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(ARKI(ARKIV: ¡A la mela!)V, la playa y tú). |
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Hasta que llegó la noche negra. En el cotejo contra Chile los uruguayos ganaban por 2-0. Las conquistas de Campero y Roque le habían dado un margen de ventaja inalcanzable. Cuando faltaban sólo cuatro minutos para que acabara el encuentro, se ordenó el cambio de Ambrois. Otra vez los gritos y rechifla.
¡Lo que sucedió luego fue algo increíble y descomunal! La gente entró a la cancha con ganas de borrar esa afrenta de Ambrois. Fueron cientos de aficionados los que burlaron la protección policial. Uno de los enfrentamientos más duros fue en el que se trabó el zaguero Víctor Correa, un jugador alto y fuerte. Lo rodearon por lo menos diez iracundos hinchas. Entonces se le apreció a Correa en toda su dimensión de peleador porque con sus puños y pies fue derribando a cada uno de sus rivales. A uno de ellos le metió un señor puñetazo que lo hizo volar por los aires. Al final, luego de cerca 20 minutos de gresca, la policía recién pudo apaciguar los ánimos para ir evacuando uno a uno a los jugadores orientales hacia los vestuarios. Todos terminaron lleno de moretones, heridas sangrantes e hinchazones. Habían dado y recibido en gran forma. El partido tuvo que ser suspendido a los 41'. Conforme iban llegando al camarín los jugadores con sus "condecoraciones de la gresca", se encontraban con un sonriente y bien bañado Javier Ambrois, que los recepcionaba cachacientamente con esta frase: " ¿Y ustedes, en qué guerra han estado...?". Total, quien generó la mayúscula bronca no recibió ni un golpe. Y sus compañeros regresaron a su tierra con el ingrato recuerdo de haber sido partícipes de una bronca que ellos no "incendiaron".
Grande fue la sorpresa de
todos, cuando con el mayor desparpajo y trasgrediendo la reglamentación,
Chechelev anuló la legítima conquista. La reacción de nuestros jugadores
fue inmediata. Rodearon al juez, Perico León y Cubillas lloraban de ira e
impotencia. En el tumulto Challe le metió un
Este episodio parece sacado de una película de suspenso y terror. Sucedió
en 1969 cuando las selecciones de Brasil y Perú ya estaban clasificadas
para el mundial de México 70. El fracaso en el mundial de Inglaterra había
dolido mucho a la torcida brasileña. Durante la preparación previa del
Scratch, cuando Joao Saldanha estaba al frente como entrenador, un grupo
de sicólogos de la CBF determinaron que la mayoría de jugadores brasileños
sufrían de "un síndrome de cobardía". En la escala de valores morales,
sólo se salvaban Gerson y Rivelino como hombres de temple. El resto, como
Jairzinho, Clodoaldo y Tostao, no tenían temperamento y fuerza espiritual
para encarar un mundial. El acuerdo fue someter a todos los jugadores a un
sostenido tratamiento de fortalecimiento moral y mental, acompañados por
un riguroso entrenamiento de artes marciales.
Ese mismo trabajo de
aprendizaje ya lo habían hecho en 1959. Lo adoptaron, porque luego del
"Maracanazo" de 1950, los jugadores brasileños se habían quedado
traumados. Cada vez que veían un equipo uruguayo, temblaban.
La cosa fue más trágica de lo
que ellos esperaban. A Gerson "se le pasó la pata" y le quebró la pierna a
"Chito" La Torre. El árbitro no tuvo más remedio que expulsarlo. Luego
vino lo increíble. Después que Gerson llegó al camarín, lo obligaron a
regresar a la cancha y agredir por atrás a Casaretto. El campo se
convirtió en un gigantesco ring. Los jugadores cruzaban puñetes, patadas y
cabezazos. De pronto se veía a Chumpitaz trenzándose con uno o dos
rivales. Más allá estaban Challe y Cruzado en plena mechadera con otros
tres. Mientras que Casaretto luego de meterle un cabezazo a Clodoaldo,
tuvo que correr porque lo perseguían tres brasileños para masacrarlo. La
pelea fue descomunal. Por supuesto que la policía no intervenía, si
parecía que los "especialistas" tenían que calificar a los jugadores para
determinar su grado de agresividad. ¿El partido? Perú perdió por tres goles a dos, luego de haber estado ganando 2-0. Al poco tiempo, los dirigentes brasileños en un "complejo de culpa" invitaron a "Chito" La Torre a un viaje de placer a Rio de Janeiro, que nunca fue aceptado por el zaguero nacional. Antes de viajar al mundial de México, Didí confió a la prensa peruana algo aterrador: "Fíjese, esa trompeadera fue preparada por la gente de la CBF. La verdad es que nos utilizaron de "conejillos de Indias". Pero también la lección me ha servido a mí, por eso todos mis jugadores ahora son expertos en karate para defenderse...".
Antes del partido mundialista
entre Perú y Brasil, que se jugó en Guadalajara, se afirmó que Didí no
puso a La Torre en el equipo para evitar que "Chito" buscara el desquite
frente a Gerson.
Esta historia tuvo ese inicio. Boca Juniors hacía tiempo que luchaba por reconquistar un plano de jerarquía en el fútbol sudamericano. Pero en esa temporada, al principio tuvo algunos resultados adversos. El primer partido jugado en Lima, fue un duro golpe para los platenses. En un magnífico partido, Cristal le ganó por 2-0. Esa noche el chiclayano Orbegoso abrió el marcador y luego el zaguero Roel marcó un sonoro autogol en la valla de Sánchez. Este resultado puso a los xeneises en la "cuerda floja".
Faltaban pocos minutos para que acabara el encuentro. Solamente 4' para que el árbitro uruguayo Otero tocara el pitazo final. Hasta que en una jugada en el área del Cristal, Fernando Mellán al trabar fuertemente a Angel Clemente Rojas, cayó al gramado. Fue entonces que "Pocho" Pinanetti le aplicó un alevoso puntapié a la cabeza. Mellán perdió el conocimiento y quedó tirado en el suelo. Los argentinos trataron de seguir golpeándolo y en ese momento saltaron Orlando La Torre y Eloy Campos en su defensa.
Los únicos que no participaron en la
gresca fueron los goleros Sánchez y Rubiños. Lo mismo que Julio Meléndez, quien
luego diría: ¡Qué tal compromiso para mí, no podía agredir a nadie, porque mis
compañeros son de Boca y mis compatriotas de Cristal. Por eso me limité a
separar a quien podía".
Hasta que alguien pensó que
Municipal era el equipo de la Academia, el que enseñó mucho de fútbol en los
pies de Tito Drago, de Carichio Guzmán, del mismo Vides Mosquera y así le jugó a
su clásico rival Universitario en tres partidos de definición (los "U"-Muni eran
llamados por entonces como "clásicos modernos"). En el primer partido, "Muni" que en esas épocas tenía entre sus figuras a Eduardo Malásquez, la "Bruja" Bonelli y el "Diablo" Drago venció 2 a 1. Cuatro días después, la "U" le ganó a la Academia por la mínima diferencia con gol de penal de Carlos Carbonell. Ambas escuadras tuvieron que enfrentarse en un partido adicional, en el que Municipal ganó por 3 a 2, tras una inolvidable noche de un chiquillo de 19 años llamado Franco Navarro. El primer gol frentazo de Franco Navarro entrando a la carrera y el último el mismo Franco que bate a Jaime aprovechando una indecisión de la defensa crema que se veía desgastada después de los amistosos contra la Católica, Boca y River.
En el tercer y definitivo encuentro
los jugadores de ambos equipos se trenzaron en una pelea descomunal, donde la
terminó el juez Labó, expulsando al edil Costa y al crema Echeandía. Los
jugadores repitieron los hechos ocurridos la semana anterior, donde también se
habían ido a las manos justo en el mismo arco pegado a tribuna Sur. Los de
Municipal arremetieron contra Echeandía hasta dentro del arco, donde también se
encontraban Germán Leguía y Escobar que entraron a defender (foto superior) y al
final, lo censurable, la bronca, la falta de respeto al público, aunque claro,
no faltaron a los les pareció que esto le dio sabor al partido.
Video
(Real Player)
Se congeló el fútbol arte. El equipo peruano dirigido por el brasileño Elba de Padua Lima "Tim" pareció no acostumbrarse a la cancha de material sintético (tartán) donde se jugó el partido y fracasó en todas sus líneas. Nunca pudo contrarrestar la avalancha de ataques que generó Julio César Romero, quien fue el mejor jugador de la cancha y autor de dos hermosos goles. Los otros tres fueron convertidos por Chinaglia (dos) y Steve Moyers.
La falta de Oblitas y Barbadillo se
hizo notoria. Perú al no tener los espacios necesarios que crean los punteros,
no pudo concretar. Sólo mediante disparo perfecto, desde los 12 pasos por
intermedio de Julio César Uribe, tras una barrida del brasileño
Carlos Alberto
dentro del área.
Por el lado peruano, este partido
hubiera podido tranquilamente quedar en el olvido si no fuera por un incidente
que ocurrió al llegar el minuto 44 del primer tiempo. Una antigua rencilla suscitada en
1978 y a miles de kilómetros de distancia entre Johan Neeskens y César Cueto,
fue una de las causas que desembocaron en la tremenda gresca general que se
desató en ese instante. Los problemas se veían venir
desde los primeros minutos de juego cuando el holandés buscaba insistentemente a
Cueto para mortificarlo con palabras que desde luego no entendía el peruano,
pero que por su gesto y agresividad, no eran precisamente de amistad.
Neeskens no había olvidado que en
junio de 1978, cuando jugaban las selecciones de Perú y Holanda en Rosario, el
último partido de la etapa clasificatoria (octavos de final) del campeonato
mundial de Argentina, César Cueto en una fuerte intervención, lo dejó fuera de
acción y tuvo que ser auxiliado por el golero Ramón Quiroga, quien en brazos lo
retiró cargado del terreno de juego para que recibiera atención médica, ya que
el árbitro no se había percatado y seguía la jugada en otro sector del campo.
Esto provocó la reacción de Velásquez y Cueto que se fueron contra el holandés y se desató una gresca general. El más "agasajado" fue justamente Neskeens que recibió hasta tres golpes consecutivos de Cueto, Malásquez y del arquero Quiroga respectivamente. El árbitro determinó la expulsión de Neeskens y Jeff Durgan del Cosmos y Roberto Rojas de Perú en lo que terminó siendo un partido de escándalo. Aunque el técnico interino del Cosmos, Julio Mazzei, contento con el resultado declaró que: "Las peleas son parte de nuestro juego bonito".
El primer clásico jugado después de la participación de la selección peruana en el mundial de España 82. Se vendieron más de 38 mil entradas y una recaudación récord que cabía aplaudir. El público había dicho sí al triplete organizado ese frío domingo en el Estadio Nacional (los partidos preliminares no habían dejado goles: Chalaco 0− Sport Boys 0 y Municipal 0− Sporting Cristal 0) y la gente aguarda con ansiedad el partido de fondo. Uno sabe que en todos los clásicos el fútbol es lo de menos, pero a nadie se le ocurrió la clase de "espectáculo" que se iba a presenciar.
Corrían 38 minutos de la etapa
inicial, cuando en una rápida maniobra, el puntero aliancista Raúl Mejía se llevó la pelota para bajarla con el pecho y sacar un
derechazo inatajable para el arquero crema Jaime. Delirio "grone" y apertura del
marcador. Cuatro minutos después se
cobró un foul en favor de la "U" muy cerca del área. Fue foul sin discusión y no
cabía tiro indirecto. Pero el árbitro Postigo sí lo consideró así. El problema
fue que el árbitro no tuvo una indicación clara y rotunda que marcara jugada a
definir en un pase. Nadie la vio y si alguien lo hizo apenas se enteraron unos
pocos.
Ahí reventó el todos contra todos. Las corridas, los puñetazos, los puntapiés a la parte del cuerpo que a usted se le ocurra elegir (como dijo El Veco en su cabina de Radio El Sol: "No traje mis guantes, ¡qué macana! ¡Qué exhibición de cross, upercut, swing y patadas de karate! Este clásico me recuerda mis tiempos de comentarista de boxeo para seguir la campaña de Monzón en Europa. Ustedes me lo recordaron como si estuviera a la vera de un ring, ¡mía no es la culpa!"). El más fuerte encontrón se produjo entre Jaime Duarte y quien curiosamente sería su sucesor en la selección nacional: Leo Rojas.
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