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La "Tomba"

En el Perú, el término "tombo" ha sido utilizado (al menos, desde que dicen que tengo uso de razón) para mencionar a los policías. Si uno, cuando muchacho, estaba tomándose una cervecita en plena vía pública con los amigotes y escuchaba: "guarda, que ahí viene el tombo", de inmediato escondía, tras el muro donde estábamos sentados, la botella de "litro cien" que poco y mal alcanzaba para saciar la sed de adolescentes jugadores de fulbito en las pistas menos transitadas del barrio.

Los "tombos", antes de la unificación de las tres fuerzas, eran los miembros de la Guardia Civil y estaban encargados, entre otras funciones, del control de tránsito (a los de la Guardia Republicana les decían "repuchos" y a los de la Policías de Investigaciones los denominaban "rayas" o "tiras"). Pues bien, crecimos viendo cómo la policía era algo así como la fuerza de choque del gobierno de turno que era lanzada a enfrentarse contra manifestantes e invasores de tierras, todos ellos muy en boga allá a fines de los setenta. Otro mal recuerdo que nos dejó la adolescencia fue el verificar cómo las infracciones de tránsito —que a esa edad, imprudencias de por medio, son más frecuentes— eran fácilmente superadas luego de entregar al policía que nos detuvo una "colaboración".


Sobre coimas
(acá en el Perú se dice al hecho de coimear, "romper la mano", y creo recordar que en México se dice "mordida") hay muchísimas crónicas que escribir, desde el policía descarado que te pide dinero hasta el que "se deja caer" contándote lo complicado que será pagar la papeleta, el elevado costo de la multa, la congestión inmensa de gente con la que tendrás que enfrentare y la posibilidad atroz de ver tu carro detenido y enviado al depósito donde "puede pasar cualquier cosa". Otros, más creativos, te hablan de las necesidades de la comisaría (desde papel para hacer los atestados hasta pintura para las paredes), de la parrillada institucional pro fondos para cualquier dignísimo propósito, de la crisis nacional y de la abuela enferma. He visto a los que no aceptan monedas (muy dignos te dicen que eso "no alcanza ni para la gaseosita..."), a los que te dan su libreta para que pongas en ella los billetes ("no hagas luz hermano...."), a los que quieren treparse al auto ("como quien va a la comisaría y más allá arreglamos...") y a los desesperados que aceptan "especies" (dícese de cigarrillos, fruta o cualquier otra mercancía que el intervenido lleve en el coche). Sé de unos amigos que venían de un largo viaje fumando una hierba que no era exactamente tabaco y cuando fueron intervenidos, el honesto defensor del orden público, la moral y las buenas costumbres, les ahorró el calabozo "requisándoles" la marihuana para su consumo.

Hay de todo. Sin embargo, debido al gran desprestigio en el que cayeron a través de los años los efectivos policiales encargados del tránsito, y luego de una experiencia bastante alentadora con unas cuantas policías femeninas, el Alto Comando de la Policía Nacional (¿Se han preguntado alguna vez por qué los uniformados son tan proclives a los títulos rimbombantes y grandilocuentes?) tomó la histórica decisión de preparar a varios cientos de mujeres para ejercer las funciones de policía de tránsito.

 

Sólo hace unas semanas, en ceremonia pública, se graduó la primera promoción de policías femeninas cuya función es dirigir el dantesco tránsito limeño. Ante las cámaras de televisión, decenas de muchachas uniformadas salieron a las calles y se dirigieron a sus "puestos de combate" en todas las esquinas convulsionas de esta caótica Ciudad de los Reyes de Lima donde reemplazaron a los caballeros que hasta ese momento tenían el monopolio del control de las pistas.

Y la vida cambió. Con las mujeres policías se hizo más difícil "arreglar" con un sencillo. Ni siquiera con "algo más". Un taxista me decía que hace una semana se pasó la línea de cebra (el crucero peatonal) "por un poquito no más", lo que constituye una costumbre arraigada entre los automovilistas nacionales a quienes les importa poco si los infelices que andamos a pie podemos a no atravesar la avenida (alguna vez escribiré sobre mis negras experiencias como peatón), y de repente, sintió un silbato agudo que le perforaba el oído, "señor, ¿acaso no se da cuenta que está pisando el cruce peatonal?", "pero oficial, si ha sido un poquitito", "¡qué poco ni nada, ha cometido una infracción!". Y acto seguido le entregó su papeleta. "¿Pero, no arregló?", pregunté yo, "no... señor, no me atreví, las tombas son bien verdes...". Y tuvo que darse su paseíto por el banco.


Otro taxista me contaba, solo esta mañana, que se pasó una luz roja y fue detenido por una uniformada que le hizo ver la infracción cometida y, sin mediar más palabras, le entregó la papeleta correspondiente. Él, viejo chofer de taxi acostumbrado a tratar con los tradicionales policías, pensó que podía llegar a una solución menos engorrosa y le dio un billete de veinte soles (seis dólares) "para que se compre una gaseosita..." (fue previsor, porque si hubiera sido un policía hombre le hubiera ofrecido cinco soles). En el acto, la mujer policía le dijo: "lo estaba interviniendo por una infracción, ahora usted acaba de cometer un delito, acompáñeme a la comisaría...". Y antes que pudiera decir nada estaba junto a la policía frente al Comandante del lugar. "¿Y dice usted que la quiso sobornar?". "Sí señor, le entrego los veinte soles junto con el parte correspondiente...". "Muy bien, dijo el oficial, vuelva a la calle a cumplir con su trabajo, desde este momento es un asunto de la delegación policial...". La mujer se fue y acto seguido el Comisario, medio molesto, recriminó al taxista, "ya ven, ustedes pedían que pusieran mujeres, ahora friéguense y paguen sus papeletas...". "Si, Jefe, entiendo, pero cómo podemos arreglar". Bueno, para hacerla corta, el oficial se quedó con los veinte soles de la denuncia y recibió treinta más del taxista, rompió la papeleta y despidió al infractor con la cantaleta de "ya ven, ustedes pedían mujeres, ahora soporten a la tombas...".


© José Luis Mejía
(Corresponsal de ARKIV).
José Luis es escritor de artículos de opinión y poemas.



 

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