse pero la decision equivoca de un referi trajo como consecuebcia la trajedia por eso a los arbitros recomendar ser cautos y estudiosos para poder decidir cada vez que dirijan un partido yo tambien fui un arbitro y nunca tuve que esperimentar decisiones que lamentar

  5. Carlos

    Una insignificante corrección a la excelente crónica presentada y es que el apellido del juez uruguayo era Pazos y no Payos. Como consecuencia de la tragedia desatada tras su decisión, Pazos se retiró del arbitraje pues quedó muy afectado y con un gran sentimiento de culpa. Años después, varios medios peruanos lo buscaron en Uruguay para hacerles notas sobre la tragedia contando que los árbitros fueron retirados del terrenos apenas se iniciaron los hechos quedándose encerrados en el camerino durante varias horas sin saber la magnitud de la tragedia que ocurría en las graderías. Horas después lo embarcaron en un avión de regreso con la delegación argentina. Recién al llegar a Buenos Aires se enteró de las más de 300 muertes.

    • Marco Antonio Ribeiro

      Bueno, yo pienso que el arbitro no tiene la culpa, por mal que fuera su decision. Realmente, no se si su decision de anular el gol peruano tenia razon, pero de todas maneras la culpa de este desastre lo tiene solamente el comandanta Azambuja de la Guardia, por su decision de lanzar gases dentro del estadio. Yo pienso tambien que un juez uruguayo no debe de encontrarse en un juego cuando uno de los equipos que juega es argentina. Hay demasiados lazos entre Uruguay y Argentina, historicamente Uruguay le pertenecia a Argentina, y un juez de Uruguay no puede ser imparcial en un juego donde figura Argentina.

  6. El nombre del árbitro ha sido corregido, esperamos confirmar lo de la asistencia. Salud.

  7. Roberto Dinamita

    De la foto del equipo peruano saco a algunos:

    Los en cuclillas:

    Ronco Rodríguez , Luis Zavala, Cassaretto, Inocencio La rosa ( hermano mayor de Guillermo, Felipe y……….) y Kilo Lobatón.

    Parados:

    Javier Castillo, NN, Chumpitaz, Barrantes (arquero), NN, Armando Lara ( ¿?)

  8. Roberto Dinamita

    ahhh…al lado del Ronco Rodríguez, el masajiste eterno: don Jose Salardi (también sempiterno árbitro de las veladas boxísticas )

  9. rrv

    segun mi padre que era fiel al futbol en esa epoca y que estuvo aquel dia, tuvo la suerte de no alcanzar entrada para la tribuna de Oriente (como acostumbraba) por ello no le quedo otra que ir a Sur (por el lado de Oriente), cuya puerta, al momento de salir del estadio por efecto del gas lacrimogeno, si estuvo abierta, caso contrario de norte y oriente. En el Parque contiguo al Estadio, tuvo que esconderse entre los arboles, al igual que mucha gente porque hubo balacera por parte de las fuerzas del “orden”. Tambien vio luego en los alrededores escenas de vandalismo como voltear y quemar Volkswagen escarabajos.

    • Wendy Balboa

      Es realmente dantesco lo sucedido aquel día, por ese motivo estoy haciendo un investigación al respecto. En tu comentario señalas que tu padre estuvo presente en dicho encuentro, por ello me gustaría saber si hay forma de contactarse con él para poder escuchar su testimonio. De ser posible, me gustaría saberlo. Gracias de antemano.

  10. Gregorio Huaroto

    Acabo de volver a Lima, un abrazo para todos ustedes arkiveros, he manejado cerca de doce horas hoy.

    GH

  11. Esta tragedia me hace recordar la ocurrida hace casi 10 años en el Estadio Nacional cuando un joven fue impactado en el rostro por por un artefacto pirotécnico, falleciendo en el acto. Al igual que varios de ustedes yo me encontraba lejos de casa, al sur de Lima, y al llegar y contemplar las impactantes imágenes por televisión me quedó una terrible y rara sensación, viendo como el deporte y la muerte se juntan de una manera tan insólita y trágica.

    • Patrick

      esa tragedia es de lo más absurda que recuerdo, primero porque el niño es alcanzado por una luz de señales, sacad a escondidas de su base naval,lanzada por un Oficial de Mar o Cadete de la Mariana y cuya vida también fue destrozada por esa negligencia o mal entendida “palomillada de hincha”, el niño afectado de nombre Pepito era hincha de la U, hijo de una vendedora de esa tribuna y sufría de síndrome de down, recuerdo una foto del niño con Chemo, la luz de señales, viajó en casi línea recta de oriente a occidente, impactó en la cara al niño y tuvo una agonía espantosa, lo peor es la desesperación de los que quisieron ayuda, uno de ello intentó apagar el pirotécnico con una caja e cartón, otros con una casaca, en ambos casos golpeaban al niño, las imágenes eran impactantes, http://www.youtube.com/watch?v=qAbSoi-IGts
      saludos

  12. Javier

    Mis viejos acababan de casarse y, qué piñas, su primera vivienda fue una casa alquilada al otro lado del zanjón, casi de cara al Estadio, y tuvieron que pasarse medio día con las ventanas cerradas para evitar la penetración de los gases lacrimógenos. Existe una edición de ese mismo año de “Life” que tiene un brillante reportaje gráfico de la tragedia, entre ellos una violenta carga a caballo de la policía.

    Eran otros tiempos, en el estadio había más gente de la permitida en función del “carrusel” que manejaba la mafia de boleteros de toda la vida en el Nacional, no existían estudios de seguridad ni mucho menos un protocolo de acción policial frente a desórdenes. Todo se hizo al champú y por supuesto no condenaron a nadie por imprudencia criminal ni mucho menos.

  13. tomas

    Me parece q’ la tragedia del ’64 y la tragedia de hace 10 an~os del joven impactado por el pirotecnico marca algunas diferencias grandes entre una y otra epoca. En el primer caso tenemos algo de la rabia popular al sentir q’ la argolla de los grandes de ese entonces nos privaba de algo q’ habiamos logrado por meritos propios en la cancha. El otro caso me parece (viendolo a la distancia y por el relato de otros) un ejemplo de la delincuencia cotidiana q’ se ve ahora en los estadios peruanos, al margen del nivel de futbol y de lo q’ se este jugando. Los dos son tragicos, pero creo q’ el segundo es mas alarmante por lo q’ refleja de nuestra sociedad.

  14. Yo creo que ha habido un error con eso de 64000 espectadores, al margen de ello, muy buena (como siempre) la crónica de Gregorio Huaroto.

    ¿Se sancionó a alguien por este crimen? o como simprre, todo quedó en la eterna impunidad?

  15. Gregorio Huaroto

    Apreciados Daniel y amigos todos,

    Tras un reperador sueño, les pongo estas líneas en la confianza que todo haya ido bien para todos ustedes en estas horas.

    Acerca del datos del aplellido del árbitro, varias páginas de la internet consignan el apellido “Payos” (nótese que dos de los enlaces son extranjeros y sólo uno de peruanos):

    http://www.univision.com/content/content.jhtml?cid=424697

    http://www.boletindenewyork.com/punto.quetaljuegas….htm

    http://www.fcmax.com/jolimpicos/juegos.asp?bol=48

    Es plausible que esos enlaces consignen el apellido erróneamente, por lo que nuevamente resulta valioso el aporte de los arkivistas como nuestro buen amigo Daniel.

    Acerca de la capacidad del Estadio Nacional, “la perrera” funcionó hasta los años 70, inclusive, ya sin asiento alguno (se podía ver de pie y eran como pases de cortesía). Esas localidades, para el 24 de mayo de 1964, no albergaban 10 mil espectadores, como anota Daniel. Aún así, la capacidad del estadio era tan grande que se nutría de otros asientos en otras partes de las graderías. El dato de los “64 mil” fue leído en una crónica escrita por Justo Linares para “Exclusivas Deportivas” en los años 70, aunque, naturalmente, está sujeto a revisión o a las precisiones de ustedes.

    Una cuestión final. “RPP”, por segunda vez, usa datos de crónicas o recuerdos por mi compartidos con ustedes a través de “ARKIVPERU.COM/blog”. En esta del estadio han jalado la foto escaneada del libro de Thorndike, dándonos el crédito por ella. Hubiéramos preferido que le den el crédito al malogrado escritor y crédito también a nosotros por nuestro recuerdo. Hubiera sido lo justo.

    La emisora “Radio La Inolvidable” ya dejó de tomar nuestras crónicas (en donde tampoco se nos daba crédito). Jorge, tendremos que pensar seriamente en trascender el mero recuerdo que otros “jalan” sin consentimiento ni pago alguno.

    Un abrazo para todos,

    Gregorio Huaroto.

    • Justo Linares Chumpitaz

      Apreciado Gregorio Huaroto:
      No te conozco pero permíteme tutearte como si fuéramos amigos de siempre. Por simple casualidad he hallado este grato rincón bloguero, por cuyo esfuerzo y sincera actitud de rescatar cuanto haya de verdad en el deporte te felicito. He visto que mencionas un relato mío de 1977 en “Exclusivas Deportivas” de Canal 4 y más abajo fundamento mi aserto acerca de la asistencia al partido de la muerte.

      Bien, te diré que me encuentro en esta madrugada del 7 de mayo 2014 empeñado en recordar el nombre del jugador-capitán (Perfumo) de la Selección Argentina del día de la hecatombe para una crónica solicitada por un hermano. Busqué proteger a Perfumo pues él se encontraba ambulando solo en los corredores de la tribuna de Occidente. Traté de calmarle en medio del pánico que le agobiaba y le hice una audaz propuesta: cambiarle mi camisa por su camiseta. A él le serviría como disfraz y a mí de trofeo. Estábamos en el baño que estaba al costado del local de la Asociación de Fútbol Profesional, casi listos para hacer la insólita transacción, cuando apareció un policía del grupo de efectivos que llegaba de refuerzo. El jugador entonces desistió del trueque y sin mediar palabra alguna se entregó a la protección del policía.

      Yo seguí deambulando por el campo donde había cadáveres y gente rescatada que se libraba al vómito y las convulsiones propias de los gases lanzados por la policía. Fue allí donde encontré al diputado Arcadio Alfaro Cueva, representante aprista por Ancash. Por entonces yo era redactor parlamentario de “Última Hora”. Fue muy valioso el pedido que le hice para ir a cada lugar de la humeante tragedia, sacando conclusiones apriorísticas. Lo más importante fue que a una pregunta mía, Alfaro anunció que inmediatamente pediría la interpelación y el voto de censura al ministro de Gobierno, señor Habich, responsable político de los sucesos del Estadio. Tengo el orgullo profesional de decir que fui el único periodista que firmó las notas de la tragedia en toda la prensa escrita publicada el día 25 de mayo de 1964.

      ¿Y cómo siendo yo redactor político estaba en el Estadio, como espectador del match internacional? La respuesta bien puede dar una cercanía a la cifra de 64 mil espectadores cuyo cálculo no me pertenece. Veamos:

      Ese 24 de mayo de hace 50 años, estaba almorzando a eso de las 2 de la tarde en el comedor de “La Prensa” con el fotógrafo de mi periódico, “Última Hora”, Máximo Mejía. Estábamos terminando nuestros alimentos cuando de pronto saltó a nuestra conversación el tema más palpitante del momento, el partido Perú-Argentina. Convencí al “conde” Mejía y nos fuimos al Estadio, a la aventura. Nos fue fácil ingresar al recinto por la puerta 4 destinada para periodistas y era tal la cantidad de público que era imposible tomar lugar en la tribuna de Occidente, por cuya razón nos fuimos a la “perrera”. Miles nos acompañaban. La tribuna de enfrente lucía igualmente con su “perrera” totalmente abarrotada. Si mal no recuerdo, había “perreras” también en las dos tribunas populares. Recuérdese que los incidentes se originaron en Norte cuando la gente trataba de desplomar la malla olímpica para entrar a la cancha. Fue ante esa eventualidad que la policía, sin medir consecuencias, lanzó las bombas lacrimógenas a la propia tribuna causando la tragedia. Y recuérdese que se pudo evitar la hecatombe si los aficionados que igualmente trataban de destruir la malla de Sur, empezaron a lanzar objetos contra los veintidós jugadores que se dirigían hacia los túneles, rumbo a los camerinos.

      Si oficialmente se dijo que hubo 47 mil 197 espectadores controlados, es decir con entrada pagada que dio un bordereaux de Un Millón 22 mil 273 soles, ¿cuántos más ingresaron con entradas de favor? ¿Qué cantidad se calcula que ingresaron con el “carrousel”? Recuérdese que la gente de Norte lanzó al vacío a cuanto policía y soldado encontró en ese lugar. Y recuérdese que la “Policía de Investigaciones” entraba gratuitamente vestida de civil y exhibiendo solo el carnet de su i9nstitución. ¿Y cuántos como yo y el “conde” Mejía entramos de gorra? Paro de contar porque tengo más de los 64 mil calculados en mi crónica de los años 70 cuyo recuerdo ha sido hecho por tu blog.

      Me avergüenza decirlo pero en honor a la verdad debo recordar que a la inauguración del Estadio el 27 de octubre de 1952, hubo 55 mil personas, según narraciones periodísticas. Al no poder ingresar cometí, junto con miles que nos quedamos afuera, el inexcusable acto de romper las lunas a pedrada limpia. Pido perdón por ese incalificable suceso ocurrido hace 62 años.

      Los cálculos que acogí en 1977 (64 mil) no están muy lejos, pues, ¿no?

      JUSTO LINARES

    • Patrick

      Estimado don Justo Linares, que valioso su testimonio, sobre la tragedia del estadio, esperamos que nos siga brindando elementos de primera mano sobre este hecho, ya que no solo es signada como una de las mayores tragedias del futbol mundial, sino uno de los hechos más resaltante que marcaron al fenecido siglo XX.

      Sobre las perreras de oriente y occidente, estoy casi seguro que se usaron hasta los 80’s, lo recuerdo porque mi hermano menor tuvo el honor de jugar un partido de calichines, él defendiendo al Municipal, contra el Chalaco, antes de un partido de copa Libertadores del Deportivo municipal y recuerdo que me contó que luego del partido, a los jugadores los sentaron en la perrera de occidente, otro recuerdo de la perrera era en las eliminatorias del 81, me puedo equivocar, total la memoria aveces es frágil, pero igual lo expongo. Como lo expreso líneas arriba, en esos días Lima era tan chica, que la tragedia se grabó indeleblemente en las familias de la Lima de esos años, 20 años después, los padres y tíos de muchos amigos míos contaban sus odiseas en la tribuna, como trataron de campear la marea humana y de lidear con los gases lacrimógenos, en mi caso mi viejo me contó que subió a la torre de norte y mi suegro no ha vuelto a pisar un estadio después de la tragedia, supongo que hay infinidad de historias y muchas llenas del dramatismo de propias del reconocimiento de los seres queridos o la incertidumbre de la búsqueda en hospitales, comisarías y la misma morgue, se acerca otro aniversario de la tragedia y sería muy ilustrativo si don Justo nos comparte más recuerdos.
      Un saludo a todos.

    • Gregorio Huaroto Offenhauser

      Apreciado don Justo,

      Qué honor conocer estas líneas suyas. El mismo don Justo de tantas crónicas y reportes en varios diarios y revistas peruanas. El mismo redactor sobreviviente del atentado terrorista al Canal 2. Y el mismo que escribió los textos de ese memorable programa de “Panamericana Deportiva” cuando se recibió a Edson Arantes Do Nascimento, “Pelé”, un día en la década de los 70.

      Gracias por sus líneas y su notable testimonio…por razones profesionales me valgo de los velos del anonimato para colaborar aquí (ni “Gregorio” ni “Huaroto” son mis nombres verdaderos). Tiene un amigo, apreciado don Justo.

      Bogotá, 10 de mayo de 2014
      Gregorio Huaroto

  16. Gregorio puedes enviar el enlace. Gracias

  17. Esa foto está publicada sin créditos (no los tenía) desde hace muchos años en una de las listas de ARKIV, supongo que la “jalaron” de ahí.

  18. Sergio

    Domingo 24 de mayo de 1964: la peor tragedia deportiva de la historia…

    EL GOL QUE COSTÓ 300 MUERTOS

    El árbitro tardó en anular el gol de Kilo Lobatón. Los delanteros de la selección juvenil del Perú habían vuelto a la media cancha y treinta mil personas festejaban la victoria. Entonces desafinó el silbato. No era gol. La gente enfureció. ¿Querían regalarle el partido a la selección argentina? Lo que había sido fiesta en una soleada tarde de domingo, empezó a transformarse en pesadilla. Cuando el “Negro Bomba” bajó a la tribuna Sur para trepar la malla y saltar a la cancha, la gente aplaudió su atrevimiento. Nadie imaginaba que en cuestión de minutos, en el Estadio Nacional, habría muerto uno en cada cien espectadores.

    Al comandante Azambuja no lo asustaba la bronca. A los dieciséis años vestía uniforme de cadete. Había nacido policía, autoridad. Cumplía la suprema función de despejar calles, sofocar motines, registrar guaridas de mal vivir, meter presos a los indeseables. Conocía a todos los ladrones y asesinos de la ciudad cuyo sueño venía protegiendo desde hacía veintidós años. A su vez, el hampa sabía quien era Azambuja, servidor público. Pertenecía a los duros de la Guardia Civil. No era el único uniformado en la familia. Su hermano ya era coronel de la Policía de Investigaciones. Otros Azambujas trepaban desde los rangos inferiores. Con rápido ojo de experto reconoció al “Negro Bomba”. En verdad se llamaba Germán Cuenca Arroyo. Vecino de La Victoria, nacido en los Barrios Altos. Un poco albañil, guardián. Un poco cobrador de cuentas. Pleitista, indisciplinado, el alias de “Negro Bomba” le encajaba perfectamente. Podía adivinar su olor a chivo, su aliento a guarapo, sus ojos turbios. Bastó una mirada de Azambuja para que toda una hilera de guardias saliese en estampida a capturarlo.

    Hasta entonces el árbitro había gobernado el Estadio Nacional. Ahora mandaba Azambuja. Mientras las tribunas aplaudian, el “Negro Bomba” persiguió al hombrecito que había anulado el gol. La Guardia Civil se desparramó por la cancha, blandiendo sus largos garrotes de caucho. El “Negro Bomba” alcanzó a pronunciar una rápida mentada de madre y dio unos manotazos al árbitro en fuga. Tres, cinco, ocho guardias le cayeron encima. Como todavía forcejeara, le empezaron a pegar con los garrotes. En el suelo, el “Negro Bomba” soportó la pateadura hasta desmayarse.

    Todo sucedía como siguiendo un destino imparable. Uno de cada cien, los que estaban por morir y los demás, quienes quedarían locos o clamarían al cielo por tantísimo horror, los que se salvarían sin saber por qué, las que jamás podrían olvidar esa soleada tarde de mayo, todos gritaban enfurecidos, sacudían la gruesa malla de alambre, aflojándola, como si la fuerza de todos pudiese desclavar los postes de acero. Azambuja se preocupó. En el Perú no se perdonaba patear al caído. Observó a los guardias que medio cargaban, medio arrastraban el cuerpo desmadejado del “Negro Bomba”, mientras furiosos espectadores trepaban por la malla y, atrás, arriba, en derredor suyo, más y más gente bajaba para gritar a los policías que eran unos cobardes, suelten a Bomba, casi habían matado al pobre negro, carajo. Azambuja que afirmaba nunca haber tenido miedo en su vida, se asustó.

    En realidad, la malla de alambre era una frontera más simbólica que efectiva. Si el populacho desbordaba una de las tribunas, sería imposible contenerlo. Con la diestra, Azambuja pidió que se acercaran refuerzos. Tenía menos de cien guardias a sus órdenes esa tarde. Cuarenta habían llegado del temido Batallón de asalto, con sus morrales repletos de granadas con gases lacrimógenos y perros bravos.

    Visto desde las tribunas, el estadio se empinaba como un desfiladero sobre una cancha oscurecida. Al acabar los partidos, centenares de palomillas solían meterse a la cancha y una mano invisible activaba entonces los surtidores que regaban el maltrecho césped inglés. Por lo común el diluvio era suficiente para que todos, zampones, jugadores, policías y periodistas escaparan en estampida. Esta vez se acercaban policías a la malla de alambre, amenazando dejar sueltos a sus perros carniceros, que la gente odiaba. Ya nadie se acordaba del gol, ni del árbitro que escapaba por el más quieto sector de la tribuna de occidente. De pronto parecía que nadie separaba a los uniformados de la Popular. Se hubiese dicho que policías y público se incitaban a seguir, a no detenerse. Tres, cuatro espectadores cayeron dentro de la cancha. La policía cargaba. Llovieron proyectiles desde lo alto de la tribuna Norte. La de Oriente también se venía abajo.

    Azambuja no podía saber que, esa tarde, la administración del Estadio Nacional había decidido no abrir las puertas cuando hubiese empezado el segundo tiempo, para evitar que la “segundilla” invadiese las tribunas. En realidad, ese 24 de mayo de 1964 quienes manejaban el espectáculo habían hecho una ganancia extraordinaria, vendiendo entradas sin registrar. De acuerdo a la contabilidad de la taquilla, el ingreso superaba los treinta mil espectadores; sin embargo, el estadio estaba al tope de su capacidad. Otras diez o doce mil personas habían sido admitidas y muchos tuvieron que acomodarse en las escaleras o ver el partido de pie. “Segundilla” se llamaba a los tres o cuatro mil muchachos de los barrios cercanos que no podían pagarse un boleto y esperaban que las puertas se abrieran para colarse a presenciar los últimos minutos del partido de fondo. Ni Azambuja, ni el público, ni las autoridades, ni nadie podía imaginar que habían quedado todos encerrados en ese coliseo de cemento.

    Mas tarde sólo se podrían recoger testimonios aislados. Nadie consiguió presenciar la totalidad de la tragedia. A partir del primer estallido y la primera nube de gases, cada quien vivió su propia historia. Los hijos quedaron separados de sus padres, hermanos y amigos no volvieron a verse. Se consumaron milagros y también la tragedia deportiva más grande de la historia.

    “Meteles gas, pues, cojudo”, dicen que abrevió la catástrofe el comandante Azambuja, y que el sargento de la Guardia de Asalto asintió. “Van a ver lo que es autoridad, autoridad es la que manda”, y lanzó una lata siseante justo por encima de la malla, de modo que deflagró allí donde empezaba la empinada gradería de la popular, abriéndose en tres porciones, cada una de las cuales despedía una espesa humareda. Soplaba un viento sur que formaba como un remolino en el estadio para ascender después hacia tribunas atestadas de espectadores de todas las edades. Lima conocía bien la insufrible acritud de blancas y ponzoñosas nubes que se espesaban casi a ras del suelo antes de ralear y propagarse. Habían enseñado a la policía a gasear a la población cada vez que alguien protestaba por cualquier cosa. El centro de la ciudad olía cotidianamente a esas emanaciones vómicas. Los gases quemaban mucosas, miradas, rajaban bocas, agrietaban pulmones. En acumulación provocaban rápidamente la asfixia. Se escuchó un aullido cuando la Guardia Civil inició su bombardeo. No era un espacio abierto ni existían calles por las cuales huir. Imposible encontrar agua para mojar ojos ciegos. La muchedumbre sólo quería escapar. Saltaba por encima de los asientos, forcejeaba consigo misma en la tribuna de Oriente, embestía por estrechos túneles de la popular.

    De cinco a diez minutos demoraba el estadio en vaciarse de público. Ahora mientras se condensaba un banco de gases en las tribunas, todos quisieron salir al mismo tiempo. Pero las rutas de escape se iban estrechando conforme bajaban hacia los túneles de salida y sucesivos embudos comprimían a la multitud enloquecida. Nadie alcanzó la calle. Los primeros que llegaron se estrellaron contra las puertas de acero clausuradas. Sólo podían abrirse con llave y desde adentro. Un terror animal se apoderó de la muchedumbre que se encerraba a si misma. Más desesperados seguían empujando sin saber que el otro extremo estaba sellado y que la presión de infinitos cuerpos amorataba respiraciones y trituraba a los más débiles en esa prisión final, como un largo y maloliente nicho en el que ya nada podía verse, ni siquiera la luz de las seis en una tarde súbitamente gris. Los altavoces del estadio permanecían mudos. Nadie tuvo la iniciativa de anunciar el peligro de los túneles. Nadie recordaba que las puertas estaban cerradas. A nadie se le ocurrió pedir que no siguiese tirando gases a tribunas ya cubiertas por una neblina irrespirable. La visión de un hombre de pobre vestimenta que cargaba a un niño muerto en sus brazos, enfrió de golpe el furor de los policías. El hombre salía de la tribuna Popular y a sus pupilas ciegas nada les importaba como no fuese despertar a la criatura. Cuando dejó atrás a la neblina de los gases, depositó el cuerpo sobre el césped y levantó el rostro buscando a Dios. Sólo entonces el viento diluyó el vaho retenido en la tribuna y pudo verse a otros, tendidos en posición de cadáver, sobre las gradas de cemento de la popular. La mitad del estadio estaba cubierta por zapatos sin dueño. Amigos y parientes hablaban a los muertos, los sacudían o acariciaban, querían ponerlos de pie, forzarlos a seguir viviendo. El hombre de rostro ciego cargó nuevamente a su hijo. Buscaba un camino. Nadie tenía adonde ir.

    Sólo entonces informaron al comandante Azambuja que las puertas del estadio estaban cerradas.
    Desde afuera, espantados palomillas y vendedores ambulantes veían inflarse las puertas de acero que daban a la tribuna de oriente. Ya nadie las golpeaba dando de gritos. Crujían y se abombaban latosamente, tomando la forma de los muertos que empujaban. En el principal de los túneles, donde la muchedumbre más numerosa seguía atrapada, tres infelices reventaron como odres aplastados contra una pared lateral, imprimiendo en ella la sangrienta forma de los cuerpos que habían sido. No quedaba sitio para inflar los pulmones y en su desesperación la gente se malhería con los codos, retrepándose una sobre otra mientras crecía la presión insoportable y se agotaban las últimas partículas de aire pantanoso.

    ¿Dónde había quedado la mano del hijo, en qué parte el niño de sandalias y camisa azul?

    Con un atroz chasquido la primera de las puertas de Oriente se abrió en pedazos. Primero pareció rajarse la gruesa cortina de metal. Con un aullido la muchedumbre embistió después, abriéndola hacia fuera, doblando sus filos, retorciéndola hasta sacarla de su camino. Diez, veinte muertos cayeron simplemente sobre la vereda. Algunos habían perdido los ojos y a varios más les habían estallado sangrientamente oídos y narices mientras otros, en fin, extraviaron sus facciones, aplanado el pómulo, hundido el cráneo, borrada toda expresión de sus rostros, muertos absolutos, inhumanos, rectangulares, chatos. Por sobre ellos siguió la estampida jadeante de quienes no habían podido morir. Salían golpeados, con ojos locos, alejándose del estadio entre convulsiones, o querían volver al infierno en busca del hijo perdido, del padre ausente, de los amigos a quienes no volverían a encontrar. También ahí podía verse un rastro de zapatos sin dueño.

    Otra puerta acabó por romperse y otra más. Estallaban hacia afuera y otra porción de multitud emergía destaponada, sólo para encontrar a otros sobrevivientes y volver al comienzo de la tragedia, un gol anulado, una bronca en las tribunas.
    ¿Dónde está la policía?

    En la tribuna Norte, un guardia civil de franco había asistido al partido. Vestía uniforme pero estaba desarmado. Cuando los guardias de asalto gasearon la Popular, el policía sin nombre ayudó a quienes pudo. Los hizo subir, alejarse de la niebla que asfixiaba. Ahí quedó, en la hilera más alta de asientos del estadio, hundido en la contemplación de los cadáveres desparramados por las tribunas, hasta que enfurecidos sobrevivientes descubrieron el color de sus ropas. No lo dejaron escapar. Después de golpearlo, lo arrojaron por encima del parapeto final del coliseo. Cayó a plomo treinta metros antes de reventar en la explanada de cemento.

    Las ediciones de los diarios de Lima estaban casi cerradas antes de las cinco de la tarde de sol, con pocas noticias y ganas de acabar temprano, de ir a casa o al barrio, de enamorarse, simplemente de no estar ahí, entre máquinas de escribir y teletipos que seguían picotando fajas de papel, como si algo memorable aún pudiese ocurrir en el mundo. Domingo global, único, forzoso. Sólo deportes, anticipaciones, de vez en cuando un gran difunto. Una accidentada competencia de autos deportivos en el Campo de Marte había ayudado a completar las primeras planas. Un diario tenía la foto exacta de la mano izquierda separándose del piloto que había estrellado su Austin Healey contra un poste de luz. Todos habían fotografiado su expresión de estupor al observar su brazo rebanado mientras lo subían a una ambulancia. Nadie podía imaginar entonces que el joven deportista se volaría la tapa de los sesos antes de tres años. Hasta las cinco, las cinco y media de la tarde, su rostro personificaba la noticia del día.

    Sólo faltaba la crónica del fútbol. Pasadas las cinco y media empezaron a impacientarse los editores. Estaciones de radio y periódicos ocupaban una hilera de casetas en lo alto de la tribuna de Occidente, con las que existía comunicación telefónica directa. Pero en el estadio nadie contestaba. Nadie tampoco había llamado a las salas de redacción para avanzar un resumen del partido. En las radios que transmitían el fútbol, excitados locutores se referían a una bronca y luego a desórdenes. Un gol anulado y un partido suspendido. Un espectador había entrado a la cancha para pegarle al árbitro. A ratos no se podía decifrar los relatos radiales. Los mismos locutores intercambiaban información. Ninguno adivinaba la dimensión de la tragedia.

    “Parece que hay dos muertos y más de veinte heridos” llegaron los primeros datos a las salas de redacción.

    ¿Dos muertos? ¿En el estadio? ¿No era uno de los sitios más seguros de la ciudad, una enorme construcción capaz de soportar terremotos, bien custodiado por la policía, situada además, en pleno corazón de Lima?

    “Los muertos ya pasan de diez”

    “Posiblemente hay cincuenta muertos”

    ¿Qué ocurrió? Nadie contestaba en el estadio.

    El periodista viajaba hacia Lima en un colectivo por la avenida Arequipa. Más allá de la embajada de Estados Unidos vio un gentío que se reunía y dispersaba. Escuchó detonaciones. Bajó en la primera esquina. A cien metros de distancia percibió intacta la pestilencia de los gases. Apuró el paso. Allí donde el estadio se acercaba a una pequeña iglesia, formándose una suerte de desfiladero urbano, pudo ver a un teniente y un guardia acosados por una muchedumbre asesina. Apenas si acertó a moverse cuando los policías tiraron del gatillo. El periodista supo que mataban y que iban a morir. Las balas no duran eternamente. Cuando sólo quedaron casquillos, la gente se les echó encima. El periodista pudo ver como estrangulaban al teniente con su propia corbata. En ese momento comprendió que era un recién llegado a una tragedia a la que tendría que subirse sin haberla vivido totalmente. Ni siquiera se le ocurrió preguntar que había sucedido. Siguió al gentío hasta la explanada sur del estadio, donde ardían varias “Land Rover” policiales con perros en su interior. Se encontró con otros periodistas. Sus rostros demacrados seguían atestiguando espanto. Ahí vieron llegar al pelotón de la policía montada y a los guardias de asalto, con las armas listas para hacer fuego. Peor que la guerra. Todos querían matar. Se evaporaba la luz cuando el periodista corrió hacia un parque vecino. Otros escapaban delante o cerca suyo. Más tarde se sorprendería del silencio en el que se movían sus recuerdos. No escuchaba detonaciones, sólo el paso siseante de las balas. Apenas un soplido que se le arrimaba. Se sintió volar, agazapado, como si aún de espaldas pudiese adivinar el curso de los proyectiles. Como si no necesitara tocar el suelo para seguir corriendo. Delante suyo, un hombre dio una voltereta y quedó desparratado. Muerto. Luego, otro. Y otro más. Corrían, les pegaban, giraban sobre sus cabezas, caían grotescamente quietos. Salió del parque de barriga, a tiempo de verificar que saqueaban la “Good Year” y que otra multitud furiosa seguía por el Paseo de la República, seguramente a destruir y quemar el nuevo barrio comercial de San Isidro, donde se levantaba Sears & Roebuck.

    Otro periodista que llegaba del sur informó que tropas de la Fuerza Aérea habían cortado el Paseo de la República. Esperaban con una hilera de ametralladoras con trípode. Por un rato aguardaron la crepitación de otra matanza. Hasta las voces del gentío se apagaron en la distancia. Daba más miedo el silencio. El pequeño grupo de reporteros emprendió el regreso, dando un rodeo para evitar más balazos. En cada esquina se detenían, escudriñando peligros. Intercambiaban datos como si hubiesen presenciado tragedias distintas. Al llegar a la avenida Arequipa comprobaron que la Guardia Civil acababa de desaparecer en toda la ciudad. Patrullas militares la reemplazaban. En el estadio, camiones militares recogían a las víctimas para llevarlas al cercano Hospital Obrero. La terrible cólera pública se había disuelto ante la enormidad de la tragedia. Una voz lúgubre repetía a rachas un comunicado oficial. Estaban suspendidas las garantías constitucionales y establecido el estado de emergencia. Se hablaba de doscientos muertos, automóviles volcados y quemados, saqueo de tiendas. Otra multitud salía a las calles en busca de parientes que no habían vuelto a casa después de una tarde en el estadio.

    La ciudad parecía más oscura que de costumbre en esa tarde de mayo. Puertas y ventanas se habían cerrado, unos cuantos vehículos circulaban por las calles, la población desconfiaba.

    Trescientos muertos.

    Sólo en la avenida Grau se obstinaba una llorosa muchedumbre. Eran los buscadores, hombres y mujeres que adivinaban la tragedia, que recogían zapatos, que esperaban en la Asistencia Pública Central o en el vecino Hospital Obrero. Entraban por grupos, al principio deslumbrados por los faros de los vehículos militares, para llegar después a una zona de penumbra en la que empezaban a adivinarse hileras de cuerpos derribados, puestos en exhibición hasta que alguien los identificase. Ahí estaba el niño con sandalias y no se sabe por qué, su padre a su costado. Pero los muertos no tenían hijos, padres, edad o estatura. Lo mismo les daba que se recordase o se olvidase los nombres y apellidos que les habían atribuido hasta esa tarde de fútbol. Habían llegado en confusión hasta las salas de emergencia, donde médicos desencajados separaban a los vivos de los muertos.

    Luego los colocaron en el gran patio de cemento, alumbrándolos con los faros de los camiones del Ejército. Aquí, allá estallaba el dolor de una familia. Lo agudo del llanto parecía contagiarse mientras se pronunciaban nombres, llamándolos de vuelta, hasta que la tropa verificaba la identificación y escribía las señas en un esparadrapo ancho que se pegaba en la frente del desdichado. Los muertos que recuperaban el nombre eran puestos en hileras, como pescados grandes, en los camiones militares que toda esa noche repartieron cadáveres a domicilio.

    Retirado del libro “Los Prodigiosos Años 60” de Guillermo Thorndike

  19. Javier Gonzalo

    No me canso,de agradecer y felicitarlos por el blog,que ya lo siento un poco mio.
    Yo estuve ese 24 de Mayo,aunque esta frase resulta comun,asi como todos decimos que no votamos por Alan en su primer mandato,todos estuvimos ese 24 de Mayo en el nacional.
    Bromas aparte,tengo unas consultas.En esa epoca,las olimpiadas de futbol,se jugaba solamente con futbolistas amateurs?,recuerdo que Chumpi jugo ese partido,era Chumpi amateur?lo era Kilo?o el reglamento era otro?Otra duda,Chumpi en que equipo jugaba en esa epoca?Todavia no se lo habia jalado la U,el estaba en el Muni?Antes del Muni,donde jugo Chumpi?en el Juventud Gloria de la segunda?
    Como se jugo ese preolimpico?quiero decir,hubo varios grupos? o solo contra Argentina?y si es asi solo a un partido?Por que con el empate clasificaba Peru?(osea si daban valido el gol de Kilo)
    Gracias por su atencion

  20. Carlos

    Interesante recuerdo, pero con un tratamiento deficiente en la narración. Debió tratarse de un recuento de los hechos; pero eso de intercalar recuerdos familiares (que a nadie le importan) con el acontecimiento en sí le resta impacto. Una pena.

  21. Gregorio Huaroto

    El texto de Thorndike es sencillamente cabal. Iba a recomendarles su lctura, de hecho, las fotos que ilustran mi crónica provienen de ahí.

    Un abrazo nostálgico para todos ustedes. Gracias Sergio.

    GH

    PD: Ya vienen “Las Seis Horas Peruanas” de 1964.

  22. Gregorio Huaroto

    El blogista Carlos califica de deficiente mi narración por intercalar un recuerdo familiar con lo sucedido. Se trataba de un “recuerdo personal” como el propio gorro de la crónica lo señala. Ciertamente ARKIVPERU.COM/blog -como ya lo ha señalado Jorge Marín, el creador de este rincón virtual- está abierto a otras crónicas o aportes, que bien podrían provenir de la pluma del propio blogista Carlos. Por ejemplo, cuando tratamos el tema del 5 de febrero de 1975, las mejores narraciones -como la del buen amigo Daniel- provinieron de recuerdos personales. Como cuando George Coscia recuerda, o nuestra buena amiga Uchi, o Carlos Castro Maya. En todo caso son puntos de vista con los que se puede disentir o concordar.

    Pasando a otro tema, se me ha dicho que una emisora vino haciendo cuñas -entre bloques musicales- de los recuerdos aparecidos aquí en “ARKIVPERU.COM/blog” y en “ARKIVPERU.COM” y que dejaron de hacerlo a raíz de una entrada nuestra donde denunciamos ese aprovechamiento falaz. Ojalà no haya relación entre la denuncia y la crítica anónima de hoy. Que lo aparecido aquí tenía valor siempre que lo pudieran plagiar, y ahora que ya no pueden, salgan críticos de última hora dando cátedras de lo que es excelente o deficiente, sin mayor sustento que el de la comodidad anónima de un post.

    En todo caso, aquí seguiremos recordando, con deficiencias o sin ellas. Y esperando más y mejores entradas. Como las que se han venido conociendo en las pasadas horas.

    Un abrazo nostálgico para todos,

    Gregorio Huaroto

  23. Revisen de nuevo la entrada ya que he agregado la foto de la portada de “El Gráfico” sobre este partido gracias a la colaboración de nuestros amigos de “Lima… como la conocimos”.

  24. Carlos C

    Por favor Gregorio no confundir el comentario de este Carlos con los míos. A pesar de haber discrepado en algunas ocasiones te mereces todo mi respeto y consideración.

    Es más, el cuarto comentario a esta entrada me pertenece (eso lo puede confirmar Jorge que tiene acceso a los correos de los colaboradores) y en el mismo pondero la crónica. Por escribir rápido a veces omito poner Carlos C pero quiero hacer esta aclaración ante un comentario de mal gusto dirigido al amigo Huaroto.

    En mi siguiente comentario aportaré algunos datos al tema de la entrada.

    Carlos C

  25. Carlos C

    En aquel año 1964 el presidente de la Federación Peruana de Fútbol Dr. Teófilo Salinas Fuller, nombró al brasilero Marinho de Olivera como director técnico de la selección juvenil y del equipo que lucharía la clasificación a los juegos olimpicos de Tokio. El equipo que se conforma para el preolimpico era fundamentalmente amateur provenientes de equipos de Lima y provincias. Se entiende como amateur como jugadores que no contaban con un contrato profesional. Tres jugadores de esa nómina eran rentados en sus equipos: Luis Zavala y Oscar Ríos que provenían de Universitario y Enrique Casaretto del Atlético Grau de Piura. Chumpitaz jugaba en ese entonces en la segunda división defendiendo las sedas de la Unidad Vecinal Nro 3. Ramón Mifflin jugaba en la reserva del Centro Iqueño.

    El torneo preolimpico se jugaba en Lima con la participación de las selecciones de sudamérica. Perú se concentró 3 meses en Huampaní y durante el desarrollo del torneo compartió la concentración con el elenco uruguayo.

    Perú venció a Colombia, Bolivia, Uruguay y empató con Ecuador, restándole jugar con Argentina y Brasil. De acuerdo a los resultados logrados por el elenco peruano la clasificación no era una utopía y por ello el partido con los argentinos resultaba fundamental pues se sabía la tarea casi imposible de vencer a los cariocas.

    Un par de incidentes previos a la tragedia pasaron desapercibidos por el periodismo y las autoridades. En el partido jugado contra Uruguay se prendieron muchas fogatas en las tribunas como un primer aviso de intolerancia de la hinchada la misma que se agravó tras el empate con Ecuador resultado que generó un apedreamiento a los dos equipos. El partido entre colombianos y uruguayos culminó con una andanada de piedras lanzadas a los charrúas.

    Aquel 24 de mayo de 1964 la Federación Peruana de Fútbol había rechazado el pedido de la Cruzada Eucaristica Misional Cruz Blanca para que una religiosas ingresen al estadio a recaudar fondos para una colecta aprovechando el impresionante marco de público. Las razones de tal negativa fueron entre otras, el clima tenso que se había presentado en las jornadas previas.

    Por otra parte, aquel día se corrió la competencia automovilistica Las Seis Horas Peruanas en el Campo de Marte ubicado a menos de un kilómetro del estadio nacional. La carrera finalizó a las 3 de la tarde por lo que muchos aficionados que asistieron a la carrera se animaron a darse un salto al coloso de Jose Díaz.

    La asistencia oficial ese partido arrojó la cifra de 47,197 aficionados y una taquilla de un millón 22, 273 soles. Habría que aclarar las fuentes que hablan de más de 60 mil espectadores.

    Perú formó con Barrantes, Angel Guerrero, Javier Castillo, Héctor Chumpitaz, Armando Lara, Sánchez, Enrique Rodriguez, Luis Zavala, Enrique Casaretto, Inocencio La Rosa y Victor “Kilo” Lobatón.

    Lo demás y está lo suficientemente bien narrado. Una verdadera tragedia. La peor de la historia del fútbol.

    El partido con Brasil se jugó en Rio de Janeiro el 7 de junio y terminó con una goleada del scratch por 4-0. La FPF después de la tragedia organizó un partido a favor de los familiares de las víctimas en el que se enfrentaron el Sporting Cristal que presentó un ataque de lujo: Didí, Gallardo, Oscar Gomez Sanchez, Pelaez y Del Castillo y el Barcelona de España en el que jugaron Miguel Loayza y Ladislao Kubala entre otras estrellas. El encuentro terminó empatado a un gol (Gallardo por Cristal y Fusté por Barcelona). La pena es que tan sólo asistieron 3800 personas.

  26. Genial el relato de Thorndike. Se podra decir de él muchas cosas , pero nadie le puede negar su talento.

  27. Gregorio Huaroto

    Muchas gracias apreciado Carlos C. por tus amables expresiones.

    Cordiales saludos,

    GH

  28. Daniel García Silva

    Gregorio, en muchos casos, las mejores narraciones, resultan de los recuerdos personales o familiares sobre un determinado hecho. El tuyo es uno de esos casos. Si a los recuerdos, le añadimos el talento, tenemos como consecuencia tu excelente crónica, sobre los aciagos sucesos del 24 de mayo de 1964 en el Estadio nacional.

    También quiero agradecerte, tu generosa referencia, a mi narración sobre el 5 de febrero de 1975.

    Saludos.

  29. Los datos de Carlos C han sido añadidos como complemento en la reseña. Gracias.

  30. Gregorio Huaroto

    Qué bonita nota Carlos C., que contiene una serie de acotaciones y datos relevantes. Felicitaciones y un abrazo cordial,

    GH

  31. Gregorio Huaroto

    Gracias Daniel por tus palabras.

    Un abrazo,

    GH

  32. zipo

    Gregorio,tu relato me encanta puesto que percibimos algo que conocimamos por cronica periodistica desde una perspectiva qeu podria ser la nuestra y el relato personal y familiar que le imprimes no hace sino incluirnos en las acciones que son tambien parte de nuestra historia.
    Gracias.

  33. Sergio

    No es que dude de las palabras de Carlos C, pero me pareció un poco exagerado cuando menciona que la carrera en el Campo de Marte, al terminar a las 3 de la tarde animó algunos aficionados a ir al estadio. No se como sería en la época pero en 1985 fui al partido entre Perú x Chile, repechaje para el mundial de 1986. El partido era a las 4 de la tarde y llegué al estadio a las 11 de la mañana cuando ya estaba bastante lleno y era difícil conseguir un lugar para estacionar. La entrada fue comprada casi con una semana de antecedencia enfrentando una fila enorme. No entra en mi cabeza que en un partido con más de 60 mil de público alguien piense, faltando una hora para comenzar, “ya que estoy por aqui, voy al estadio a ver Peru x Argentina”. Creo que a esa hora, todos los lugares del estadio ya estarían completamente tomados y que dificilmente alguien consiguiera entradas en las billeterías.

  34. Raúl Eduardo

    Soy profesor de redacción y el año pasado una alumna me presentó un excelente trabajo sobre la tragedia del estadio Nacional. Guardo el informe con mucho cariño.

    Pero como me encanta esta página, si quienes administran el blog desean tener las imágenes, escríbanme a mi correo y con gusto lo puedo dar para fotocopia (raulg27@yahoo.com). Hay muchos datos interesantes…….

    Estamos en contacto….. y adelante con la página.. Diez puntos!!!

  35. Gregorio Huaroto

    Muchas gracias a nuestro amigo Zipo por su amable acotación. Gracias de veras.

    GH

  36. Gregorio Huaroto

    Sobre la acotación de Sergio, los relatos de Thorndike y de Enrique Roel Miranda señalan que hubo una simultaneidad (al menos, por algunas de las horas) entre la prueba automovilística y el encuentro de fútbol en el Nacional.

    Tengo unas fotitos de las “Seis Horas Peruanas” de 1964. La noticia roja, hasta antes de la tragedia en el Estadio, era el accidente de Mazzini a bordo de un Austin Healey (se estrelló contra un poste y la mano del volante fue cercenada). Luego vendría la tragedia mayor.

    GH

  37. Carlos Castro Maya

    Saludos a los amigos arkivistas. Permitanme hacer una corrección. El “negro Bomba” se llamaba Melecio Vásquez. Ese 24 de mayo fueron dos aficionados los que bajaron a la cancha y el que peor salió fue el recordado “Bomba”. Revisando las crónicas de ese partido, algunas señalan que el General de Azambuja no estuve ese dia en el estadio, sino que el jefe designado para el control al ver que el público invadia la parte baja, le consultó que podia hacer, y de Azambuja le ordenó a través de un radio que dispararan las bombas lacrimógenas. Yo, me salvé de estar en el Nacional ese dia. Mi padre habia salido temprano a dejar algunos pedidos de zapatos, que era el rubro al que se dedicaba, y llegó tarde a almorzar a casa, lo que originó una discusión con mi madre. Para enfriar la cosa, mi papá decidió salir de casa y me llevó con él en su carro. (eso me lo ha contado él, porque yo no recuerdo nada). Llegamos a un restaurante que se llamada Terukina y luego de estacionar el auto, y por el griterio que se escuchaba decidió ir al Estadio. Mi padre no habia comprado entrada, pero tenia conocidos que controlaban las puertas de ingreso en oriente y norte. Al cruzar el Paseo de la República, sin el “zanjón” en ese entonces, llegó a la puertas de la graderia de segunda y gracias a sus amistades llegamos a entrar, pero era imposible llegar a ver la cancha. Mucha gente estaba de pie, y por ello decidió salir e intentar el ingreso por otro lado. Fuimos a norte y alli la cosa era más dificil. Eran más de las 3 de la tarde y el partido aún no empezaba. Luego de varios intentos en varias puertas, mi padre decidió salir del estadio. Quizás el hecho de no pagar entrada hizo que tomara tal decisión. Me dijo que luego de eso regresamos al restaurante y comimos algo. Alli estaban escuchando por la radio el partido y el dueño estaba un poco mortificado por que un canal habia anunciado que iba a transmitir y ello no ocurrió. Regresamos a casa y nos olvidamos del partido y la situación de mis papás se arregló. Ese es el recuerdo que tengo sobre el Perú-Argentina de 1964. Otra cosa. por reglamentación Fifa, podian actuar jugadores de clubes profesionales siempre y cuando no tengan contrato registrado en la FPF. Por ello se llamó a Kilo, Rios, Rodriguez que eran de la “U”. Gracias por su atención.

  38. Carlos C

    Al amigo Sergio decirle que yo recojo los datos de las informaciones de algunos diarios. El partido que comentas con Chile ocurrió 22 años después de la tragedia de 1964 y es obvio que las condiciones de seguridad y control de las entradas era otro tal como son absolutamente distintas en el Perú desde hace 10 años que se venden electrónicamente en Teleticket.

    Lo que cuentas las crónicas y testimonios de aquel día es que el grupo de gente que se trasladó de Campo de Marte al Estadio se juntó con otro tanto de gente que pugnaba por entrar. Al existir muchas personas en los alrededores del Nacional las autoridades cerraron algunas puertas de las tribunas. Se pueden construir muchas hipótesis a partir de este hecho (personas que fueron a las carreras con sus entradas al fútbol, que compraron reventa o que se animaron a ver qué pasaba) y me animo a pensar que la mayoría de ellos no tenían vehículo o no lo llevaron como se hace hasta estos días por lo que especular sobre el estacionamiento es irrelevante. En todo caso este hecho no es relevante respecto a la tragedia pero puede ser uno de los tantos factores negativos que confluyeron aquella tarde aciaga.

    Si de ir temprano se trata yo recuerdo haber ido con mis amigos a los partidos de la eliminatoria de 1981 desde las 7 de la mañana para coger buen sitio en “occidentito” (norte pegado a occidente alta) y los partidos empezaban a las 3,50pm. Si sueles ir al estadio verás que la gente de oriente y occidente que tienen entradas numeradas suelen llegar media hora antes del partido y muchos en la primera media hora del mismo.

  39. Carlos

    Mmmmm, ¿me parece o ya no se puede opinar? Sigo arkiv desde que empezó. Soy joven, así que no había nacido el año de la tragedia del estadio. Por eso me interesaba un enfoque un poco más dedicado al suceso en sí que a los recuerdos familiares del amigo Huaroto que (para mí) no aportan nada. En todo caso, me parece muy ayayera la gente que le escribe ahora confesándole su rendida admiración. Que los protagonistas de la página sigan siendo los recuerdos y las imágenes de sucesos añejos; y no los que postean.

    Saludos cordiales a todos.

  40. Gregorio Huaroto

    Carlos Castro Maya otorga dos valiosos elementos: uno personal (que realmente es valioso -Vía Expresa inexistente, TV que debía transmitir el encuentro, demasiada gente en el estadio-), y el otro sobre los protagonistas (el jefe policial, “El Negro Bomba”). La transcripción de Sergio del relato de Thorndike Elmore consigna otro nombre, que difiere del aportado por don Carlos.

  41. Gregorio Huaroto

    Quizá la capacidad del Nacional no era de 64 mil espectadores, pero puede que haya habido esa cantidad de gente en el encuentro, de lo que se ha venido recogiendo…

    GH

  42. Viendo la foto de la carátula de El Gráfico se nota que el estadio estaba a tope, sumando a esto los espectadores en la “perrera”, más todos los pasillos y escaleras se puede haber alcanzado esa cifra.

    He ido a jornadas en el Estadio Nacional donde donde no entra un alfiler, todas las salidas de emergencia están copadas de gente y las medidas de seguridad son nulas. Este parece fue uno de esos casos.

  43. Gregorio Huaroto

    En la lógica del joven Carlos, entonces sus entradas tampoco valdrían nada, pues él no recuerda ningún hecho objetivo (“no aporta nada” en sus propias palabras).

    Aprendamos a manejar espacios de tolerancia. Aquí y en la calle, en la vida diaria. Su opinión, “que no aporta” recuerdo alguno, vale tanto como mi recuerdo con experiencia personal. Como los recuerdos con experiencia persobal de Carlos C., Carlos Castro Maya, Daniel Castro Silva, entre otros. Que se han visto cuan valiosos pueden ser.

    Claro que puede opinar (si puede recordar algo, en su misma lógica, mejor), y esa opinión es respetable, como respetable es mi derecho a recordar como yo quiero. No porque yo recuerde de forma distinta a la forma como usted quisiera le da derecho a descalificarme de la manera como lo hace. Nada más.

    Hagamos que este blog de recuerdos siga navegando bajo el imperio de la tolerancia y el respeto, sea que opinemos o recordemos. Tan simple como eso.

    GH

  44. Javier Gonzalo

    En primer lugar agradecer la exelente informacion complementaria,de como se desarrollo el preolimpico,mucha y exelente informacion,como ese ya practicamente olvidado Cristal Barcelona Pro-Victima.
    Tolerancia mi estimado,Sr Huaroto,tolerancia mi estimado Carlos,es exelente discrepar.
    Y si…eran otras epocas,asi el Estadio se llenara,sin dudas que la gente iba a dos espectaculos deportivos,y es plenamente creible que gente de las 6 Horas se pasara al Estadio.
    Un ingenuo”chiste”de la tragedia,tremenda del 64 que se repetia entre los escolares de esa epoca,decia que el General Azambuja dio instrucciones a su personalde “tiren bombas a la cancha”y que le entendieron..”tiren bombas como cancha”
    Un gran Abrazo

  45. zipo

    Es excelente discrepar y asi avanzamos. Pero creo que tambien es importante respetar y en ello secundo a Gregorio. Por ello les cuento que en las ciencias sociales de ahora, las corrientes post modernas sostienen que en las narrativas el narrador debe incluirse pues es a partir de su experiencia en que se narran los eventos, y ello valida la observacion (pues sabemos la perspectiva desde la honestidad), disculpen el rollo es que soy de ciencias sociales.
    Una cosa, este evento sigue siendo la mayor masacre en la historia deportiva del futbol?

  46. Carlos C

    Para poner punto final al tema Carlos-Gregorio debo decir que ms palabras fueron de desagravio y no una confesión ayayera de admiración.

    Gregorio Huaroto es uno de los mas entusiastas colaboradores de este blog por lo que su participación lo enriquece.

    En estas instancias la mejor forma de demostrar que eres bueno es escribiendo más de lo que criticas.

    Al amigo Zipo decirle que efectivamente la tragedia del nacional es la peor de la historia del futbol.

  47. zipo

    Como se resolvio legalmente el asunto? Culpable la policia?
    Hay quienes me contaron que Bomba seguia siendo uno de los personajes constantes en el estadio incluso luego de los eventos ?
    Se le describe como marginal. alguien sabe mas sobre este personaje?

  48. zipo

    Este es un caso en que es dificil encontrar culpables en las facultades de derecho se habla de responsabilidad extracontractual, donde no hay contrato escrito de por medio, pero el publico se supone debe guardar ciertas formas. Sin embargo la agresion al arbito es un delito. Transgredir la reja otro, pero todo queda superado por el delito de disparar las bombas contra el publico y luego las balas. Sin embargo como actua el derecho en estos casos? el detonante es el culpable? como se reparte la culpa y la sancion?

  49. eric

    una cosa muy triste, yo vi los videos y fotos y me pregunto porque la guardia de asalto cometio esa negligencia…

  50. Si a alguien no le gusta un comentario es libre de decirlo, si considera que no le aporta nada, ni siquiera debería molestarse en leerlo. al contrario, sería bueno que emitieran una opinión respecto al tema.

  51. Más datos. Al comandante de Azambuja se le inició un proceso como reo ausente, ya que huyó. A los dos años, por esas cosas del destino fue ascendido, estando él en la clandestinidad. Sobre Melecio Vásquez, el “negro Bomba”, por disposición de la policía con el aval de las autoridades deportivas, se le prohibió el ingreso al estadio. Con respecto a la realización de las “6 Horas Peruanas”, la carrera terminó cerca de las 4 de la tarde. Hubo aficionados que se retiraron del Campo de Marte antes de que termine el evento y se dirigieron al Estadio Nacional con el fin de ver ese partido. Además, algunos periodistas como el recordado Enrique Roel, estuvo en la carrera y luego se fue a ver ese partido, y asi como él varios periodistas radiales, como Antonio Cárdenas Dávalos, que a las 3.00 p.m. se retiró del Campo de Marte y partió rumbo al “José Díaz”. Según me contó, no tuvo problemas para trasladarse en su vehiculo y tampoco para encontrar lugar para estacionarlo. Como los periodistas tienen una puerta especial para el acceso, no hizo cola e ingresó rápido. Otros cronistas, cuando les he preguntado si estuvieron ese dia y cómo lo vivieron, me han comentado que desde su caseta, la parte baja o su pupitre vieron algo de los desórdenes, y que fueron afectados por las bombas, y por ello decidieron salir rápido del recinto. Uno de ellos fue Tomás Zúñiga, que laboraba en “Pregón Deportivo”. Había estado en la parte baja de occidente dando informaciones para ese programa, al lado del recordado Miguelito de los Reyes. Ellos desde su posición describieron lo que pasaba y recibieron la orden de cerrar ese puesto y subir a la cabina principal. El técnico de ese espacio era Héctor Zúñiga, quien me dijo que cerraron la transmisión detallando los problemas que habia en las graderias de norte, y tuvo tiempo de guardar todos los implementos y bajar sin problemas hasta la puerta 4 y de alli salir a la calle, llegar a la avenida Arequipa tomar su colectivo hasta Miraflores, y ya en su domicilio enterarse de la magnitud de lo ocurrido en el Estadio. Ramón Alfaro, el actor cómico que imitó durante años al presidente Fernando Belaunde, me comentó que en ese tiempo era administrador del canal 9-Radio El Sol, cuyo local era el que actualmente ocupa el 7, en la cuadra 10 de José Gálvez. Se encontraba preparando la realización de un programa criollo que se iba a presentar en vivo a las 8 de la noche, cuando en eso llegó Oscar Artacho asustado y les contó de los problemas en el Estadio y que habian quemado un local del Jockey Club que se ubicaba frente al parque de la Reserva, la fábrica de llantas Good Year que estaba en Paseo de la Republica y varios patrulleros y autos particulares, por lo que les sugirió que cierren la puerta del local del canal y apaguen las luces. Apenas se retiró Artacho en su carro, procedieron a hacer ese pedido. Según el señor Alfaro, desde el segundo piso vieron que la turba se acercaba, pero no ingresaron por la calle José Gálvez , sino que siguieron de frente por Paseo de la República hasta llegar a San Isidro donde incendiaron el local de Sears. Otro de los que estuvo ese día fue el señor Reynaldo Aragón, recordado locutor, padre del que fue discjockey y actual corresponsal de una cadena internacional de Tv. Me comentó que él laboraba con Santiago Ferrando en radio Victoria, haciendo locución comercial en el espacio deportivo, y que desde la parte alta de su caseta ubicada al costado de la tribuna norte, vio a mucha gente que corría hasta los tuneles de salida y otras descendian a la cancha, ya que por presión de parte del público el alambrado de protección habia cedido, y que el aire era irrespirable debido al lanzamiento de las bombas. Asi como las otras personas a quienes he mencionado, Aragón me dijo que salió tranquilamente y que recién en su casa se enteró de todo.

  52. zipo

    Chicos ya que estamos hablando de hechos legendarios (en este caso tragicos) de nuestro futbol, les cuento que el anho pasado se publico “Ese Gol Existe” del sociologo Aldo Panfichi con varios articulos de distintos autores, desmitificaba el famoso partido contra Austria en las Olimpiadas de Berlin del 36 donde segun se contaba, el mismisimo Hitler mando anular el partido que se le habia ganado a los arios. Eso si, era un dream team peruano con Alejandro villanueva y Lolo Fernandez.
    Pues bien, parece ser que muchas de las cosas que circulan en la leyenda popular fueron exageradas sin desmerecer el merito de nuestros grandes heroes del futbol.

  53. Carlos

    Justamente lo que yo hice en mi primer post fue opinar, diciendo que se trataba de un tema interesante, pero con un tratamiento deficiente en la forma de abordarlo. Es mi punto de vista. Nadie tiene por que compartirlo ni aplaudirme. En lo que no estoy de acuerdo es en pretender descalificarme “porque yo no había nacido” y “no aporto”. Lo que yo dije en mi comentario fue que (a mi entender) los recuerdos de Huaroto no aportaban nada a una narración interesante de por sí. ¿O sea que por esas razones no tengo derecho a disfrutar de la página? ¿O no puedo opinar?

    Saludos cordiales a todos.

  54. Gregorio Huaroto

    Creo que el tema ya se ha puesto pesado y hasta absurdo. El tema es de formas, de respetos, de tolerancias, de educación. En todo caso reitero, ya por última vez, que la fórmula “recuerdos personalizados= no importan nada aportan son deficientes” es del blogista Carlos y que, en su lógica, siguiendo esa lógica, sus intervenciones tampoco aportarían, pues ni personalizan ni tampoco recuerdan nada. Eso de que “yo no había nacido” es de él.

    Opine, recuerde, pero hagalo con el respeto que le han enseñado en su casa. Lo demás ya lo dijo el resto.

    GH

  55. zipo

    y podemos comenzar a comentar sobre Berlin 36 y la mitica presencia peruana?

  56. Carlos

    ¿Y en que momento, según Ud. amigo Huaroto le he faltado el respeto? ¿Opinar es una falta de respeto?

    Saludos a todos.

  57. José Fernández

    yo era un recién nacido en la fecha de esos suceso y solo los conocí por referencias…pero algo que me queda de esos relatos anecdóticos es una parafrase…que pareciera cosa de risa o quiza sea parte de la verdad conociendo la alta capacidad de raciocinio que posee nuestra Policia Nacional …dicen que el comandante De Azambuja mando a sus hombres a SACAR A BOMBA DE LA CANCHA, orden que fué interpretada por nuestras inteligentes autoridades como un TIREN BOMBAS COMO CANCHA…será cierto esoooooo?????

  58. George C Coscia

    Intercalar recuerdos familiares a un hecho trascendental es lo que distingue a una fria nota o estadistica que se puede encontrar en cualquier archivo o web ….las vivencias personales de gente que estuvo o recibio datos de fuentes confiables nos ayudan a poner en perspectiva el como (paso) y el porque (causas) de una situacion con sus exclusivas particularidades de ese tiempo…algo que quizas no se pueda comprender analizandolo solo con la mentalidad del presente 2009..se necesitan recuerdos que expliquen las costumbres y usanzas de los 60s,..70s..etc solo asi se puede apreciar y entender la Historia…Carlos tu serias un perfecto representante de los Democratas de USA, para ellos solo existe Libertad de SU expresion, de SU idiologia y de SU perspectiva, los que no estan de acuerdo con ellos o discrepan su extremismo, son atacados, ridiculizados y menoscabados….un poco mas de tolerancia no cuesta nada, un saludo

  59. Gregorio Huaroto

    Falta el respeto al resto, al introducir elementos de conflicto en un foro donde evitamos los haya; me falta el respeto a mi al aplicar adjetivos calificativos sobre un estilo de narración que otros también utilizan aquí (sobre los cuales usted no dice absolutamente nada); falta el respeto a la inteligencia de todos ante la poca consistencia de sus críticas (es deficiente una narración, según usted, porque se intercala -en menos del 10% del relato – un recuerdo personal); falta el respeto a los que no piensan como usted, al calificarlos de “ayayeros” por no compartir las formas y los fondos de sus intervenciones. Y por el último, falta el respeto a la verdad, al querer invocar su edad (es muy joven y no puede logicamente recordar lo que no vivió) pretendiendo que aquí se le discrimina por ello, hecho totalmente falso y que sólo ha existido en su imaginación.

    Yo invoco a los buenos amigos de este foro a que sigamos conduciéndonos con la inteligencia y el respeto que ha venido caracterizando este espacio de recuerdo y de no menos valiosas intervenciones.

    GH

  60. Carlos C

    Cold case.

    Carlos si entras por primera vez a un salón de clases ya sea de colegio, universidad, instituto o a una reunión, grupo, fiesta o lo que fuere y lo haces con el pie en alto contra una persona de un grupo que se conoce y no te conoce, vas a tener la misma respuesta corporativa de rechazo. Este blog no es una cofradìa, secta o hermandad, es un grupo de personas unidas por los recuerdos sin conocernos personalmente, desde el anonimato pero le tratamos de dar contenido a los recuerdos que nos plantea Arkivperu en cada una de sus entradas. Nadie se siente especial ni es ayayaero o admirador de otro (yo mismo he discrepado fuertemente con Gregorio Huaroto en más de una oportunidad). Pienso que somos agradecidos y respetuosos con quienes se toman un tiempo para escribir y aportar recuerdos, anécdotas e ideas.

  61. Carlos

    Ok, entendí. Pero una vez más repito que lo que mencioné como primer comentario es una opinión estrictamente personal. No encajaría en el molde demócrata del Sr. Coscia porque no me creo dueño de la verdad. Vean mi comentario y verán que escribí que mi opinión es personal; nadie tiene porque adherirse a ella. No critico personalmente al Sr. Huaroto. No lo conozco así que mal haría en hacerlo. Simplemente expuse por qué no me gustó la redacción de este artículo en particular. Su aporte en general al blog es muy bueno y nadie lo discute. Así que no busquen problemas donde no los hay.

    Saludos cordiales y respetuosos a todos.

  62. Sergio

    Zipo, le envié a Jorge Marin un libro llamado Lolo Eterno. En este libro mencionan más de una vez sobre el equipo olímpico peruano que le ganó a Austria en las olimpiadas cosa que no le gustó al picón de Hitler que mandó anular el partido (alegando dimensiones reducidas del campo) y realizar otro.
    Para mi esta historia es una gran mentira, porque si fuera asi Jesse Owens no hubiera regresado con cuatro medallas de oro porque Hitler o Goebbels hubieran mandado repetir las pruebas.
    Hay una versión que cuenta lo siguiente: después del empate 2 x 2 en el tiempo normal entre Austria y Perú, algunos hinchas peruanos invadieron el campo y agredieron a algunos jugadores austriacos. En el tiempo suplementar Peru hizo 2 goles y los austriacos protestaron diciendo que habían sido prejudicados por los jugadores peruanos (en este caso realmente para el regimen nazi una disputa legal entre Austria y Peru, los peruanos no tendrían ninguna chance) siendo por este motivo anulado este partido y programado otro. A la delegación peruana (completa, no sólo la del futbol) no le gustó esta decisión y resolvió retirarse de las olimpiadas. En el Perú las comemoraciones que duraron dos días (en esa época las noticias debían demorar bastante) se transformaron en manifestaciones de rabia contra los alemanes que trataron de todas las maneras posibles de convencer que la decisión no fue del gobierno alemán y si del comité olímpico internacional.
    Una cosa que siempre me incomodó son las disculpas que se colocan cuando el deporte peruano no consigue ganar cuando tendría alguna posibilidad de hacerlo. Se inventan un montón de disculpas. En este libro de Lolo, el Perú era el gran favorito a la medalla de oro y no la ganó porque Hitler no dejó. Así como estas “victorias” hay muchas otras. Perú no se clasificó al mundial de México 86 porque Camino destruyó a Franco Navarro y Ruggeri cometió falta en el segundo gol marcado por Argentina a un minuto del final (menos mal que el árbitro no lo anuló sino tendriamos otra tragedia), Perú no fue al mundial del 98 pero fue la mejor selección de las eliminatorias (eso lo lei en El Comercio), Perú no ganó el mundial del 70 pero fue la selección fair play.
    Se que el asunto es sobre la tragedia del estadio pero el amigo Zipo abrió las puertas para discutir sobre este asunto.
    Un abrazo a todos.

  63. zipo

    Gracias Sergio. Interesantisimo lo que pones y si, no es el unico caso en que “casi” pasamos a la historia y justo el destino nos “jugo una mala pasada”.
    Anhado a lo que pones, y es que el comite olimpico y la FIFA tenian independencia al regimen Nazi, lo cual permitio que Jesse Owens no tuviera problemas a ganar y que atletas que serian luego perseguios ganasen pruebas. Los Nazis estaban intentando dar al mundo una imagen de pueblo civilizado y abierto (Dios mio! si que hacian finta) y esas olimpiadas eran historicas y carisimas (se construyo la primera villa olimpica).
    Las versiones de que estudiantes peruanos en Berlin invadieron las canchas esta registrada, pero la informacion se contradice en unos diarios que dicen que entraron con fierros y que eran muchos y otros que eran un grupito.
    Tambien se registra que no era el Dream Team Austriaco sino que era un equipo de suplentes (esto si no lo entiendo, a no ser que sea por la condicion de Austria en esos momentos, pero me parece raro, aunque asi esta registrado).
    En una exhibicion en Barranco de este documental Olympia (De Leny … no puedo escribir bien el apellido de esta excelente actriz y directora lamentablemente propagandista para los nazis) tambien se proyecto un especial de Panorama donde se veia un metraje de la delegacion peruana pasando frende al podio principal saludando con la mano alzada. Poco despues le pregunte a Walter Ledgard a quien vi en su academia el porque y me dijo que este era el saludo olimpico tradicional.
    Es gracioso porque en ese especial de panorama los olimpicos peruanos narraban de forma muy amena anecdotas de como a un jugador enemigo, que metia goles decidieron “mandarlo a sala de operaciones sin anestesia” y como un maratonista peruano que corria y estaba en la maraton lo vieron desviarse e irse al comedor y comentar “ya perdi la maraton pero no me voy a perder el almuerzo”. A mi me hizo ver con ternuro a estos grandes hombres que nos representaron y que nos dejaron muy bien parados en Berlin.
    Es cierto que teniamos posibilidades porque parece que Alemania no jugaba (no me pregunten por que) y parece que teniamos una buena carta en esgrima y otra muy posible con el brujo ledgard (por favor corregirme…se hubiera enfrentado a Tarzan Johny Weissmuller?).
    La comision peruana se reunio con las otras confederaciones latinoamericanas y todos mostraron indignacion por la anulacion del partido contra austria y se decidio retirars de las olimpiadas. Al final el Peru se retiro…Y nadie lo siguio..
    Parece ser que luego, en el 46 cuando se supo de las atrocidades Nazis (eso si, lamentablemente tomo tiempo para descubrir la magnitud del horror), politicamente se uso el argumento de Hitler.
    Lo que no queda claro es que si se llego a jugar o no un nuevo partido contra Austria en un encuentro sin espectadores, unos dicen que si otros que no.
    Se cual sea el asunto creo que manguera villanueva y lolo fernandez son por siempre nuestros idolos.

  64. Buenas anotaciones sobre las olimpiadas de Berlín, si pueden se esperan un poco y hago una entrada propia sobre ese tema.

  65. Sergio

    Ok Jorge, no desvío más el asunto. Finalizo complementando la información de Zipo. Alemania si disputó el fútbol, fue eliminada el la primera rueda por Noruega y eso si no le gustó ni un poco a Adolfito.

  66. Estimados lectores. Permitanme dar otros aportes a este importante tema. El árbitro uruguayo Pazos, no se retiró del arbitraje cuando se enteró de la magnitud de la tragedia. Siguió dirigiendo en su país y mantuvo su insignia FIFA. Ingresé a la web de la CONMEBOL para ver los archivos de la Copa Libertadores y encontré su nombre dirigiendo algunos partidos hasta la edición de 1971. Las preguntas serían. ¿Es qué no hubo algún tipo de sanción para él, los dirigentes de ese entonces no determinaban algún castigo para los malos árbitros?. Sólo nos hicieron el favor de no programarlo más en los partidos de los equipos o las selecciones peruanas, pero él siguió haciendo esa labor en su país. Actualmente, ni el propio gremio de árbitros de fútbol uruguayo sabe si vive o no. Yo añado esto, por que hace pocos años, periodistas de “Deporte Total” de “El Comercio” llamaron a Montevideo y entrevistaron al ex internacional Ramón Barreto Ruiz y éste manifestó no saber nada del tristemente recordado Angel Eduardo Pazos. Para concluir, invito a los arkivistas a ingresar a este archivo: http://www.cnr.org.pe/secciondeportes_informes.php , alli encontrarán un informe que la Coordinadora Nacional de Radio (CNR) hizo en marzo del 2007 sobre la tragedia. Por si acaso es un informe radial. Muchas gracias.

  67. gustavo

    Hace unos días en el programa Planeta Deporte de Canal 7 pasaron un reportaje sobre la tragedia del EStadio Nacional con motivo de cumplirse 35 años de la misma. El informe duró como 5 minutos y todo ese tiempo transmitieron imagenes de video (pelicula antigua) del partido y lo que sucedio tras la tragedia con la voz del locutor en off. Me imagino que era ese el video que querían poner en Arkivperu; asi que si es así podrían buscar en Youtube, a lo mejor alguien ya subió el reportaje de Planeta Deporte y solo tendrían que insetar el video.

    P.D 1: Me parece que Planeta Deporte se copió de un reportaje de media hora de duración que se transmitió en el 2004 en Canal N sobre el caso. En el se veía incluso una entrevista al negro “Bomba” y varias fotos.

    P:D 2 : A propósito de videos me dicen que hay uno del partido de la Bombonera !a colores!! Y hasta donde he podido notar no se trata de colores agregados digitalemente sino de una filmación en película de colores. se ve uno de los goles de Cachito y los dos argentinos. Creo que mejor les aviso cuando se acerque el 40 aniversario de ese partido .

  68. zipo

    Y bien que cobro una revancha terrible, los Nazis invadieron Noruega del 1940 al 45.

  69. Existen sanciones para malos árbitros? Nunca he escuchado de eso, el árbitro noruego que dirigió el partido Chelsea-Barcelona se comió por ejemplo tres penales claros y que yo sepa no le ha caido sanción alguna. Errar es humano, aunque el referí este ya abusó…

    De todas maneras sacaré el video de este partido del 64, lo del video a colores del partido en la Bombonera suena increíble, de dónde salió esa información?

    • Patrick

      Existe un espíritu de cuerpo donde se sanciona pero no se hace público, para evitar que el público haga burla de la incapacidad del árbitro, un indicio de esas sanciones es que a fulano no lo programan por cierto tiempo, en el argot deportivo se denomina “meter al árbitro a la congeladora”, otro indició son las “chapas” o motes que el público coloca a los hombres de negro, recuerdo que a un árbitro de apellido Arana le apodaban tarjetita, porque solía pintar de amarillo y rojo a gran cantidad de jugadores, suplentes y cuerpo técnicos de los equipos a los cuales arbitraba

  70. zipo

    Mira, hace poco hubo el debate que las jugadas dudosas serian repetidas en jumbo pantalla para que el arbito las discuta con los jueces de Linea pero se desetimo. Un comentarista dijo que eso quitaria al futbol su grado de encanto y falibilidad.
    Y a muchos de nosotros la posiblidad de culpar al arbitro cuando nuestro equipo pierde.

    • Diego Mamani Crevani

      Yo creo más bien que la FIFA quiere conservar su derecho a manipular resultados… la tecnología sería un obstáculo para ellos, no una herramienta.

  71. Carlos

    Amigo zipo, el “brujo” Walter Ledgard no se hubiera enfrentado a Johnny Weismuller, pues este deportista ya había iniciado su carrera como Tarzán en 1932 con “Tarzán, el hombre mono” en la Metro. Su carrera olímpica se desarrolló en la década de los 20 del pasado siglo.

    Saludos a todos.

  72. zipo

    Gracias por el dato, Weissmuller era todo un record man, y parece que era amigo de Ledgard o al menos en el programa de Pablo de Madalengoitia “Esta es su vida” lo invitarion en el programa dedicado al Brujo. En su academia todavia habian fotos de tan memorable visita.

  73. Para Arkiv Perú. Lo de la sanción a los malos árbitros se da de una manera tácita. A un árbitro que tiene constantes errores o su actuación es cuestionada permanentemente, simplemente lo dejan de programar , y como cada año hay evaluciones para determinar si sigue en su categoría, puede ser descendido de FIFA a primera o de primera a segunda, etc. Este tipo de evaluaciones sirven también para el ascenso de los que más destaquen. Sobre el documental que pasó el canal 7, lamentablemente no lo pude ver, pero sé que esa televisora, en la época de “DxTv” que dirigía Bruno Espósito, contaba con un material en VHS que contenía imágenes del partido, el gol anulado a “Kilo”, el ingreso del “Negro Bomba”, y la reacción de la policia. La producción termina con el descenso de aficionados de la tribuna norte a la cancha y se observa el humo producido por los gases. No sé de que manera llegó a ese canal, pero se notaba que había sido pasada de una pelicula, sin ninguna locución y sólo se escuchaba el griterío del público, y al final aparecía el logo de cerveza Cristal. Tal vez se trate del mismo material. Para cerrar, quisiera saber si escucharon el informe de la CNR, al cual recomendé ingresar. Considero que es un material valioso, sobre todo si contiene el testimonio, aunque breve, del periodista Jorge Salazar, que falleció a fines del año pasado. Nuevamente gracias a Uds. por su atención.

  74. Disculpen. Ingreso otra vez para señalar, que si existe un documento a colores sobre el Argentina vs. Perú de 1969. Hace poco a través del canal Gol Tv. del cable anunciaron la transmisión de un especial con varios temas y uno de ellos era anunciado como: “cuando Argentina quedó fuera de un campeonato mundial” y se referian a México 70. En el avance, a todo color, se ve a los argentinos saliendo al campo de juego. Me pasé varias horas esperando ese programa, con mi grabadora de DVD lista, y nada. En ese canal, al parecer no dan a conocer su programación con antipación. Habrá que escribirles y solicitarles que lo repitan. Gracias.

    • Alfonso García

      En Youtube encontré dos videos muy interesantes:
      1) Efectivamente, extractos del Argentina – Perú en la Bombonera, a color, y desde la tribuna contraria al video que hemos visto tantas veces.
      2) Entrevistas de un periodista argentino a Cubillas, Chumpitaz y hasta un jovencísimo Percy Rojas, en la previa del Argentina – Perú. Ninguno de nuestros representantes dijo esa triste frase “firmo el empate”. Cubillas hablaba que Perú iba a demostrar en cancha lo que había sido en la eliminatoria, un equipo superior a Argentina (imagínense a un joven Cubillas respondiendo así, a un periodista argentino, en la previa a tan trascendental partido), Chumpitaz, sereno, pero asegurando que se venía a ganar, y Percy Rojas de 17 años posiblemente, diciendo que Perú “venía a ganar”.
      Es impresionante no solo como documento histórico, sino porque permite apreciar la actitud distinta que tenían nuestros protagonistas en esas épocas. Recuerden que el año 67 la U le había ganado a River y a Racing en Buenos Aires, y eran épocas que nuestros equipos eran respetados en Argentina.

    • Alfonso García

      Complemento mi entrada anterior con uno de los links a los que me refiero:
      Previa realizada por periodista argentino: https://www.youtube.com/watch?v=pjNONnDJ-Gk

  75. Hola Carlos, efectivamente, existen evaluaciones para los árbitros, pero que no los programen en partidos importantes no es una sanción o castigo, es una evaluación de su bajo rendimiento.

    Si se aplica un castigo sería en todo caso por un acto extremo, si el árbitro por ejemplo agrede a un jugador o algo por el estilo.

    La filmación del canal 7 sobre este partido es exactamente la misma que yo tengo y se ve lo que tu explicas.

  76. gustavo

    ACTUALIZACION de http://www.arkivperu.com/blog/?p=1974#comment-145245: Solamente para corregir unas fechas:
    1) el reportaje Planeta Deporte se hizo debido a cumplirse 45 años de la tragedia, no 35 años. El repostaje de Canal N se hizo cuando se cumplieron 40 añosde la misma en el 2004.

    !Como vuela el tiempo!

  77. Julio Cesar

    Saludos a todos. La mayor tragedia del futbol peruano y mundial. Al leer los comentarios sobre este tema me trae el recuerdo lo que ocurrio en la final del Campeonato Europeo de clubes entre Juventus y Liverpool , tambien hubo muchos muertos en ese partido pero fue por la accion de los hooligans. Esperemos que no vuelva a ocurrir otra tragedia semejante. Esta pregunta ve para el Sr. Carlos C ya que Ud. lo comento lineas arriba , el partido entre Cristal y Barcelona no termino 2-2. Encontre en una pagina del Barcelona de Espana lo siguiente :

    27-7-1964 Sporting Cristal 2-2 Barcelona

    Cristal : Rubinos , Campos , De La Torre , Carmona, Vega, Canovila, Del Castillo , Pelaze , Gallardo , Didi , Gomez Sanchez .

    Barcelona : Pesudo , Olivella , Eladio , Torrent , Verges , Gracia , Hermes Gonzalez , Zaballa , Pereda, Kocsis , Seminario.

    Goles : Zaballa , y Cayetano Re.

    Lo comentado por Ud. y lo que encontre en la pagina del Barcelona me genera controversia. Tambien es mencionado este partido en you tube en un especial del programa Panorama titulado “Futbol de antologia”.
    Mi inquietud es si es el mismo partido o es otro ya que en las alineaciones hay nombres tergiversados como Pelaze y Canovila me genera dudas este nombre ; la delantera que Ud. menciona es correcta comparandola con lo que transcribi ; en una pagina del Cristal encontre la foto del equipo que alineo ese dia ; tambien en la pagina del Barza solo aparecen los goles de ellos y no los del cuadro rival. Espero me corrija o confirme el partido y el resultado. Muchas gracias por su atencion.

  78. Carlos C

    Julio César, efectivamente el resultado final del partido jugado el 25 de julio de 1964 fue de 2 goles por lado.

    Puedes visitar el siguieinte link que tiene imagenes de aquel partido (Jorge no se si me puedes orientar para poner el link con acceso directo porque no lo he podido hacer)

    http://www.youtube.com/watch?v=xm1WNPERxAk

  79. Juan Carlos

    Al NEgro Bomba aun se le encuentra como guachiman en la entrada de El Trocadero(y del Botecito), alli nomas pasando la Argentina. Invitale una cerveza y te contara con lujo de detalles su version de la historia…

    firme…

  80. Estimado Juan Carlos. El tristemente recordado Melecio Vásquez, negro “Bomba” falleció hace años. Me parece que cuando se cumplieron 40 años del lamentable hecho ya no vivía. Quizás en el lugar que tu señalas en la Av. Argentina exista alguien parecido. O lo que tu dices te sucedió hace años?

  81. SABINO H.

    RECUERDO ESA EPOCA ESTUVE DONDE UNA TIA EN BALCONCILLO QUE PARA ESA EPOCA ERA LO PITUCO DE LA VICTORIA, YO VIVIA EN RENOVACION, PERO MI PREGUNTA ES, FUE O NO FALTA DE KILO , . SAQUENME ESA DUDA, CREO QUE HAY UN VIDEO, QUE PUDE OBSERVAR HACE MUCHO TIEMPO Y NO PUEDO ENCONTRAR.

  82. George C Coscia

    Fue falta de Kilodelico, plancha o jugada peligrosa como se decia entonces, pero todos los fanaticos se preocuparon mas de que convalidaran el gol de empate que de revisar o adherirse al Reglamento, eso, aunado a la paliza que recibia el negro Bomba por incursionar dentro del campo de juego tratando de agredir al referee y la respuesta agresiva de los policias con bastonazos y bombas lacrimogenas causo un panico general que termino en estampida hacia unas puertas de las tribunas que estaban cerradas y clausuradas con candados, ya que se pretendia evitar la “segundilla” o ingreso tardio sin pago de algunos hinchas como solia suceder en esos tiempos…. desacierto tras desacierto hizo estallar la burbuja

  83. Excelente crónica de aquellos hechos. Soy español pero simpatizo por un familiar mucho con Perú y el fútbol peruano. Buscando información sobre esta historia triste encontré este blog y he leido todos los comentarios. Excelente. Hoy he estado hablando casualmente con un aleman que daba clases en aquella epoca en el colegio aleman de lima y que fue a ver el partido y me contó tambien lo del vandalismo en los exteriores. Una pena. Descansen en paz todas esas personas.

  84. pili

    Por favor algunos de ustedes tiene la relacion de las victimas de ese dia o donde se encuentran enterrados. por favor envieme informacion

  85. ashley isabel rodriguez suarez

    bueno solo quiero desir q en aulella tragedia perdieron a una chica como a bastantes persinas pero esa chica se iba a casar con su amado zacariaz en cañete pero no pudo su amado sufrio mucho y bueno solo quiero aser un breve recuero y de esta historia de la flor de maria y sacariaz murio en una trajesia x los polisias .. GRATA FLOR DE MARIA Y LA AOTINUACION FLORES DESPUES DE LA MUERTE .
    DEANSE CUENTA DEL DOLOR Q CAUSARON ADIOS..

  86. David

    Lo único que les puedo decir es que mi hermano que en paz descanse y que de Dios goce iba a asistir al partido, pero, como jugaba pelota tenía un partido en la cancha del Potao a las 10 de la mañana del domingo 24 de Mayo, no se porque razón, este partido se retrasó y comenzó recién a las 11 de la mañna ppor lo que me contó llegó a mi casa a eso de la 1 ó 2 pm y no pudo asistir al partido por lo que lo vio por televisión, sino, también hubiera fallecido, eso es lo que me dijo por lo vehemente que era no hubiera podido resistir las bombas lacrimógenas, justo dos de los muchachos que vivían cerca de mi casa murieron y su fotografía salió en el periódico cuando sus padre los tenía a los dos cada uno en un brazo, es conocida esa foto, saludos

  87. julio hector lozano c

    hoy día han transcurrido 46 años y todavia quedan bastantes dudas acerca de la tragedia nacional, como el nombre del denominado “NEGRO BOMBA”, algunos dicen que se llamó melecio vasquez y otros dicen que se llamo germán cuenca arroyo. por tratarse de algo delicado se debe esclarecer la verdadera identidad de la persona que ingreso al campo del estadio nacional, para que no se cargue de responsabilidades a quién no estuvo presente. averiguare con los periodicos de la epoca el verdadero nombre del llamado “NEGRO BOMBA” y también como el denominado oficial de la guardia civil victor azambuja llego a ser general.

  88. Jorge Castro Salazar

    Ese 24 de mayo fue una tarde tragica y muy triste para el deporte peruano.
    Debemos y podemos evitar a los “negros bombas” a “policias incapaces” ; pero lo que es casi imposible evitar que los argentinos reconozcan hidalgamente las derrotas o marcadores adversos.
    Gracias a Dios que existe ahora la televisión…

    PD. Hoy en día no cierran las puertas de los estadios

  89. Johnny

    Amigos, lamentable todo lo ocurrido hace 46 años, a pesar de los “negros bomba” “policías ineptos”, lo que hay que rescatar es que siempre al futbol peruano, desde hace muchos años, nos tienen marginados, les pongo como ejemplo el último partido jugado por Alianza Lima. Si las autoridades del futbol nunca han hecho nada, entonces que podemos esperar.

  90. ivo

    ahi en ese futbol perdi a mi padre ,yo estaba dentro de mi madre ,mi hermano de 9 meses y mi madre tan joven de 20 años quedo viuda ,detesto el futbol aaaaaaaaalmenos cuando se ponen furiosos y el de´porte no se debe convertir en tragedia ,bueno estuve revisando esta pagina para saber mas de esta tragedia y me siento mal ,q nunca vuelva a pasar esto se lo pido a mi dios para q no qeden mas huerfanos como yo .

  91. yo tenia 3 años cuando paso eso fue algo escalofriante , mi padre fue al estadio ese dia y las entradas se habian agotado , gracias a dios ,las fotos en blanco y negro que estan antes de la portada del grafico son originales de la revista CARETAS de ese año, un tio y primo si llegaron a entrar , cuando ocurrio la tragedia lo que hicieron ellos fue subir a lo mas alto de la tribuna junto ala torre de control y alli esperaron hasta que paso todo.

  92. Juan Sebastián

    Ese día fui al estadio con mi papá, el queria entrar yo tenia 11 años, y la reventa estaba muy cara, mi papá estaba regateando, habia demasiada gente, en eso dos policias en caballo llegaron y los caballos se asustaron con la multitud y les dio a dos muchachos una patada que les llegó a la cabeza y la espalda, cayeron privados y se los llevaron en una camioneta al hospital, fue cuando me negue rotundamente a entrar al estadio, le dije a mi papá que tenia miedo y que queria irme, fuimos a la plaza Manco Capac, a tomar un lonche y después caminamos hasta la plaza San Martin, para tomar un tranvia para el Callao, cuando ya estabamos para llegar al Callao, la noticia comenzó en las radios, y en la t.v. primero dijeron 100 muertos, después 150, hasta la cifra oficial de 323 muertos, fue un dia nublado y horrible, quisiera olvidar, mi papá ya no está vivo, yo tengo 57 años, he ido al estadio unas 10 veces y siempre me acuerdo de ese día.

  93. erick

    arkivperu, muy interesante articulo de una de las tragedias mas notables en nuestra historia. ojala puedas incluir una entrada acerca del golpe de estado de 1968 pues segun yo,fue un evento que cambio bruscamente a nuestra sociedad y politica nacional.
    una cosa mas,donde puedo conseguir el libro los prodigiosos años 60 de thorndike?

  94. Gregorio Huaroto

    Jorge,

    Propongo que Daniel García Silva efectúe la sugerida entrada sobre el golpe del 3 de octubre de 1968, tema que sería interesante tratar en este foro.

    Un abrazo,

    Gregorio Huaroto
    GH

  95. erick

    saludos, y no olviden tambien entrevistar a gente que conocio en persona esos eventos. la entrada del limazo del 1975 es muy interesante,y comentada,y cuando se menciona la historia del peru, me fascino

  96. Daniel García Silva

    Gregorio, gracias por tu confianza.
    Coordinare con Jorge para saber cuanto de plazo me da, pues estoy corto de tiempo y no puedo entrar al blog con la frecuencia que quisiera.
    Un abrazo.

  97. Julio Cesar

    Saludos a todos. Solo para corregir los nombres de la
    alineacion del Cristal que enfrento al Barcelona de Espana. El
    jugador que figura como Canovila es Ecio Capovilla volante
    brasilenho que jugo en Vasco ,Fluminense , la Seleccion Brasilenha
    y en Cristal del 64 al 66 donde termino su carrera. El otro jugador
    es Jesus Pelaez. En la web del Barcelona estan tergiversado los dos
    jugadores. Uno de los goles de Cristal lo hace Didi de penal. El
    otro gol ya aparecera mas adelante. Muchas gracias por su
    atencion.

  98. Pepe

    Recuerdo que hace 30 años mi padre me hablaba del arbitro uruguayo Pazos que provoco la tragedia por un fallo discutido, y la acción provocada por el negro “Bomba” un aficionado que era muy conocido en esa época, y que supuestamente invadio el campo de juego para agredir al arbitro. Por lo que asumo que Payos, es un error que han ido aucumulando en internet al no hacer la verificación oportuna.

  99. mariella

    pues si yo he escuchado esa historia una y otra vez por mi papa kien era mi peqño en aquel entoncs pero me dijo algo q realmnt se me escarapela el cuerpo al pensarlo q aun despues d 47 años c puede escuchar el grito d esos hinchas por las noches en el estadio el grito d gol es muy claro sobretodo bajo la bombonera FDPB mi papa ex boxeador y ahora entrenador recuerda mucho este suceso xq al concentrarse con sus compañeros en la federacion podia notar estos gritos

  100. jshagfioy w43794ty3n

    En ese entonces mi madre era médica en el Hospital Obrero -hoy Almenara-, y nos contaba como después de ocurrida la tragedia convocaron por las radios -había pocos teléfonos particulares- al personal asistencial del hospital dado que era domingo y el personal de guardia no se podía abastecer. Entre otras cosas a mi madre le tocó dar un reporte de muertos y heridos ingresados a esa Emergencia.

    Mi madre nos contaba la escena que a ella en particular le quedo grabada de la tragedia del Estadio Nacional: Los cuerpos sin vida al aire libre en el estacionamiento del hospital al quedar rebasada la capacidad de la morgue…todo bajo una fría garúa…

  101. Patrick

    MI viejito estuvo ese día en el estadio, al igual que otros padres de amigos del barrio, él me contó que la gente fue muerta aplastada contra las puerta cerradas y pisoteadas por la gente que atropellaba en busca de una salida. mi viejo estaba en norte y me dijo que con otros hinchas rompieron las lunas de la torre y se subieron, salvándose de la tragedia otro padre de una amigo que dijo que estaba en oriente y lo que hizo fue subir lo más alto que pudo quitarse la camisa, mojarla en un baño y cubrirse la cara para tratar de minimizar los efectos de los gases, definitivamente nada justifica la reacción de capitán de la policía de quien autorizó el uso de los gases lacrimogenas y avaló el soltar los perros al tristemente célebre negro bomba ( Edilberto Cuenca) vecino del Breña, de muy malas aficiones y de agresivas reacciones, otro padre de un buen amigo me contó la desgarradora escena que vivió a tener que reconocer a un primo suyo entre los cadáveres, la verdad es que aún me impacta el recordar esos relatos. Por último he entrado a la cancha de estadio Nacional de noche con las luces apagadas, ver las graderías es impresionante y al igual que entrar al coso de Acho, se siente una sensación rara, densa y pesada, me cuentan que así se siente en lugares donde han muerto personas, según la cultura popular a eso llaman “penar”.

  102. Patrick

    hago un par de correcciones, acabo de llamar a mi viejito y me corrige algunos datos: primero el negro bomba no se llama Edilberto Cuenca sino Vasquez y el jefe de la policía en el estadio no era capitán, era de mayor graduación y se apellidaba Azambujar, una leyenda urbana dice que ese efectivo no ascendió más y me cuenta que otro dicen que nunca volvió a ser le mismo y que vivió con la culpa de sus decisiones. También recuerdo un reportaje a ese policía para un aniversario de la tragedia y no lo recuerdo ni apesadumbrado ni esquivo de la realidad.

  103. rosario cardemil pizarro

    hace 47años que llevo en el recuerdo a una amiga que tenía por correspondencia,como se usaba en esos años,en su ultima carta me contaba ilusionada que su padre le llevará al estadio ese día,estaba feliz y que ya me contaría en la próxima carta….carta que nunca llegó,han pasado los años y siempre lo cuento a mis amigos,quiero rendir un homenaje a todos los que murieron ese tan desgraciado día,mi amiga era hija de inmigrante japonés y si se clasificaba Perú iria toda la familia al Japón a ver a su equipo,tenían un restaurante chino o japonés ,quería contarlo…ahora tengo 63años soy chilena y vivo en España,un saludo para todos los Peruanos.

    • Diego Mamani Crevani

      Rosario, gracias por compartir una anecdota tan interesante. Si conservaste la carta todos estos años quiza la podrias publicar aqui en version digital.

  104. Ivan candela

    Aun tengo esos recuerdos la verdad jamas los he podido evitar.Yo tenia solo seis de edad y mi padre me llevo a ver ese partido.No se como consiguio las entradas porque habia filas enormes de gente ,.entre ellos un senor muy gordo al que la gente hacia presa de sus burlas gritando “saquen a ese chancho”,Lo que ocasionaba a dicho aficionado un gran disgusto.Tiempo despues,al preguntarle a mi padre por este personaje me dijo que fue una de las victimas fatales de ese aciago dia..Aun tengo latentes los recuerdos del negro bomba apaleado por la policia y de un segundo sujeto que trato de atacar al arbitro y fue derribado con un “cabe” ejecutado por un policia.Lo demas es muy borroso: gente golpeando ferozmente las tribunas,un griterio ensordecedor y mi padre sacandome en hombros por una puerta que felizmente no habia sido cerrada.yo estaba en la tribuna sur,no se si hubieron victimas alli.Al llegar a casa nos enteramos que ya habian bastantes muertos.Una tarde espantosa,la peor de mi vida algo que no he podido olvidar en casi cinco decadas.

  105. Jonathan

    En una de mis ultimas visitas al cementerio el angel, encontre unas pocas nichos con esa aciaga fecha, 24 de mayo de 1964, pense encontrar mas nichos, de seguro que estan en otros cuarteles o en provincias ..

  106. dieguito

    todo eso me conto mi abuelito el fue uno de los sobrevivientes en tal tragica tragedia

  107. Diego Mamani Crevani

    La Gaceta de Montreal, 20 de noviembre de 1971
    (Traducción del inglés del Dr. Diego Mamani)

    LIMA, Perú — (Reuter) — Un oficial retirado de la policía fue sentenciado ayer a 30 meses de prisión por ordenar una acción policial que resultó en la muerte de más de 300 personas en un desastre futbolístico en Lima hace siete años.

    La peor tragedia del deporte moderno se dio durante un juego entre la Argentina y el Perú el 24 de mayo de 1964, cuando una lluvia de gases lacrimógenos arrojados a espectadores revoltosos desencadenó una estampida en la que murieron 328 personas.

    La sentencia se dio cinco días antes de que expiraran los cargos contra el coronel retirado de la policía Jorge Azambuja Reyes, de acuerdo a las leyes peruanas de prescripción de los delitos.

    Azambuja, quien pasó al retiro después de la tragedia, había eludido la sentencia dándose a la fuga y no presentándose ante el tribunal que juzgó el caso.

    Pero él se entregó a inicios de esta semana después de que el gobierno diera un decreto autorizando a los tribunales a juzgar y sentenciar a las personas in absentia, e imponer penas más severas que las ordinarias.

    El tribunal, que negó a Azambuja el derecho a apelar, también lo encontró culpable de negligencia y de no haber adoptado precauciones de seguridad cuando ordenó el uso del gas lacrimógeno al final del partido.

    Los manifestantes en el Estadio Nacional de Lima estaban protestando la decisión del árbitro uruguayo Angel Pazos de anular un gol peruano cuando el equipo local venía perdiendo 0-1 en las eliminatorias regionales para los Juegos Olímpicos de Tokio.

    Azambuja negó haber ordenado el uso del gas lacrimógeno pero admitió que no hizo nada para corregir las condiciones deficientes de seguridad en el estadio.

    La fiscalía, que había pedido una sentencia de cuatro años, mostró fotografías del mismo Azambuja arrojando las granadas de gas lacrimógeno hacia la multitud presa de pánico.

    El oficial retirado de la policía, a quién también se le ordenó pagar una reparación ascendiente a $20,000* a 60 heridos y a los parientes de 117 muertos, servirá su sentencia en un cuartel policial.
    ________________________________
    * N. del T. Dólares canadienses, muy probablemente.

    • Diego Mamani Crevani

      Cuirosamente, como se publicó en el diario oficial, Jorge de Azambuja Reyes fue ascendio a coronel de la BGCP el 13 de marzo de 1968 por R.L. No. 16950.

  108. Eduardo Aguilar

    Una aclaración: tengo entendido que el “Negro Bomba” se llamaba en realidad Victor Melacio Campos, no Germán Cuenca, como se menciona en este articulo.

  109. SALVADOR

    De esta tragedía recuerdo haber observado unas horrorosas fotos en revistas LIFE norteamericana , la O’ Cruzeiro brasilera, Caretas Ilustración peruana (algunas son reeditadas en el libro de Thronrdike) y en ASI argentina.
    De toda la información que he tenido acceso me queda claro los siguiente:
    1) La selección pre-olimpica de Perú requería el triunfo para clasificar (la Argentina ya estaba clasificada y se pensaba que le “daria” el partido a Perú)
    2) El árbitro Angel Pazos era uruguayo de mediana experiencia en su carrera referil y anuló justificadamente el gol de “Kilo” Lobatón por “plancha” previa al intento de despeje del defensa Andrés Bertolotti. Pese al impacto psicológico se mantuvo en el referato hasta 1972. En declaraciones remembrativas antes de su decía “Si hubiese imaginado tal magnitud de tragedia hubiera convalidado el gol”
    3) Los invasores del campo fueron cronológicamente Victor Melasio Campos (a) “Negro Bomba” que alcanzó a agredir al juez y luego “molido a palos” por la policia, luego invadio el campo Edilberto Cuenca que fue detenido despues de un “cabe” hecho por otro policia.
    4) La orden de lanzar las “bombas lacrimogenas” partió del jefe policial Jorge Azambuja, condenado por este hecho unos años mas tarde. Este refirió que ante la magnitud de la perdida de control ante la muchedumbre enardecida se vio obligado a obrar de tal modo.
    5) La intemperancia del público, que ya había dado muestras de impaciencia en partidos previos, estalló en razón a ciertas medidas gubernamentales.
    6) También se utilzaron perros policias en el recinto y rochabuses con disparos primero al aire y después “a matar” en las afueras del estadio.
    7) Las puertas se mantuvieron cerradas porque el recinto estaba totalmente copado sobrepasando largamente el aforo de las 53,000 personas, precisamente para evitar la “segundilla” que podría nutrirse del otro evento deportivo (la carrera de autos en el “parque de la exposición” y “zanjon”)
    8) El relato de Thorndike, me parece el más descriptivo de los momentos en que se produjo la estampida humana y el concomitante aplastamiento de las victimas.
    9) Los recuerdos personales por muy reiterativos que puedan parecer, siempre aportan un tinte que ayuda a dar o quitar verosimilitud a las diferentes versiones de los hechos y por tanto no deben ser desdeñadas asi su redacción no sea del agrado de uno.
    10) Oficialmente se aceptan como 328 las victimas fatales pero como siempre existen testimonios y versiones extra-oficiales que “engordan” ese número.
    11) Como colofon Teofilo “Lito” Salinas presidente en aquel entonces de la FPF renuncio al cargo para ponerse a disposición de las investigaciones.
    12) En un documento oficial de la entonces Guardia Civil a la que peretenecia Azambuja, se responsabilizaba de los hechos a la “agitación comunista” .
    13) La tensión politica obligó al presidente Belaunde a decretar la “Ley Marcial por un mes.
    14) Alianza Lima que iniciaba su participación en la Copa Libertadores de aquel año aprovecho el cierre obligado del estadio para negociar su “localía” para sus partidos con Indpendiente de Avellaneda y el Millonarios de Colombia.
    15) El estadio nacional entro en una fase de refacciones y estuvo cerrado por mas de medio año.
    16) Durante la llamada “guerrita periodistica” en 1971 entre argentinos y peruanos, el diario “Clarín” de Buenos Aires saco una portada donde titulaban “En Perú abunda la barbarie y la mentira” y (recordandonos la tragedia de mayo de 1964) subtitulaban “Estadio Nacional de Lima tiene un bonito cartel: 325 victimas”, al parecer se olvidaban de sus tragedias en 1944 en el estadio de River (07 muertos) y la de 1968 de la puerta 12 del estadio monumental de Nuñez (71 hinchas de Boca muertos).
    17) Existe una serie de relatos que alimentan la “leyenda urbana” de que los muertos de la tragedia “penan” en la tribuna norte del Estadio nacional de Lima.
    18) En el libro “La opera de los fantasmas” del periodista Jorge Salazar se desliza la idea que tambien hubo una buena proporción de muertos por los linchamientos populares y las balas de la policía.
    19) Si se cataloga una tragedia por el número de muertos la peor tragedia en el futbol ocurrio en 1982 en el estadioo Lushniki (Lenin) en Moscú, donde se aceptan por lo menos 350 victimas fatales (el gobierno sovietico solo aceptaba 60).
    20) En definitiva una sumatoria de errores, omisiones e intereses rastreros siempre se confabulan para llegar a tristes y penosos hechos como el comentado.

  110. Carlitos Lehder

    Uno de mis profesores de colegio contaba en clase que él estuvo esa tarde en el estadio. Decía que luego de que la policía lanzó las lacrimógenas, él, a diferencia de muchos no huyó hacia las puertas sino que se subió a la parte más alta de la tribuna y allí mojó su pañuelo y echado con éste en la nariz, puedo aguantar el efecto del gas. Una chica del salón, linda pero calabacita ella, interrumpió en voz alta: Con que agua mojó el pañuelo profesor? Y el indignado le respondió: Con que agua va a ser pues señorita? Con qué agua va a ser!!!

  111. Carlos Castro Maya

    Felicitaciones a ARKIVPERU por actualizar este informe. Faltaba el video que muchos queriamos ver, pero sería bueno buscar la pelicula de la TRANSTEL, de la que ha hecho referencia Gregorio H., por que al parecer son otras imágenes. Con respecto a los puntos que el amigo Salvador ha puesto en su comentario, debo afirmar lo siguiente. Es cierto que Argentina ya había clasificado, pues habia ganado todos sus partidos, y a Perú además de jugar ante ellos, debía hacerlo después, el miércoles 27 de mayo contra Chile según los registros de la época, y cerrar el domingo 31 ante Brasil. Tras los lamentables hechos se suspendió el torneo, confirmándose la victoria de Argentina 1-0 ante Perú (los dirigentes peruanos habían solicitado se jueguen los minutos pendientes, pedido que la Confederación Sudamericana de Fútbol, no concedió), y se determinó que se defina el segundo lugar entre peruanos y brasileños, que se jugó en Río de Janeiro, quince dias después. La CSF favoreció anticipadamente a los cariocas al programar el cotejo en esa ciudad, pues pudo haber dispuesto que se realice en una cancha neutral. Sobre el punto 5, debo decir que en esos dias había muchas protestas de parte de algunos movimientos políticos en la capital. Incluso, ese año para el jueves 28 de mayo se iba a realizar un paro de un llamado “partido de la juventud”, cosa que no ocurrió por que se suspendieron las garantías constitucionales y además el presidente Belaunde había decretado Duelo Nacional. Acerca del punto 7, le pido me permita corregirlo, pues la carrera automovilística se corrió en el Campo de Marte, y además en ese tiempo no existía la vía expresa o el “zanjón” del Paseo de la República. Del acápite 11, es cierto, el Dr. Teófilo Salinas, renunció a la presidencia de la FPF para ponerse a disposición de las autoridades que se designaron entonces para que hagan las investigaciones, y lo sucedió en el cargo su vicepresidente, don Andrés Dianderas Samanez. Sobre el punto 18, hay varias cosas relacionadas a ello, que ya las referí en los comentarios del acápite 5. Les agradezco por su atención.

  112. Patrick

    49 años de la tragedia y como todo en la vida, las tragedias conviven con los milagros y nada es más milagroso que el milagro de la vida y nacer, hoy hace 49 años nuestro buen amigo Gregorio Huaroto llegó es te mundo, Feliz cumpleaños Gregorio y muchos años más de fructíferos triunfos, que Dios te bendiga y tus familiares.
    Un Fuerte Abrazo estimado amigo

  113. hector ruiz alvarez

    gran reseña historica por parte de escritores y nada mas y nada menos que de gente que vivo en carne propio esta tragedia hace ya casi 50 años,nada tiene mas valor que los hechos contados por gente que estuvo en el estadio aquella fatadica tarde del 24 de Mayo de 1964,la intolerancia y falta de planificacion para organizar eventos de tal magnitud en esa epoca tuvieron gran parte que ver para que se acontezca tan grande tragedia,seria bueno tambien averiguar si es que se puede testimonios de jugadores que estuvieron presentes en la cancha ese mismo dia del partido,saludos.

  114. gustavo

    Buenas noches amigos de Arkivperu
    Solo para comunicar que en el canal de youtube de Archivo Di Film ( archivodechiara) han subido un par de videos ineditos de la seleccion peruana: uno de ellos es su retorno a lima luego del partido clasificatorio en la Bombonera en 1969, y el otro su regreso a LIma luego del Mundial de Meixco.70
    Aun conservo la esperanza que aparezca el video del partido contra Argentina en Lima con gol de Perico…

  115. Raúl

    Hace muchos años compré en Quilca la edición de Caretas sobre la tragedia del 24 de mayo. Era una foto de Ricardo Blume y Saby Kamalich, quienes en ese tiempo protagonizaban una obra de teatro. En una esquina la llamada era: la trágica lección del Estadio. En el interior decía que “Bomba” estaría arrepentido toda su vida por lo que había hecho ( irrrumpir en la cancha), pero, decía, la publicación, sería injusto culparlo a él de todo lo que luego se desató.

    Años después “Pocho” Rospligliosi aseguró que la agresión contra “Bomba” había desatado los desmanes.

  116. Raúl

    El video esta muy bueno. Solo de pensar en el público que llenó ese día el Nacional, me produce nervios. En esa época con la perrera, al coloso de José Díaz ingresaban más de 50 mil hinchas. ¿ Con que juego se reabrió el Estadio, tras la tragedia del 24 de mayo? Esa pregunta siempre me la he formulado.

  117. julio césar

    Para mí según observo en el video SI FUE GOL , no entiendo porque el árbitro lo anula o es que estaba vendido el sujeto ése y por eso es que nunca declaró sobre ese partido. Incluso se dice que hasta hace poco cortaba la comunicación telefónica a los periodistas que intentaban una entrevista con él. El rival era Argentina, recuerden que Chechelev nos anuló un gol ante Bolivia para México 70 para favorecer a la Argentina, según él mismo confesaría años después a unos periodistas. Y ni que decir de Arpi Filho en el 85 con el gol que validó a Passarella justamente también ante Argentina a la que estábamos eliminando.

  118. julio césar

    … Y también en el 2009 cuando Riquelme nos anota en total posición adelantada y ninguno de los árbitros se atrevió a anular el gol. Si el partido terminaba empatado Argentina quedaba casi fuera del mundial y hubiera dependido de otros resultados para ir al repechaje.

  119. Carlos Castro Maya

    A Julio César. Los argentinos siempre han sabido presionar dentro y fuera de las canchas. Como lo he manifestado en mis comentarios anteriores en este blog, antes de jugar ese partido Argentina ya había clasificado y el empate en nada los perjudicaría. En ese tipo de certamenes interesa clasificar, sea primero o segundo, según los cupos que haya para ir a un torneo de mayor envergadura. No me imagino que es lo que pretendían los argentinos, que todas maneras se ubicaron primeros en ese preolímpico, pero hicieron una pobre campaña en Tokio, siendo eliminados en primera ronda. Al amigo Raúl. Fue en julio de ese año en que se reabrió el Estadio Nacional con el amistoso entre Cristal y el Barcelona de España, como han referido algunos seguidores de este blog.

  120. tino guzman

    Lima era tan pequeña, que en palabras de mi padre, no existía un barrio que no contara con una pérdida en aquel fatídico día. Triste historia.
    Saludos y no le den de comer a los trolls, solo ignórenlos…

    • NL

      Tino,
      Yo tenia 10 años de edad en esa época y recuerdo este triste episodio. En el colegio respetamos el minuto de silencio así como las banderas a media asta en la ciudad. Algunos de mis compañeros caminaban con una banda negra en el brazo.

      Hablando de tragedias hoy, 31 de Mayo, recordamos tambiéN el caótico terremoto de Ancash, el pueblo de Yungay, en el cual 47,000 personas murieron.

      Es de desear que estas tragedias, como la del estadio, no se repitan y que la naturaleza nos de frutos y no palizas.
      Saludos.

  121. Manolo

    En la novela de Bryce Echenique “La vida exagerada de Martin Romana”, el personaje, un peruano profesor en Francia, cuenta como lo primero que la gente le preguntaba al enterarse que era peruano era sobre la tragedia del Estadio Nacional

  122. roxana

    yo no sabia acerca de esta tragedia ya que naci muchos años despues para ser exactos 1995… justo hoy k veia el partido de peru y uruguay dond quisieron linchar al arbitro, mi prima conto k su profesor le dijo de lo k años atras paso en el estadio nacional, si k fue una gran tragedia k nunca se vuelva a repetir.

  123. MIRKO

    Yo tenia 6 años en esa epoca vivía en la cdra 1 de carhuaz (espalda del actual metro de alfonso ugarte y venezuela)…quedé impresionado ya que muy cerca a mi casa en el jirón chavín casi todas las casas de la cuadra tuvieron velorios por la tragedia del estadio nacional……

  124. Janelle

    Como puedo saber la lista de policias muertos en tal tragedia, ya que mi abuelo era policia y se encontraba en ese momento…

  125. Diego Mamani

    No sé si han visto este vídeo de British Pathé con imágenes que seguramente corresponden al día siguiente de la tragedia del estadio:
    https://www.youtube.com/watch?v=4edkJ5bDCx8

  126. Carlos Castro Maya

    Felicitaciones Diego por el hallazgo. Las imágenes están nítidas y corresponden a horas después de la tragedia.

  127. Milagros

    HOy escuchando Radio Capital, supe de esta tragedia y de verdad leyendo todo lo que han escrito se me hacia un nudo en garganta, cuanta violencia, espero que no se vuelva arrepetir, y también decia que el oficial era joven, disculpe pero no hay justificacion porque debio tener un mejor juicio.

  128. Patrick

    Feliz Cumpleaños Gregorio Huaroto, un año más compartiendo recuerdos, que Dios te bendiga y a tu familia.

  129. Anthony Dean

    Yo era del barrio del “Negro Bomba”, su nombre era Victor Vásquez y no German Cuenca Arrouo como dice el artículo , vivíamos en la cuadra 3 del Jirón Pedro Ruiz en Breña, cuadra 19 de Varela.era la calle que dividía Breña de Pueblo Libre.

  130. Michelly Huaman

    Hola mi nombre es Michelly Huamán, agradezco la información valiosa respecto a la tragedia del 64. mi padre perdió la vida aquel día, yo contaba con un año de edad, sin embargo lo añoro.

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  1. By 50 años después de la tragedia en el Estadio Nacional: este es el video que nunca viste de ese día | El Útero de Marita 23 abril, 2014 at 6:11 pm

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