EL
BAÚL
#
5: Floro
peruano.
Jerga, modismos y lisuras
de la televisión peruana.
O sea,
manya qué paja este programa, ¡alucina!
Quién hubiera imaginado
hace un par de años que uno de los comerciales más simpáticos e ingeniosos
de la pantalla sería protagonizado por doña Martha Hildebrandt, summa
cum laude en el arte de tragarse sapos –y bacalaos- de la política
fujimorista y hoy felizmente más dedicada a la divulgación cultural. La
doctora, quien nunca tuvo un pelo de candelejona, sorprendió al respetable
diciéndole que muchos términos de su jerga, jerigonza o jeringa más
preciada ya eran académicos... cosa que jamás le preocupó a los animadores,
actores y escritores de nuestra manoseada televisión peruana que justo por
estos días acaba de cumplir 44 años (sonaría a madurez, pero el santo la
agarra justo en plena regresión a la fase anal, si nos guiamos por sus
contenidos) la cual viene consagrándola desde "Bar Cristal", su
primera ficción que, como el nombre lo indica, transcurría en un bar donde
en medio del culto al fermento de cebada se iban pergeñando romances y
valses con todo el estilacho del yo la quería patita/ era la gila más
buenamoza del callejón con libretos de Freddy el Rezongón (Abraham
Rubel Friedman) creador de "Loquibambia" y "Escuelita Nocturna"
(*). Casi simultáneamente, los primeros en soltarse el moño –o la lengua-
fueron los programas cómicos más por fuerza de la chispa y gracia de los
comediantes que de los libretos
en sí. Como para confirmarlo, la última expresión popular del 2002 pá
la yénti
–nieta del clásico lo que le gusta a la gente- es prácticamente
propiedad intelectual de César Ritter, estrella de "Mil Oficios". ¿Esta
frase fue escrita por el autor Gigio Aranda o fue improvisación del actor?
Desconozco mayormente... o quizás ambos dos. ¿Pero acaso importa?
CHARITO NO HABLA EN INGLÉS
El doblaje nos salvó de entender los numerosisimos fucking que
inundan las películas estadounidenses, así que tuvimos que inspirarnos en
Latinoamérica para construir nuestra neo-replana actual. Quizá el
transplante más exitoso resultó la jerga mexicana. Luego de que el terreno
fuera abonado por muchas telenovelas, fue sólo hasta la aparición de "El Chavo del Ocho" a partir de 1975 que varios modismos charros empezaron
a calar. Debo pertenecer a la primera generación de niños "educados" por
Roberto Gómez Bolaños, y hasta donde me alcanza la memoria, la palabra
chamba pegó entre nosotros recién a partir de esa serie, una de las
más grandes creaciones en la historia de la TV universal. En cambio no
pegaron hacerte la vida de cuadritos (atormentar), hacer el oso
(avergonzar), la hueva (ocio), órale ni espérate tantito,
pero a veces sí escucho en ciertos círculos intelectualoides –con certeza,
fascinados por cintas como "Amores Perros" y "Y Tu Mamá También"-
términos como pinche guey y uno que otro chingón o
chingadera, palabra que calculo tiene unas 500 acepciones en México
dependiendo de cómo se diga, en qué tono y a quién. Respecto a Venezuela,
gracias a Dios el cónchale vale, y mi pana de millares de
telenovelas venezolanas no calaron entre nosotros. El único venezolanismo
(¿se dice así?) que viene usándose de hace buen tiempo es el chévere,
en desmedro del argentinismo bacán, palabra que según la muchachada
(no del Karamanduka, sino de Teatriz) ya sólo es usada por los mayores de
30. Los argentinismos tampoco lograron acollerarse al habla popular, ya
que el vós es casi un idioma en sí mismo. Y valga la ocasión para
comentar que en mi pubertad tuve un ligero susto cuando escuché en una
telenovela argentina decirle a la linda Andrea Del Boca a un tipo "me
cachaste", que traducido al gaucho es un inocente "me ampayaste". Y bueno...
De los colombianos poco hay que anotar, tan educados que jamás abandonan
el usted aún con sus amigos más íntimos, y de los chilenos es casi
imposible incorporar nada por dos razones: casi no vemos su televisión ni
su cine –bastante interesante, dicho sea de paso- y de sus dos palabras
estandarte, cabro (muchacho) y ¿cachay? (algo así como ¿ves?)
acá una es lisura y la otra suena como eso.
SAPOS, CULEBRAS Y
ESPIRALES
Cuando
en los cómics un personaje decía "malas palabras" (léase lisuras) en el
globito aparecían bichos y espirales o remolinos entre signos de
admiración que graficaban el exabrupto, y podría apostar que fue Augusto
Ferrando el primero que soltó un carajo en la pantalla chica. Yo no lo
descubrí, pero sí lo vi. Lo recuerdo durante una tarde de los años 70, en
pleno velasquismo, y fue a raíz de algún triunfo de la selección peruana
de fútbol (sí, en ese tiempo solían ganar). El eufórico Ferrando no se
aguantó, y al final de su perorata dijo algo así como "¡... y estoy tan
emocionado que ahorita digo carajo!". El público rompió en aplausos, y
Carbajal,
Tribilín y hasta la Gringa
Inga le hicieron el eco, esta última con un carrajo
dicho
con tal ternura que nadie en su sano juicio calificaría de grosero. Por
moda o pura casualidad, al poco tiempo el primer actor Luis Alvarez
estrenó una especie de poema-canción
hablada al insoportable estilo del
entonces famoso Jorge Lavat
llamada "Viva el Perú Carajo" compuesta en
homenaje a la Revolución, y a
partir de entonces la palabra de marras se volvió patriótica, tanto que ya
no escandaliza a nadie y se permite su inclusión al final de cualquier
arenga patriótica. Como para confirmar su carácter inofensivo, hoy hasta
existe una peña musical que se llama así.
Luego de un largo paréntesis, recién a mediados de los 80 volvimos a
escuchar algunas palabrotas en "Gamboa", herencia del lisuriento cine
peruano, reapareciendo en una que otra miniserie donde hubieran bandidos y
policías y también alguna telenovela como "Tribus de la Calle", cuyo
guión a lo mucho tendría diez malas palabras en 161 capítulos, pero
ciertos actores se encargaron de aportar su "espontaneidad" bastantes más
veces (era sobre barras bravas, en fin...) En cuanto a los animadores, el
desmadre de la TV de los 90’s nos trajo de las miasmas a Laura Bozzo,
quien se propuso ruborizar a los delincuentes más avezados de Lurigancho
-sus futuros colegas- gracias a su verbo florido pródigo en ajos y loas a
Montesinos en casi igual proporción. Para terminar con la historia carajil,
en nuestros días de vez en cuando los Hildebrandt (César y Martha), Beto
Ortiz o Magaly Medina se permiten una palabra disonante en sus alocuciones.
Pero francamente nunca caerán tan bajo como el cardenal Cipriani y su
gorilesca definición de los derechos humanos como una cojudez. A
persignarse y jalar el excusado.
O SEA, CHACARIAAA
Uno de los más conspicuos divulgadores de la jerigonza nice es sin
duda Rafo León a través de su China Tudela y el difunto Pepe Del Salto. El
o sea adquirió carta de ciudadanía gracias a él, convirtiéndose en
palabra de punta, término ancla de toda una forma de hablar pródiga en
modismos ¿ya? Alucina, qué loco, mostro, regio, tú juras, no te
pases, me llega, ya no ya: todo sonó cool y fresh
después de él, y, cómo te explico, la televisión de ficción la
asumió, o sea, normal a partir de 1985 con la telenovela "Carmín",
por boca de un grupo de encantadoras chicas –hoy respetables actrices-
cuyos ecos se escuchan hasta hoy en cuanta telenovela se desarrolle en
esos ambientes y también en los parlamentos de todas las modelos de
cualquier programa concurso. Esta forma de hablar es tan, tan típica que
está cerca de convertirse en un idiolecto (que, ojo, no es lo mismo que un
dialecto idiota)
Para ilustrar, recordemos las
instrucciones para que una chica regia diga con propiedad en dónde vive:
1)
Relajar la mandíbula inferior dejando los labios entrabiertos.
2) Balancear un poquito la cabeza. No tanto como esos perritos de los
taxis, pero casi.
3) Poner ojos bovinos post-noche de tronchos escuchando a Joaquín Sabina,
o bien ocultarlos tras lentes oscuros Gucci.
4) Ante la pregunta: ¿dónde vives? Se responde "en Chacariaaá", alargando
la última a y comiéndose la ll en ese inconsciente afán limeño por
eliminar todo vestigio del quechua. También se puede responder "La
Molinaaá", siempre que esa última a vaya bajando de intensidad sonora y
poniéndose un poco nasal. "San Isidro" en cambio no permite esta
pronunciación, y la China lamenta afirmar que Miraflores ya decayó en el
ranking de los vips.
Hablando de indians go home huelga decir que el huácala –una
mezcla de huaco con agg- nació en esta clase social, cuyos sumos
sacerdotes son, según me cuenta un amigo entendido en pituquerías, nada
menos que los surfs. Si la palabra pega en el mundo surf, prenderá "o sea,
en todas partes". Miren pues: los hieráticos surferitos, algunos de los
cuales son incapaces de mantener un diálogo mayor de cuatro monosílabos,
también colaboran enriqueciendo el habla popular. O sea, maldito.
EMPUJÁNDONOS PALABRAS
Que el Perú es un país hambriento no cabe duda, y su hambre debe
traducirse en la cantidad de alimentos que son parte del lenguaje
cotidiano. Para muestra, unos bocaditos:
No te hagas paltas: lema nacional que abarca desde hacerse el loco
ante cualquier salvajada o despellejar al prójimo sin remordimientos,
hasta la sana costumbre de no dejarse vencer por el existencialismo. La
ausencia o el exceso de paltas es sin duda una de las características de
la peruanidad.
Te tengo camote: cariño por alguien a quien no tenemos obligación
de querer (nadie le tiene camote a su mamá, por ejemplo) Suponemos que se
inspira en la dulzura del tubérculo y su amable color anaranjado (¿)
Le metió la yuca: término con reminiscencias fálicas que no
necesita mayores explicaciones, consagrada por el prófugo ex presidente
protegido por el Japón.
Qué zanahoria eres: Lógica derivación de “sano”. Además, ¿existirá
algo más sano que una zanahoria?
Hasta las caiguas: arrugadas, desabridas y verdes, las pobres
caiguas simbolizan el último estadío de la desgracia. En verdad, sólo son
comestibles cuando están rellenas.
Esto es papaya: fácil, sencillo. Quien lo inventó no se tomó el
trabajo de pelar bien una papaya. Es dificilísimo.
Qué piña: el porqué esta fruta representa la mala suerte es un
misterio. Mucho más porque se supone que tiene corona.
Ganarse los frejoles: muchísimo más popular que ganarse el pan.
Eso sí, con el menor sudor posible.
Qué lechero: refleja, por qué no, una ansiedad edípica. O de cariño
por la vaca, para los no freudianos.
Finalmente la papa, engloba el término "alimento" en general. Su
procaz acepción como genital femenino ya está en desuso, lo cual demuestra
que la comida siempre gana.
Estos comestibles, unidos a los universales fresco como una lechuga
y me importa un pepino demuestran el gusto peruano por usar un
lenguaje bien taipá.
CHAMULLO FOR EXPORT
Los
obedientes y siempre más papistas broadcasters (¿?) nacionales,
advierten que el uso de la jerga atenta contra la comercialización de las
telenovelas en el exterior. Me pregunto entonces por qué escuché tanta
jerga sudamericana durante toda mi vida, pues según los criterios peruanos
se supone que eso jamás debió ser exportado. Para demostrar la falacia, el
ejemplo es "Patacláun": éxito también en Colombia y otros países
latinos, repleto no sólo de jerga, sino de chistes privados (private
jokes como dicen los cultos) que desternillan de risa a cualquier ser
humano de este planeta. Es cierto que las primeras veces no se entiende,
pero a la tercera o cuarta cualquiera lo pesca y la palabreja se vuelve
parte de la gracia. Nada evidencia tanto el complejo de inferioridad de
algunos como la idea de que nuestra jerga no es graciosa ni entendible
fuera de las fronteras. Como siempre, todo radica en el criterio, pues no
se trata de abusar ni centrar el chiste en lugares o términos que solo los
locales conocen -o "la cáctan"- pero tampoco de creer que nuestro
manya vale menos que un a poco. Intuyo que la tan cara
globalización nos traerá cada día un mayor número de palabras venidas del
inglés, el latín de nuestra época: chatear, méil, cídí, escáner, diskét,
resetear, y un largo etcétera, prestas a ser castellanizadas por los
españoles, cuyo desparpajo es tal que traducen William como Guillermo
Shakespeare. Ya quisiera ver si un inglés pone en un libro Michael
De Cervantes.
Para terminar, una penosa noticia. Cuando apareció el ya fue,
muchos celebramos que el idioma por fin lograba expresar una serie de
complicados conceptos con tan solo dos palabras. Podía aplicarse a la moda
(esa camisa ya fue) a los sentimientos (esa/e pata ya fue) a la política
(el Chino ya fue) a la filosofía (ese rollo ya fue) y en fin, a cuanta
cosa se quisiera dar de baja en nuestro veloz mundo de
zapping mental. Pues bien, según los últimos reportes de los
especialistas, el ya fue... ya fue. Esperemos la próxima, choche.
- Eduardo Adrianzén Herrán (Corresponsal
de ARKIV). Eduardo es escritor y dramaturgo teatral. Es autor de la telenovela "Qué
buena raza".
(*)
Datos sacados de “En Vivo y en Directo: una historia de la televisión peruana”
de Fernando Vivas Sabroso, Universidad de Lima, 2001
El Baúl
ARKIV