(ARKI(ARKIV: A la mela.)V, la playa y tú).



 


 


Este escandaloso suceso aconteció en el Sudamericano que se jugó en Lima en 1953. Además quedó registrada como la primera gran bronca que se vivió en el "nuevo" Estadio Nacional.
Fue la noche del primero de abril, cuando el seleccionado de Uruguay enfrentó al representativo de Chile.

En el elenco oriental jugaba un hábil y dribleador delantero llamado Javier Ambrois. Todo hubiera caminado a la perfección, si es que Ambrois no se hubiera caracterizado, además de sus virtudes, por una tendencia a enfrentarse constantemente con gestos obscenos con los aficionados. Que creció desde el día que Uruguay ganó a Perú por 5-3 y nos quitó la chance de pelear por el título. En ese partido, Ambrois nos clavó cuatro (sí, cuatro) goles y cada celebración era un insulto del público. Que Ambrois, con toda frescura contestaba con gestos y poses que cada más eran más ofensivos y soeces.
 

Hasta que llegó la noche negra. En el cotejo contra Chile los uruguayos ganaban por 2-0. Las conquistas de Campero y Roque le habían dado un margen de ventaja inalcanzable. Cuando faltaban sólo cuatro minutos para que acabara el encuentro, se ordenó el cambio de Ambrois. Otra vez los gritos y rechifla.
 

Cuando Ambrois iba camino al túnel recibió una gran silbatina. En tono desafiante y de revancha se tomó los genitales con ambas manos por encima de la pantaloneta y comenzó a dirigirse a las tribunas. Pero lo que colmó la paciencia de los aficionados, especialmente los de la tribuna sur, y es que en un exceso de malcriadez Ambrois, se bajó la pantaloneta y mostró descaradamente sus partes íntimas. Al ver que algunos hinchas intentaban superar la malla olímpica, bajó rápidamente las escaleras para refugiarse en el camarín.
 

¡Lo que sucedió luego fue algo increíble y descomunal! La gente entró a la cancha con ganas de borrar esa afrenta de Ambrois. Fueron cientos de aficionados los que burlaron la protección policial. Uno de los enfrentamientos más duros fue en el que se trabó el zaguero Víctor Correa, un jugador alto y fuerte. Lo rodearon por lo menos diez iracundos hinchas. Entonces se le apreció a Correa en toda su dimensión de peleador porque con sus puños y pies fue derribando a cada uno de sus rivales. A uno de ellos le metió un señor puñetazo que lo hizo volar por los aires. Al final, luego de cerca 20 minutos de gresca, la policía recién pudo apaciguar los ánimos para ir evacuando uno a uno a los jugadores orientales hacia los vestuarios.
 

Todos terminaron lleno de moretones, heridas sangrantes e hinchazones. Habían dado y recibido en gran forma. El partido tuvo que ser suspendido a los 41'. Conforme iban llegando al camarín los jugadores con sus "condecoraciones de la gresca", se encontraban con un sonriente y bien bañado Javier Ambrois, que los recepcionaba cachacientamente con esta frase: " ¿Y ustedes, en qué guerra han estado...?".

Total, quien generó la mayúscula bronca no recibió ni un golpe. Y sus compañeros regresaron a su tierra con el ingrato recuerdo de haber sido partícipes de una bronca que ellos no "incendiaron".

 

 


Fue un escándalo. El "robo" más grande que ha sufrido una selección peruana. Lo perpetró un árbitro llamado Chechelev.

Sucedió en 1969 en el partido de ida entre Perú y Bolivia por la clasificación del mundial de México 70. El estadio "Hernán Siles" fue escenario de ese triste pasaje. La FIFA había designado a un tal Chechelev, un árbitro europeo nacionalizado venezolano, para que dirigiera el cotejo.

Los bolivianos sacaron ventaja en el marcador. Su hábil conductor, Ramiro Blacutt, había manejado a su equipo para impulsar a sus compañeros y batir en dos oportunidades la valla de Rubiños.
El equipo peruano comenzó a presionar y Roberto Challe puso el marcador 2-1. En el complemento, Didí dio indicaciones precisas de atacar por las puntas, por donde Gallardo y Baylón hacían serias brechas en la zaga boliviana. Hasta que Gallardo de un violento zurdazo desde fuera del área batió nuevamente el arco local. Era el ansiado 2-2.

 


Grande fue la sorpresa de todos, cuando con el mayor desparpajo y trasgrediendo la reglamentación, Chechelev anuló la legítima conquista. La reacción de nuestros jugadores fue inmediata. Rodearon al juez, Perico León y Cubillas lloraban de ira e impotencia. En el tumulto Challe le metió un cabezazo a Chechelev, que cerró los ojos con el impacto. Cuando los abrió, vio al frente a Mifflin y creyendo que él había sido el agresor lo expulsó. Las acciones se paralizaron por más de 10 minutos, entre reclamos y exigencias de los peruanos.
Nada hizo variar su vergonzoso atropello. Y al final Bolivia nos ganó con uno de los escándalos más grandes que se registra en la historia de nuestro fútbol.


Años después, según fuentes locales, un grupo de periodistas encontraron a Chechelev en Colombia. Se había dejado crecer bigote. Y le preguntaron, cuánto le había pagado Bolivia por cometer ese "robo". Y con el más grande descaro contestó: "No fueron los bolivianos los que pagaron, fueron los dirigentes argentinos los que corrieron con el gasto. La cifra es un secreto...".

 


 

 




 

Este episodio parece sacado de una película de suspenso y terror. Sucedió en 1969 cuando las selecciones de Brasil y Perú ya estaban clasificadas para el mundial de México 70. El fracaso en el mundial de Inglaterra había dolido mucho a la torcida brasileña. Durante la preparación previa del Scratch, cuando Joao Saldanha estaba al frente como entrenador, un grupo de sicólogos de la CBF determinaron que la mayoría de jugadores brasileños sufrían de "un síndrome de cobardía". En la escala de valores morales, sólo se salvaban Gerson y Rivelino como hombres de temple. El resto, como Jairzinho, Clodoaldo y Tostao, no tenían temperamento y fuerza espiritual para encarar un mundial. El acuerdo fue someter a todos los jugadores a un sostenido tratamiento de fortalecimiento moral y mental, acompañados por un riguroso entrenamiento de artes marciales.

 


 

Ese mismo trabajo de aprendizaje ya lo habían hecho en 1959. Lo adoptaron, porque luego del "Maracanazo" de 1950, los jugadores brasileños se habían quedado traumados. Cada vez que veían un equipo uruguayo, temblaban.
Para librarse de ese estigma, el doctor Gosling preparó un trabajo de reforzamiento espiritual. Y en el Sudamericano de Buenos Aires se propusieron "ganar a Uruguay y también pegarles". Y eso sucedió en la cancha del Monumental de River Plate. Esa noche, Bellini fue quien prendió la mecha al golpear a Pepe Sasía al final del encuentro. Mientras que Didí y Pelé golpearon a William Martínez. En una pelea descomunal, lograron su objetivo de borrar la "sombra negra" del Maracaná.
 

Ahora querían saber si el tratamiento había dado resultado con esta versión "Scratch 70". Contactaron con nuestros dirigentes y pactaron un partido amistoso en el Maracaná. Cuando en un determinado momento Gerson faulea al caudillo peruano La Torre, se arma una gresca en la que intervienen todos los jugadores brasileños, apoyados por algunos "fotógrafos disfrazados", que parecían no ser otra cosa que expertos en jutjitsu y karate.
 

La cosa fue más trágica de lo que ellos esperaban. A Gerson "se le pasó la pata" y le quebró la pierna a "Chito" La Torre. El árbitro no tuvo más remedio que expulsarlo. Luego vino lo increíble. Después que Gerson llegó al camarín, lo obligaron a regresar a la cancha y agredir por atrás a Casaretto. El campo se convirtió en un gigantesco ring. Los jugadores cruzaban puñetes, patadas y cabezazos. De pronto se veía a Chumpitaz trenzándose con uno o dos rivales. Más allá estaban Challe y Cruzado en plena mechadera con otros tres. Mientras que Casaretto luego de meterle un cabezazo a Clodoaldo, tuvo que correr porque lo perseguían tres brasileños para masacrarlo. La pelea fue descomunal. Por supuesto que la policía no intervenía, si parecía que los "especialistas" tenían que calificar a los jugadores para determinar su grado de agresividad.
 

¿El partido? Perú perdió por 3-2, luego de haber estado ganando 2-0. Al poco tiempo, los dirigentes brasileños en un "complejo de culpa" invitaron a "Chito" La Torre a un viaje de placer a Rio de Janeiro, que nunca fue aceptado por el zaguero nacional.

Antes de viajar al mundial de México, Didí confió a la prensa peruana algo aterrador: "Fíjese, esa trompeadera fue preparada por la gente de la CBF. La verdad es que nos utilizaron de "conejillos de Indias". Pero también la lección me ha servido a mí, por eso todos mis jugadores ahora son expertos en karate para defenderse...".

Antes del partido mundialista entre Perú y Brasil, que se jugó en Guadalajara, se afirmó que Didí no puso a La Torre en el equipo para evitar que "Chito" buscara el desquite frente a Gerson.

 




Este capítulo no lo vivimos en nuestro medio, tuvo tanta marcada trascendencia e impactó en el ámbito sudamericano, que está incluida en la historia de la Copa Libertadores. Sucedió en la versión jugada en el año 1971 en Buenos Aires. Fue la noche en que Sporting Cristal y Boca Juniors convirtieron la "Bombonera" en una verdadera "Caldera del diablo". Fue tal la gresca que el árbitro tuvo que optar por expulsar a nueve elementos de los argentinos y diez de los peruanos. Cuando los ánimos medianamente se calmaron, la policía hizo desfilar a todos los jugadores y los remitió a la seleccional policial de Villa Devoto, donde quedaron detenidos. Mientras que el zaguero peruano, Fernando Mellán era derivado a un hospital por sufrir una fuerte conmoción cerebral.
 

Esta historia tuvo ese inicio. Boca Juniors hacía tiempo que luchaba por reconquistar un plano de jerarquía en el fútbol sudamericano. Pero en esa temporada, al principio tuvo algunos resultados adversos. El primer partido jugado en Lima, fue un duro golpe para los platenses. En un magnífico partido, Cristal le ganó por 2-0. Esa noche el chiclayano Orbegoso abrió el marcador y luego el zaguero Roel marcó un sonoro autogol en la valla de Sánchez. Este resultado puso a los xeneises en la "cuerda floja".

 

El partido de vuelta fue titánicamente luchado. La "Bombonera" deliraba porque el gringo Coch abrió la cuenta en la valla de Rubiños. Luego, Angel Clemente Rojas puso el 2-0. Eran 45 mil vociferantes fanáticos que ya cantaban victoria en las tribunas.
Vino la reacción de Cristal, bien impulsada por Mifflin y el trabajo incansable del "flaco" Quesada. En el segundo tiempo, la defensa boquense comenzó a tambalear y Orbegoso bajó el marcador. Lo desesperante para los argentinos llegó cuando Gonzáles Pajuelo puso el 2-2. La lucha se hizo mucho más intensa, con muchos rozamientos y golpes.
 

Faltaban pocos minutos para que acabara el encuentro. Solamente 4' para que el árbitro uruguayo Otero tocara el pitazo final. Hasta que en una jugada en el área del Cristal, Fernando Mellán al trabar fuertemente a Angel Clemente Rojas, cayó al gramado. Fue entonces que "Pocho" Pinanetti le aplicó un alevoso puntapié a la cabeza. Mellán perdió el conocimiento y quedó tirado en el suelo. Los argentinos trataron de seguir golpeándolo y en ese momento saltaron Orlando La Torre y Eloy Campos en su defensa.
 

A partir de ese momento todo fue una locura. En cada sector habían entre dos o tres hombres de cada bando "fajándose" de lo lindo. Mientras que La Torre se trenzaba con varios rivales en el área, para evitar que llegaran a golpear más a Mellán. Por otro lado, Gonzáles Pajuelo hacía alarde de su capacidad de trompeador, golpeando a Novello y Cabrera.
Lo más espectacular lo protagonizó Gallardo, cuando con un impresionante tacle le clavó los toperoles en la mejilla de Suñé. Luego vimos la huida de Gallardo y la frenética persecución de Suñé, sin lograr alcanzarlo.

Los únicos que no participaron en la gresca fueron los goleros Sánchez y Rubiños. Lo mismo que Julio Meléndez, quien luego diría: ¡Qué tal compromiso para mí, no podía agredir a nadie, porque mis compañeros son de Boca y mis compatriotas de Cristal. Por eso me limité a separar a quien podía".


Todos, a excepción de Mellán, fueron a parar a Villa Devoto, la comisaría de Buenos Aires. Al día siguiente los argentinos se cubrían los rostros con toallas, utilizándolas como capuchas, para no mostrar los estragos de la pelea. Por su parte, Mellán tuvo que pasar dos días en un nosocomio bonaerense para ser tratado de la fuerte conmoción cerebral.

El siguiente partido de Boca con la "U" estaba programado para el 25. La CSF lo dio por perdido para los argentinos al haber vetado la "Bombonera".

 


Freddy Ternero y Germán Leguía son acorralados por la gente del Municipal en el arco Sur del Estadio Nacional.


En 1982, Deportivo Municipal clasificó por primera vez para participar en la Copa Libertadores. Muni nunca había ido a la Copa. A veces tercero, otras oportunidades, entreverado a mitad de la tabla, pero siempre eran otros los que iban a la Copa.

Hasta que alguien pensó que Municipal era el equipo de la Academia, el que enseñó mucho de fútbol en los pies de Tito Drago, de Carichio Guzmán, del mismo Vides Mosquera y así le jugó a su clásico rival Universitario en tres partidos de definición (los "U"-Muni eran llamados por entonces como "clásicos modernos").
 

En el primer partido, "Muni" que en esas épocas tenía entre sus figuras a Eduardo Malásquez, la "Bruja" Bonelli y el "Diablo" Drago venció 2 a 1. Cuatro días después, la "U" le ganó a la Academia por la mínima diferencia con gol de penal de Carlos Carbonell. Ambas escuadras tuvieron que enfrentarse en un partido adicional, en el que Municipal ganó por 3 a 2, tras una inolvidable noche de un chiquillo de 19 años llamado Franco Navarro. El primer gol frentazo de Franco Navarro entrando a la carrera y el último el mismo Franco que bate a Jaime aprovechando una indecisión de la defensa crema que se veía desgastada después de los amistosos contra la Católica, Boca y River.
 

Los tres partidos fueron transmitidos en directo por el canal 7 y fueron jugados con extrema fuerza.

En el tercer y definitivo encuentro los jugadores de ambos equipos se trenzaron en una pelea descomunal, donde la terminó el juez Labó, expulsando al edil Costa y al crema Echeandía. Los jugadores repitieron los hechos ocurridos la semana anterior, donde también se habían ido a las manos justo en el mismo arco pegado a tribuna Sur. Los de Municipal arremetieron contra Echeandía hasta dentro del arco, donde también se encontraban Germán Leguía y Escobar que entraron a defender (foto superior) y al final, lo censurable, la bronca, la falta de respeto al público, aunque claro, no faltaron a los les pareció que esto le dio sabor al partido.

 

Video (Real Player)

Perú inició su gira preparatoria para el Campeonato Mundial de España 82 con una categórica derrota frente al Cosmos de Nueva York, ante una asistencia de 37,408 personas, que se mantenieron estoicamente en el estadio de los Giants a pesar de la temperatura de dos grados centígrados.
 

El combinado peruano que vistió de rojo en lugar de su tradicional casaquilla blanca con franja roja, dejó mucho que desear en cuanto a calidad se refiere, probado por el abultado marcador de cinco goles a uno.

Se congeló el fútbol arte. El equipo peruano dirigido por el brasileño Elba de Padua Lima "Tim" pareció no acostumbrarse a la cancha de material sintético (tartán) donde se jugó el partido y fracasó en todas sus líneas. Nunca pudo contrarrestar la avalancha de ataques que generó Julio César Romero, quien fue el mejor jugador de la cancha y autor de dos hermosos goles. Los otros tres fueron convertidos por Chinaglia (dos) y Steve Moyers.

La falta de Oblitas y Barbadillo se hizo notoria. Perú al no tener los espacios necesarios que crean los punteros, no pudo concretar. Sólo mediante disparo perfecto, desde los 12 pasos por intermedio de Julio César Uribe, tras una barrida del brasileño Carlos Alberto dentro del área.
 

Por el lado peruano, este partido hubiera podido tranquilamente quedar en el olvido si no fuera por un incidente que ocurrió al llegar el minuto 44 del primer tiempo. Una antigua rencilla suscitada en 1978 y a miles de kilómetros de distancia entre Johan Neeskens y César Cueto, fue una de las causas que desembocaron en la tremenda gresca general que se desató en ese instante. Los problemas se veían venir desde los primeros minutos de juego cuando el holandés buscaba insistentemente a Cueto para mortificarlo con palabras que desde luego no entendía el peruano, pero que por su gesto y agresividad, no eran precisamente de amistad.

 

Neeskens no había olvidado que en junio de 1978, cuando jugaban las selecciones de Perú y Holanda en Rosario, el último partido de la etapa clasificatoria (octavos de final) del campeonato mundial de Argentina, César Cueto en una fuerte intervención, lo dejó fuera de acción y tuvo que ser auxiliado por el golero Ramón Quiroga, quien en brazos lo retiró cargado del terreno de juego para que recibiera atención médica, ya que el árbitro no se había percatado y seguía la jugada en otro sector del campo.


Conforme transcurrían los minutos en el estadio Giants, pese al intenso frío, los ánimos se fueron caldeando hasta llegar al minuto 44 del primer tiempo, cuando una fuerte intervención de Duarte dejó en el suelo a Romero. Cuando el zaguero peruano lo trató de ayudar a levantarse se encontró con Borja que rechazó su intención, Duarte reaccionó con un golpe apareciendo Neeskens que llegaba a la carrera, para devolverle la gracia a Duarte con un golpe de puño en la cara.
 


 

Esto provocó la reacción de Velásquez y Cueto que se fueron contra el holandés y se desató una gresca general. El más "agasajado" fue justamente Neskeens que recibió hasta tres golpes consecutivos de Cueto, Malásquez y del arquero Quiroga respectivamente. El árbitro determinó la expulsión de Neeskens y Jeff Durgan del Cosmos y Roberto Rojas de Perú en lo que terminó siendo un partido de escándalo. Aunque el técnico interino del Cosmos, Julio Mazzei, contento con el resultado declaró que: "Las peleas son parte de nuestro juego bonito".
 

 

El primer clásico jugado después de la participación de la selección peruana en el mundial de España 82. Se vendieron más de 38 mil entradas y una recaudación récord que cabía aplaudir. El público había dicho sí al triplete organizado ese frío domingo en el Estadio Nacional (los partidos preliminares no habían dejado goles: Chalaco − Sport Boys 0-0 y Municipal − Sporting Cristal 0-0) y la gente aguarda con ansiedad el partido de fondo. Uno sabe que en todos los clásicos el fútbol es lo de menos, pero a nadie se le ocurrió la clase de "espectáculo" que se iba a presenciar.
 

Corrían 38 minutos de la etapa inicial, cuando en una rápida maniobra, el puntero aliancista Raúl Mejía se llevó la pelota para bajarla con el pecho y sacar un derechazo inatajable para el arquero crema Jaime. Delirio "grone" y apertura del marcador. Cuatro minutos después se cobró un foul en favor de la "U" muy cerca del área. Fue foul sin discusión y no cabía tiro indirecto. Pero el árbitro Postigo sí lo consideró así. El problema fue que el árbitro no tuvo una indicación clara y rotunda que marcara jugada a definir en un pase. Nadie la vio y si alguien lo hizo apenas se enteraron unos pocos.
 

Al frente de la pelota se puso el lateral izquierdo de la "U", Raúl "Osito" García quien no se dio cuenta de la indicación y remató directo a puerta marcando el empate. El árbitro anuló el gol indicando que fue tiro indirecto, y a partir de ese momento pasó de todo. Los jugadores cremas Freddy Ternero y Luis "cachorro" Gardella se llevaron por delante al árbitro y lo sacaron de la cancha. El aliancista Javier Lovera era muy amigo de Luis Gardella porque habían jugado en el Boys. El merengue, como jugando, le jaló el pelo a Lovera y él se la devolvió. Jaime, el arquero de la "U" vio eso y se olvidó que ellos se jugaban así, salió corriendo desde su área y le metió un tacle en la espalda a Lovera.
 

Ahí reventó el todos contra todos. Las corridas, los puñetazos, los puntapiés a la parte del cuerpo que a usted se le ocurra elegir (como dijo El Veco en su cabina de Radio El Sol: "No traje mis guantes, ¡qué macana! ¡Qué exhibición de cross, upercut, swing y patadas de karate! Este clásico me recuerda mis tiempos de comentarista de boxeo para seguir la campaña de Monzón en Europa. Ustedes me lo recordaron como si estuviera a la vera de un ring, ¡mía no es la culpa!"). El más fuerte encontrón se produjo entre Jaime Duarte y quien curiosamente sería su sucesor en la selección nacional: Leo Rojas.
 

Toda la bronca fue presenciada por los miembros de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) que se encontraban en Lima para una conferencia y fueron los invitados de honor del clásico. Los cuatro expulsados fueron Lovera y Ravello por Alianza; Jaime y Leo Rojas por Universitario. ¿Si se quedó corto el árbitro? Si tiene que echar a todos los que pegaron, hubiéramos regresado a casa 45 minutos antes de lo previsto.
 


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