(¡Pasa piola!)
 


LAS LUCHAS ESPECTACULARES ENTRE LOS COLOSOS DEL RING!
 


Creíamos que a las mujeres no les gustaba el catchascán. Terrible equivocación. Ellas gozaban del espectáculo tanto o más que los niños. Alentaban al luchador Luis Fabián, el retador, dueño de un Centro de Estética Femenina e ídolo de las mujeres gordas. Gritaban, se tiraban de los cabellos, chillaban, vociferaban, decían lisuras, se comían las uñas, sudaban como unas condenadas y hasta llevan carteles para hinchar por su ídolo.

Al final, trepaban al ring, se lanzaban aullantes sobre sus musculosos y panzones héroes, los besaban, les pedían autógrafos, posaban prendidas de sus cuellos de toro... para los fotógrafos y hasta se sentían orgullosas que sus hijos hicieran lo mismo.

El catchascán en Lima era un carnaval grotesco de un sano deporte que todavía suele llamarse "lucha grecorromana". Los catchascanistas convirtieron esta "Lucha" en un circo donde todas las marrullerías criollas de la "trompeadera" formaban parte de un show destinado a enardecer a un público dispuesto y alienado, como decían los sociólogos.

Era una válvula de escape. Y pensábamos que a las mujeres les gustaba estas muestras de aparatosidad en los golpes que se propinaban los contrincantes, porque era una buena forma de hacer trizas con sus nervios, acabar con la tensión que vivían en sus hogares o personificar en el rostro agrio de "Vikingo" a la suegra o al suegro (o quien sabe al marido) a quien secretamente se detestaba y hasta se odiaba.

El catchascán había vuelto a la popularidad vía la televisión con el programa "Los colosos del Catch"* y la intensa propaganda de los diarios. Las fanfarronadas de Mon Cheríe (Hugo Muñoz de Baratta), el actor del Canal 5, los desplantes del Hippie y su mujer, las bravuconadas odiosas del Vikingo, pusieron las dosis necesarias para que el catch suba al escenario de las expectativas, como un gran caramelo que endulza a chicos y grandes.




 

Avisos promocionales de catchascán en el Canal 2 (1970).


El Coliseo Amauta, los jueves por la noche, era un maremágnum de gritos, de frases destempladas, de protestas, de risas, y de espectáculo largamente estudiado para impresionar. Si bien es cierto que gran parte se montaba sobre la farsa y el truco, (daba risa leer un periódico denunciando a esas alturas al catch como farsa), como decían las veteranas, tanto va el cántaro al agua que los contendientes se rompían la cara, se mordían las orejas, se quebraban las costillas, o se sacaban pellejos de la cabeza. Cualquier cosa podía ocurrir en el ring. Y seguramente los chillidos femeninos contribuían a que los rivales se golpearan con más dureza, para quedar bien con la hinchada.

Fuimos a ver una noche las cosas del catch. El espectáculo comenzó con la voz del relator Poli Martín: "¡Señoras y señores: tenga ustedes muuuy bueeeenas nooooches... Vamos a dar comienzo a nuestras esperadas peleas de esta noche, en la que tenemos como principal encuentro al terribleeee Rooooky Viiiiiiikingooo contra Huuuracaaaán, destacados luchadores, ambos competidores de fuerza. Damos comienzo a la noche con el enfrentamiento de La Araña contra el sanguinario Greeeecooo!".

La muchedumbre rugía, silbaba, piteaba. Llevaban horas esperando ver a sus favoritos. Se consumían toneladas de maní tostado, algodón dulce, Twist, panes con tal o cual cosa, butifarras, sandwiches...

La pelea se iniciaba y todo el mundo decía lo que tenía que hacer su favorito. Dale Greco! Patéale Araña! Mátalo Greco! Pero ellos sabían cuándo golpearse, cuándo hacerse los adoloridos, y cuando acabar.

Preguntamos a una señora: ¿Por qué vino al catchascán?
− Uy, a mis hijos les encanta. Y como a mi marido no le gusta, tengo que traerlos yo. Me divierto un horror. Salgo de la rutina.
Su esposo, ¿no se opone?
El dice que todo esto es pura comedia. A él le gusta el fútbol.

Poli Martín seguía con su relato: "El estilo sanguinario de Araña y el estilo técnico de El Greco. Dos rivales que se dan a fondo. ¡No valen los golpes bajos Araña! ¡Cuuuuuiiiidado Araña! ¡Con cuiiiidado!".

El árbitro saca su tarjeta amarilla como en el Estadio y señala falta cometida por El Greco, quien arrinconó a La Araña contra las cuerdas, le aplicó una llave al brazo haciendo presión al cuello y pisándole la pierna para evitar que se mueva.
Pero en un pequeño descuido la Araña se libera y como ágil gato lanza fuera del ring al Greco...

"La Araña aplica castigo fuera del ring y no está permitido... Araña: más respeto por el público, regresa al ring, regresa al ring...".
Las caras de cada luchador muestran terrible dolor cuando un golpe es aplicado pero es muy obvia la teatralización de cada golpe, especialmente en las primeras peleas...

"Yo ya sé que nada de esto es cierto, pero me divierto muchísimo, cuando se pelean fuera del ring los he visto de cerca y a veces hacen como que se patean pero es pura mentira". Nos comentaba un chiquillo de 10 años que no faltaba una semana al Amauta a ver a su ídolo el "Huracán" quien "sí pelea de veras", "es el más valiente de todos, ese también recibe golpes duros pero es muy bueno para evitarlos".


La rudeza del catchascán venía desde tiempos inmemoriales, algunos piensan que es una derivación de la lucha grecorromana y sus antecedentes están ahí; aunque se acerca esta teoría mucho a la realidad, la verdad es que 428 años antes de Cristo había un estilo de pelea especial que se denominaba Pancracio, en ella eran permitidos golpes que en otros pugilatos se consideraban desleales. Utilizaban el pugilato acompañado del forcejeo, de zancadillas, puntapiés y golpes bajos. El primer campeón fue Lygdamis de Siracusa quien hacía leyenda porque nunca se le vio sudar ni tener sed, de ahí se dedujo que Lygdamis no tenía médula ósea.

En las ruinas de Benu-Hassan, Egipto, existen frescos de tamaño natural en donde se observa claramente un encuentro de dos hombres haciendo una torsión ya familiar para los aficionados del catch.

El catchascán o wrestling es en realidad una combinación de lucha greco-romana, lucha libre y japonesa y la sal de cada luchador. Posiblemente su verdadero éxito es la extravagancia de cada participante, quien adorna su "match" con indumentaria colorida o disfraces cómicos.

Mientras observábamos a una pareja de niños imitar una pelea, en tanto se alistaban los siguientes contrincantes del Amauta, las luces se apagaron para dar paso a un jinete vestido de Quijote, montando en su caballo y un Sancho en su burro. De pronto pensamos que se estaba culturizando al espectador, pero no, la siguiente pelea era entre Don Quijote y El Cínico, y como la novela lo cuenta, Don Quijote no podía prescindir de su fiel escudero.


 

"Y ahora, niños, señoras, señores, a quien esperaban ustedes: Don Quiiijoooteee". La algarabía aumentaba, el ruido que estallaba de pronto resultaba ensordecedor pero contagiante de alegría. Vemos al hombre de la Mancha desmontar de su corcel, a Sancho solícito ayudarle a subir al ring para enfrentarse a un hombre muchísimo más pesado que el escuálido héroe cervantino. Y también como en la novela, el caballero de la triste figura es derrotado sin demora y Sancho tiene que salir en defensa del honor de su amo. El escudero empieza una enconada lucha y el Quijote anima sin cesar pero siempre desde afuera del ring.

 


Al igual que en la antigüedad lo único que no está permitido son los codazos, rodillazos, patadas y golpes de puños, eso causa amonestación, pero desgraciadamente nuestros modernos catchascanistas han perdido noción del respeto y a veces se les va algún codazo o patada, especialmente las famosas "patadas voladoras" que dejan sin aire al contrincante.


Bueno, casi todo se permite: desde arrancar los cabellos, golpear por la espalda, puntapatear el rostro, hacer saltar los dientes, morder las orejas, retorcer los dedos, jalar los cachetes y los labios, tijeras con las piernas, llaves en brazos o cuello, patadas voladoras, tomas, contratomas, estrangulamientos, zafaduras, volantines, tornillos, tacles, planchadas, cosquillas, y toda genialidad que los contrincantes tengan en el momento de defenderse o de atacar.

Pero las peleas ya no eran como las de antes, antiguamente tenían una duración de 20 ó 30 minutos, hasta que uno de ellos colocaba de espaldas al piso al otro y lo mantenía así unos 30" y era declarado ganador: ¡Ah! pero solamente las dos espaldas, si no, no era válido. Hoy en día el tiempo es mucho menor y cada día son más teatralizadas.
 


"No, no es cierto que sean mentiras los golpes, si nos damos duro y duele mucho. Claro que sabemos caer y sabemos esquivar así como sabemos acomodarnos para que la llave que se nos aplique duela menos". Nos corregía un poco severo Atila, cuando todo demolido abandonaba el ring después de una fiera pelea con el Zorro. Este encuentro nos hacía recordar lo que habíamos leído sobre el catch, en donde se relataba que siempre había habido arriba del ring uno que era galante, que respetaba las reglas y otro que era traidor y agresivo, o sea la consabida apología del bueno y el malo.

Se dice que cuando el malo atacaba en forma traidora (dañando los órganos sexuales por ejemplo), el público enardecido rechiflaba en contra de éste y el villano agredía a todo mundo retándolos a luchar con él. Atila se pasaba gran parte del tiempo haciendo eso, y golpeando incluso al referí que le amonestaba por castigar en las cuerdas, cosa absolutamente prohibida en el catch.


 

Cuando usted asistía al Amauta o encendía su televisor para ver este espectáculo que cobraba tanta popularidad, no se imaginaba que había países donde los policías tenían que saber catch para no tener que recurrir a armas u objetos contundentes, a lo mejor tampoco sabía que en Estados Unidos fue donde se oficializó este espectáculo (wrestling) allá por 1907 con el primer campeonato nacional.

Solamente esperábamos nuestro encuentro de fondo: Huracán contra Rocky Vikingo, la pelea más seria de todas, donde no se notaba si era actuación o no, donde el réferi prefería hacer como que perdía el lente de contacto, cuando incluso la patada voladora de Huracán si sonaba cuando golpeaba el pecho de Rocky Vikingo.

¡Zas! sonaba el metal o las tablas rotas de una de las sillas, el Huracán caía pesadamente y los niños y los señores que lo admiraban le daban ánimos. El Huracán se levantaba y golpeaba a Rocky, hasta que en un momento dado se abrazaban y agotados dejaban las sillas a un lado para regresar al ring, hasta la siguiente semana.



* A comienzos de los 60 el espacio "Los demonios del ring" había popularizado a luchadores como el Cínico o el Ciclón, pero en los 70 el entusiasmo, aunque pasajero, fue mayor. En 1972, el pugilismo cómico apareció en la televisión con el nombre de "Los colosos del catch". Hugo Muñoz de Baratta "Moncherí" fue humillado por El Vikingo en un encuentro de catchascán donde asistieron reinas de belleza y estrellas del canal 5. El luchador jaló las mechas del cómico y éste se lanzó furioso contra él. La escaramuza fue grabada y dio pie a Alberto Terry para idear un duelo entre el ídolo de "El Tornillo" y el as del catchascán. Con un Amauta a tope, la transmisión por diferido en diciembre de 1972 fue uno de los programas mas sintonizados del canal 5. Unas semanas más tarde, le tocó sufrir la paliza a Melcochita. El movimiento culturista de la prensa de izquierda luchó por censurarlo, y así, el canal 5 tuvo que suspender "Los colosos del catch" en 1973 por presión del gobierno militar.

Fuentes y fotos: Revista Gente, "En vivo y en directo: Una historia de la televisión peruana" de Fernando Vivas; Arkivperu.

El Baúl

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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